ENDESA evidencia malnutrición en Guatemala

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por Paola Cano

La Encuesta Nacional de Desarrollo en Salud (ENDESA) 2025 muestra la doble carga de la malnutrición en Guatemala, con brechas en los hogares más pobres, población indígena/afrodescendiente, área rural y en familias con mujeres con menos acceso a la educación. La industria de la comida ultraprocesada está ganando la carrera frente a la nutrición infantil, permeando en las prácticas nutricionales. A pesar de una millonaria inversión del Estado, apenas se logró una leve reducción de la desnutrición crónica.

¿Qué es la ENDESA?

La Encuesta Nacional de Desarrollo en Salud (ENDESA) fue realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2025, con el respaldo técnico y financiero del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés). En abril de 2026, trascendieron resultados de la encuesta, y se espera que el informe completo se presente en junio de 2026.

El objetivo de la encuesta fue investigar la situación de salud y sus determinantes sociales; además, mide el avance de varios indicadores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). El trabajo de campo se realizó entre agosto a noviembre del 2025 con una muestra de 14,928 hogares, entrevistando a 13,256 mujeres entre 15 y 49 años, y evaluando a 6,088 niños y niñas. Está pendiente la publicación oficial del informe completo, por lo que esta entrega se realizó a partir de las infografías disponibles.

Uno de los aspectos que se destaca en la alimentación del lactante, es el consumo de bebidas azucaradas (57%) y comida no saludable sobre la dieta mínima (30%). Paralelo a los resultados de la encuesta, sobresale que, mientras el Estado invirtió Q. 70.5 millones, apenas se ha logrado una mínima reducción de 4.5 puntos porcentuales de desnutrición crónica en 10 años.

Recuperado en: https://www.ine.gob.gt/wp-content/uploads/2026/04/INFO-ALIMENTACION-LACTANTE.pdf

El mercado versus la salud en infantes menores de 2 años

La alimentación durante los primeros mil días de vida no es un asunto menor; es el lienzo donde se dibujan los hábitos metabólicos y nutricionales que acompañarán al ser humano el resto de su vida. Sin embargo, los datos de la ENDESA revelan que solo el 48% de los recién nacidos recibió lactancia materna durante su primera hora de vida. Esta cifra es crítica.

La evidencia científica, respaldada por publicaciones de la revista The Lancet, demuestra que el inicio temprano de la lactancia es una intervención médica natural que salva vidas, reduce la mortalidad neonatal y provee la primera “vacuna” inmunológica al lactante. Además de ser gratuita, forma el primer vínculo de apego seguro para el neurodesarrollo emocional del bebé.

En contraste, más de la mitad de los recién nacidos son expuestos a sucedáneos de la leche materna. Este es el reflejo de un sistema de salud con condiciones precarias para el puerperio (el postparto) y de una agresiva estrategia comercial de las fórmulas infantiles, cuya promoción suele ser mucho más fuerte y visible que las campañas de salud pública.

En cuanto a la alimentación complementaria, la ENDESA muestra que apenas el 30% de los infantes accede a una Dieta Mínima Aceptable, mientras la industria de los ultraprocesados con su inversión en publicidad engañosa ha logrado que el 57% de los niños consuma bebidas azucaradas y el 28% alimentos no saludables. La primera infancia está privada de alimentos vivos y naturales, pero sobrealimentada con azúcar residual, sodio y aditivos sintéticos que alteran su microbiota y su desarrollo.

Los mayores consumidores de bebidas azucaradas son, paradójicamente, los sectores más vulnerables:

  • 64% pertenece a la población en situación de mayor pobreza.
  • 58% habita en el área rural.
  • 58% pertenece a comunidades indígenas y afrodescendientes.
  • 59% son hijos de madres con nula o mínima escolaridad primaria.

La industria alimentaria ha demostrado una capacidad logística superior a la de los servicios básicos de salud y nutrición, llegando a los rincones más recónditos del país para moldear el paladar de la pobreza a base de marketing.

La eficiencia bajo la lupa: mucha inversión, escasos pasos

La ENDESA reporta 42% de desnutrición crónica infantil. Si bien es inferior al 46.5% reportado por la Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil (Niñez menor a cinco años de edad) -ENSMI- en 2015, es importante saber que, aunque ambas encuestas son aproximaciones valiosas y metodológicamente útiles, no son estrictamente comparables debido a la diferencia en sus muestras: 21,383 hogares frente a los 14,928 de la ENDESA.

Esa tímida mejora de 4.5% mencionada anteriormente, ha requerido una inversión de Q. 71.5 millones, según datos del Sistema de Información Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional de Guatemala (SIINSAN), tal como se muestra en la gráfica a continuación.

