“El Tren Amarillo”, una historia sin fin.

JAIROaLARCO

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Si el teatro es el arte más parecido a la vida, entonces también puede permitirse celebrar su sinsentido, nuestra desesperación, nuestro fracaso por ordenar el caos y por entender lo incomprensible, materia prima de las grandes emociones y pensamientos imperfectos que habitan la escena.

David Olguín

El teatro es uno de los lenguajes del arte más antiguos, es una de las expresiones artísticas más antiguas que consiste en la representación o actuación de historias frente a un público usando para estos fines el habla, gestos, mímica, la danza. Se estima que nació entre los siglos V y VI a. C., aunque en la prehistoria existieron ceremonias religiosas en las que se pudo apreciar elementos que más tarde formaron parte de lo que es la expresión teatral.

De modo que, los orígenes del teatro se remontan a primitivas ceremonias religiosas y rituales relacionados con la caza o el tiempo, a modo de súplicas para que lloviera en la estación seca. Estas ceremonias y rituales, habitualmente, se acompañaban de música y bailes. El teatro ha permanecido como una de las grandes expresiones artísticas, promoviendo el entretenimiento y la distracción, pero no solo eso, sino que actúa como herramienta de transformación, memoria y resistencia. El teatro, decía Arthur Miller, es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma.

Dentro de ese contexto, en el Teatro de Cámara, Hugo Carrillo, del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, se presentó la obra de Manuel Galich, El Tren amarillo, bajo la dirección del dramaturgo guatemalteco Guillermo Ramírez Valenzuela. Una obra que denuncia el intervencionismo estadounidense en Guatemala y las condiciones infrahumanas de los trabajadores en el campo, que no han cambiado a pesar de los años.

Con el teatro se plasman hechos que, por medio de las actuaciones de un elenco, transmiten emociones, con la finalidad no solo de entretener sino formar e informar al espectador. La mayor virtud del teatro es su inmediatez y la convivencia en tiempo real entre actores y espectadores. A diferencia del cine (que se edita), la pintura (que es estática) o la literatura (que es solitaria), el teatro es un acto vivo y efímero que crea una conexión energética única e irrepetible. De ahí que García Lorca dijera: Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo.

El intervencionismo de Estados Unidos es parte de la historia que debería enseñarse en las aulas de los centros educativos en países como Guatemala que, al igual que otros países en el mundo, han padecido no solo la invasión de sus territorios, sino el extractivismo de sus recursos naturales, de su riqueza, por empresas e intereses estadounidenses e internacionales, ya que quien desconoce su historia o la esquiva, camina a ciegas, sin rumbo a su futuro.

De ahí que basta con revisar los acontecimientos ocurridos y, con ello, el drama que han sufrido los países que, hasta la fecha, continúan padeciendo la injerencia de Estados Unidos en el mundo. Un claro ejemplo es Cuba, país que ha sufrido un brutal bloqueo económico por más de 60 años, sin que nación del mundo lo pueda impedir.

El solo hecho de que la resolución más reciente de Naciones Unidas sobre el bloqueo al país caribeño exigió, con una votación de 165 países a favor, 7 en contra y 12 abstenciones, por trigésima tercera vez el fin del embargo a Cuba, muestra la arrogancia, prepotencia e impunidad con la que actúan los gobiernos del país del norte que no está dispuesto a acatar resoluciones de tal magnitud.

Por el contrario, en respuesta a tal resolución, Donald Trump, amenaza con invadir la isla, como lo hizo al secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, como atacó unilateralmente, junto a Israel, a Irán, como lo ha hecho ese país desde tiempos inmemorables evadiendo cualquier ley o tratado internacional. Mintiendo, atemorizando, amenazando, atacando, invadiendo a los países que considere no se pliegan a sus intereses.  

Cabe recordar que, siendo el baluarte del capitalismo en el mundo occidental, Estados Unidos ha demostrado con sus acciones, que no tiene amigos, más bien tiene intereses, como lo declaró, a mediados del siglo XIX, Quincy Adams, sexto presidente de ese país.

Esa misma frase repetía insistentemente Henry Kissinger, secretario de Estado durante los mandatos de Richard Nixon y Gerald Ford, para dar a conocer al mundo cuál es y ha sido la política internacional del país del norte. Los intereses de ese país están por encima de cualquier otra nación y harán lo impensable, incluso lo que esté al margen de la ley, para que se respete lo expresado en esa frase, como hasta hoy lo han hecho, en detrimento de la convivencia pacífica en el mundo y de la humanidad.  

Tras la proclamación de la Doctrina Monroe de 1823, en el que su lema, América es para los americanos, que prohibía la intervención europea en el continente americano, solo sirvió de pretexto para que, posteriormente, America Latina se convirtiera en el patio trasero del imperio del norte, en el que solo empresas estadounidenses podrían sacar provecho, a partir del brutal extractivismo.

