Habermas y el consenso para la paz

JAIROaLARCO

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Ha muerto Jürgen Habermas. Y con él desaparece uno de los últimos grandes intelectuales europeos que todavía creían que la democracia podía sostenerse sobre algo tan frágil —y tan exigente— como la discusión pública. No sobre la fuerza. No sobre la propaganda. No sobre la pura eficacia tecnocrática. Sobre la palabra.

Cecilio Nieto Casanovas

La racionalidad comunicativa es la capacidad humana de alcanzar el entendimiento mutuo y el consenso a través del lenguaje y la argumentación, en lugar de utilizar la fuerza o la manipulación. Apelando a la capacidad humana de la razón, el filósofo alemán desarrolla su propuesta de los consensos. Viviendo en sociedad, desde luego que es mejor vivir en armonía que en discordia y, para ello, qué mejor que lograr acuerdos.

Jürgen Habermas, en su Teoría de la acción comunicativa, muestra el camino para el entendimiento y acuerdos entre las personas. Criterio que, en la actualidad, lejos está de ser una realidad cuando lo que impera es la irracionalidad humana, la perversión en la palabra, la ley del más fuerte. Pero, ¿qué se requiere para una efectiva acción comunicativa?

Indudablemente se requiere no solo claridad en lo que se dice sino, también, de racionalidad y de confianza en la palabra. Criterios ausentes en un mundo sumido en la ignorancia, valores egocentristas e intereses económicos, en donde el tener se impone sobre la calidad humana.

Es decir, tener criterio en la argumentación. Por lo que, para que la comunicación sea exitosa, Habermas señala que se requiere cumplir con cuatro pretensiones de validez: inteligibilidad, es decir, que lo dicho sea entendible; verdad, que el contenido proposicional sea cierto con relación con el mundo objetivo; veracidad, que el hablante sea honesto sobre sus intenciones y rectitud normativa, que la expresión sea adecuada según las normas y valores compartidos. Requerimientos que no todas las personas poseen, mucho menos los políticos que desvirtúan el entendimiento y la razón.

De modo que ¿qué fortalezas humanas y herramientas cognitivas deberán poseer aquellos que pretendan el éxito en la comunicación, sin duda que la honestidad y la capacidad racional que postula la razón objetiva que presupone un orden racional inherente al cosmos o a la realidad, independiente del sujeto, que permite discernir fines y valores éticos.

El valor de las palabras se encuentra cuando existe correspondencia entre estas y las acciones y son el reflejo del compromiso que se adquiere con uno mismo y con los demás. Pero en la realidad fáctica, en el escenario mundial, pretender establecer un diálogo racional, en los actuales momentos, resulta ser un absurdo, que se evidencia con el comportamiento de políticos y gobernantes, para los cuales el ejercicio del poder nada tiene que ver con la moralidad sino con la conservación de sus intereses.

La brutal agresión por parte de Estados Unidos e Israel a la República Islámica de Irán, es un ejemplo claro de cómo se maneja la política internacional en el mundo. En el que no hay diálogo que valga, pues aquel que se considera que tener la razón es aquel que ajusta a sus intereses sus argumentos, sin contemplar a los demás, de ahí que lograr un consenso a través de la argumentación racional es imposible.

Sin embargo, la propuesta de Habermas de que el entendimiento mutuo y la legitimidad social se alcancen mediante el diálogo racional libre de coerción, dentro de los conflictos internacionales, adquiere valor significativo si lo que se pretende es la paz, aunque resulte una propuesta equivocada para los que mantienen el criterio que no hay mejor disuasivo para los conflictos, si se pretende lograr determinados objetivos, que fortalecer el poder militar de las armas, “somatar la mesa con el poder de la fuerza”.

Tal criterio deja entrever la imposibilidad de lograr consensos cuando los intereses de las naciones responden a los de las grandes corporaciones económicas, las cuales reducen todo a pérdidas y ganancias. Decía el escritor romano del siglo IV de nuestra era, Flavio Vegecio Renato, si quieres la paz, prepárate para la guerra y ese es el procedimiento que gobernantes como Trump y Netanyahu están empleando, poniendo entredicho la paz y la seguridad en el mundo y la capacidad racional de los seres humanos para resolver conflictos, a partir del diálogo y los consensos.

Qué les queda a los demás países que son amenazados por poderosas naciones que ostentan armamento nuclear. Podrán buscar el diálogo, lograr consensos a través de la argumentación racional. No, a cualquier país del mundo lo que le queda es armarse y prepararse para la guerra, si no quieren sucumbir y ser sometidas.

Pero, en qué consiste la acción comunicativa: en primera instancia, se basa en la racionalidad argumentativa, donde el éxito de la comunicación no depende del poder o la manipulación, sino de la fuerza de los argumentos y el reconocimiento de la validez compartida. El problema aquí lo constituyen los antecedentes, es decir, que para entablar un diálogo productivo se debe contar con una argumentación racional.

Pero, quiénes pueden argumentar racionalmente, pues lo común es instrumentalizar el diálogo a partir proposiciones elocuentes y manipuladoras. El diálogo racional no es potestad de cualquier persona, máxime si lo que impera es la racionalidad instrumental a la cual le interesa la eficiencia de los medios para alcanzar fines preestablecidos, ignorando la validez moral de dichos objetivos.

Decía Max Horkheimer: Cuanto más se debilita el concepto de razón, tanto más fácilmente queda a merced de la manipulación ideológica y de la difusión de las mentiras más descaradas y esa ha sido precisamente el interés de inescrupulosos personajes, de políticos y gobernantes.

Ante el ataque de una escuela de niñas en Irán, en el que fueron asesinadas 168 niñas, el presidente Donal Trump culpó este sábado a Irán, sin evidencia, del ataque a una escuela de niñas en el sur del país persa, donde murieron casi 180 personas en el primer día de agresiones de Washington e Israel, lo que grupos internacionales piden indagar como “un crimen de guerra”. Para el que sus valores se fundamentan en el egoísmo y la perversión, sus discursos se basan en la diatriba, en la mentira, en acusar a los otros de sus propios errores, creando con ello confusión.  

Posteriormente, The New York Times publicó el 11 de marzo del presente año que, el ataque de Estados Unidos con misiles Tomahawk contra una escuela primaria iraní se dio por un error de coordenadas del objetivo. Lo cierto es que ahora, no pueden desmentir que el proyectil fue producto de un ataque estadounidense. Y el mundo continúa impávido ante tan deleznable hecho.

Según UNICEF, 168 niñas murieron en su escuela. Tenían entre 7 y 12 años. Estaban en clase cuando su colegio fue atacado en Mina. Otros 12 niños y niñas fueron asesinados en centros educativos de diferentes puntos de Irán. Diversas fuentes y evidencias son claras que el presidente de Estados Unidos mintió al dar tales declaraciones.

Por lo que si el presidente de la primer superpotencia occidental se comporta con tal descaro, si su argumentación se basa en mentir y mentir para justificar sus criminales acciones y objetivos, cómo tener la confianza de que se podrá establecer un diálogo franco con él, para la paz, si en cualquier momento traicionará su palabra, como ha ocurrido en otros conflictos y no solo con él, sino con otros gobernantes de su país, siendo esa la política exterior estadounidense a lo largo de su historia. ¿Qué diría Habermas al respecto? Pese a ello, el diálogo es mejor que la guerra.

Erich Fromm con claridad y justa razón señala en su libro El corazón del Hombre: El hombre ordinario con poder extraordinario es el principal peligro para la humanidad, y no el malvado o el sádico. Pero, así como se necesitan armas para hacer la guerra, se necesitan las pasiones del odio, de la indignación, de la destrucción y del miedo para hacer que millones de hombres arriesguen la vida y se conviertan en asesinos. Y eso es lo que precisamente pretende lograr Donald Trump con su narcisismo, arrogancia y maldad, conseguir que la irracionalidad prevalezca sobre el buen juicio.

Habermas es el más destacado heredero de la teoría crítica, de la Escuela de Frankfurt, sus propuestas se centran en la reconstrucción de una teoría social basada en la acción comunicativa, la racionalidad discursiva y la democracia deliberativa. Todos conceptos necesarios para el establecimiento de criterios para la paz y la armonía en el mundo. Pero, ¿serán aplicables esos planteamientos en este mundo convulsionado por la guerra e intereses mezquinos?

El 14 de marzo de 2026, el mismo día que falleció Karl Marx solo que muchos años antes, Jürgen Habermas partió de este mundo, dejando un legado imborrable para el haber humano. Con su muerte, la defensa de la razón pierde a uno de sus más preclaros y excelsos exponentes. Que su legado perdure por siempre y que, algún día, la razón comunicativa sea una realidad en el establecimiento de los consensos.

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