Dentro de ese contexto, Manuel Galich, en su obra, relata las vicisitudes de los trabajadores del campo, quienes tenían que vender su fuerza de trabajo a la empresa bananera para sobrevivir. Así como la explotación que sufrían, por parte del monopolio de transporte de banano, IRCA, filial de la United Fruit Company, que controlaba la red ferroviaria y la exportación de productos en el país. El relato, representado por los integrantes de la compañía de teatro del centro cultural Miguel Ángel Asturias, magistralmente detallan a cabalidad lo que fue la empresa bananera estadounidense en territorio guatemalteco.

Por aparte, muestra las relaciones de poder, el drama que viven muchas mujeres y hombres del campo en este país. Reafirmando, a su vez, que es el poder económico local e internacional quién realmente gobierna en Guatemala, poder que manifiestamente ejercen los presidentes de turno, que solo son y han sido la cara visible del poder.

De ahí que mientras más ignorante, más servil, más indigna sea una persona, más útil representa a los intereses de los poderosos, como fue el caso del coronel Bracamonte, en la obra teatral de Manuel Galich, personaje que representa muy bien la tragicomedia política que se ha vivido en este país.

El servilismo siempre ha estado presente y la reunión que Donald Trump realizó el 7 de marzo de 2026 con líderes de doce países latinoamericanos, en el Trump National Doral Golf Club en Florida lo confirma. La cumbre, denominada “Escudo de las Américas”,  es un claro ejemplo del sometimiento al que llegaron esos presidentes, que no solo es exclusivo de presidentes latinoamericanos sino de todos aquellos en el mundo que se sometan y se han sometido al poder del dinero.

La explotación del hombre por el hombre, concepto que el filósofo Karl Marx proclamó como parte de su crítica al capitalismo salvaje, que describe cómo los dueños de los medios de producción se enriquecen desmesuradamente, apropiándose de la plusvalía generada por el trabajo del obrero, concepto que consiste en la ganancia extra o un aumento de valor sobre el coste de producción real. Así, mientras más se explote al trabajador, mayores serán las ganancias para el dueño del medio de producción.

Por lo que al empresario, por lo general, poco le importa el bienestar de sus trabajadores, su interés se centra, exclusivamente, en obtener mayores ganancias, las que genera el trabajo del obrero, del campesinado y, en el caso del Tren Amarillo, la de los trabajadores de la empresa bananera, los que, laborando en condiciones infrahumanas, tuvieron que luchar en contra las adversidades que les representaba un trabajo extenuante y explotador, recibiendo a cambio un salario mísero, condiciones que no difieren de la situación que padecen actualmente los trabajadores en las fincas de café, caña de azúcar, palma africana por citar algunas empresas en Guatemala.

Muy emotiva fue la escena, en donde la madre del canche Menjívar, Hortensia, suplica a Joe Whip, que le perdone la vida a su hijo, que también es de él. Pero el ahora capataz de la compañía bananera, no impide que lo maten, mostrando así que, para el capitalista explotador, tienen más importancia las ganancias económicas de la empresa, que cualquier aspecto humano, inclusive, la vida de un hijo.

Con una excelente dirección, montaje y actuación, la compañía de teatro representó un hecho que Galich describió magistralmente. Acontecimiento ocurrido a mediados de los años 50 en Morales, Izabal, que derivaron sucesos causados por la codicia e intereses lucrativos de la empresa bananera United Fruit Company. 

Cabe recalcar el drama que continúan viviendo muchos trabajadores del campo en Guatemala y no solo ellos, también los campesinos en general, empleados de fábricas, obreros, en fin, asalariados de empresas, los que, para los dueños de los medios de producción, los trabajadores únicamente son el medio para enriquecerse cada día más.

La obra puesta en escena, con impecable escenografía, adaptación y representación por cada uno de los actores y actrices que participaron en ella, así como el vestuario, las luces, el sonido, no solo invita a aplaudir por su calidad en la interpretación, gusto estético, sino, particularmente, a reflexionar sobre las condiciones que han prevalecido dentro de la clase trabajadora de este país, desde hace mucho tiempo, por parte del intervencionismo estadounidense y por el empresario exportador criollo.

Pero no solo sobre eso, también sobre la calidad de gobernantes que ha tenido el país, el papel del ejército, los que simplemente han sido testaferros, ejecutores de las órdenes de poderosos intereses económicos, en contra de la clase obrera, que ha peleado por reivindicar sus derechos inalienables, que ha sufrido represión, persecución, encarcelamiento e irrespeto a sus vidas. En fin, la obra muestra las miserias del campesinado guatemalteco, su lucha permanente por reivindicar la condición a la que han sido relegados y la maldad humana…

Por todo eso, la lucha no se termina hasta que un nuevo amanecer se vislumbre para los guatemaltecos, podrán asesinar a muchos canches Menjívar, pero siempre habrá muchos más. He ahí el fondo de la obra, El Tren Amarillo y su enriquecedor e impactante mensaje, que no debería pasar inadvertido al espectador.

Viva la clase trabajadora de Guatemala y de todo los países en el mundo. Viva el Primero de mayo y sus causas y luchas justas.

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