Ejecución Presupuestaria del Plan Operativo
de Seguridad Alimentaria y Nutricional anual para el periodo 2015 y 2025.
Cifras en mil millones de quetzales

Fuente: elaboración propia con información del SIINSAN.

El espejismo de las cifras y el hambre estacional

La ENDESA reportó 1% de desnutrición aguda (o desnutrición actual), con picos del 4% en los departamentos de Retalhuleu e Izabal. Se debe considerar el sesgo de estacionalidad: la ENDESA se levantó entre agosto y noviembre, meses que no coinciden con el periodo crítico del “hambre estacional” en Guatemala que son de mayo a julio. Por lo tanto, ese 1% podría ser solo la calma que precede a la tormenta, omitiendo el repunte cíclico de casos donde la carencia de alimentos se vuelve más agresiva.

Es por eso que en la encuesta se reporta que solo el 17% de los infantes evaluados tuvieron un episodio de diarrea en las dos semanas previas a la encuesta. Sin embargo, preocupa ver que solo 27% recibió el tratamiento de suero y zinc que es vital para evitar que un niño con desnutrición aguda llegue a muerte; esto apertura las alarmas para mantener la suficiencia de insumos en los servicios de salud, ya que, según la encuesta, 61% buscaron sueros de rehidratación oral en un centro o proveedor de salud.

La doble carga: el rostro de un sistema fallido

La encuesta reportó 5% de sobrepeso y obesidad infantil. Aquí es donde se manifiesta la “Doble Carga de la Malnutrición”: niños que crecen con retraso en talla – desnutrición crónica -, pero que, simultáneamente, presentan exceso de tejido adiposo por una dieta de pésima calidad.

El indicador de sobrepeso se dispara al 12% en bebés de 0 a 5 meses, un reflejo directo del abandono de la lactancia materna por fórmulas azucaradas.

Esta contradicción biológica es el resultado de un sistema que prioriza el mercado sobre el derecho a la salud. Al sustituir la alimentación natural por productos ultraprocesados desde la cuna, no solo el Estado guatemalteco falla en nutrir; además, se está programando metabólicamente a una generación para ser adultos crónicamente enfermos.

El agua: el eslabón invisible del ciclo de la desnutrición

No se puede hablar de nutrición sin hablar de salud ambiental, pues el agua contaminada es el vehículo principal de las enfermedades diarreicas agudas. Para un infante, una diarrea no es solo un malestar pasajero: es un evento catabólico que drena nutrientes, desploma las defensas y, en un cuerpo ya debilitado por la desnutrición, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Cada episodio de infección gastrointestinal erosiona el potencial de crecimiento, convirtiéndose en el combustible silencioso de la desnutrición crónica.

Aunque el 66% de la población accede a “fuentes mejoradas” (tuberías, pozos o agua embotellada), la desigualdad geográfica y social es profunda. Mientras que en las zonas urbanas el acceso llega al 73%, en el área rural cae drásticamente al 58%.

La población indígena y afrodescendiente, así como las familias cuyo jefe de hogar carece de educación formal, enfrentan el mismo techo de cristal: apenas un 59% de cobertura. El agua en Guatemala no es un derecho garantizado, es un privilegio condicionado, en parte, por la etnia, la clase y el nivel de escolaridad.

El indicador de la vergüenza: el agua que enferma

El 54% de la población nacional bebe agua contaminada con la bacteria Escherichia coli, el indicador universal de contaminación fecal. Esto significa que más de la mitad de los guatemaltecos ingieren microorganismos asociados directamente a las heces humanas o animales.

Esta tragedia sanitaria se ensaña con los más vulnerables:

  • 70% de contaminación en el área rural.
  • 64% en poblaciones indígenas y afrodescendientes.
  • 83% en los hogares en situación de pobreza extrema.

La Inseguridad Alimentaria: cuando el derecho a la vida se vuelve una quimera

Todo lo expuesto anteriormente —la lactancia materna desplazada por el mercado, las dietas infantiles deficientes y el agua con contaminación fecal— converge en un resultado final crudo y sistémico: el 44% de la población general vive en inseguridad alimentaria, y un alarmante 18% se encuentra en la escala severa. Esta última cifra indica que una de cada cinco personas se ha quedado sin alimentos o ha pasado un día entero sin comer.

Se repite en cada indicador de desarrollo: la vulnerabilidad vuelve a ensañarse con los mismos rostros de siempre:

  • 72% en la población en situación de mayor pobreza.
  • 53% en el área rural.
  • 53% en comunidades indígenas y afrodescendientes.
  • 55% en hogares con jefaturas sin educación o con primaria mínima.

Del dato estadístico a la crisis del 2026: la escasez en tiempo real

Según el último informe de la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra el Hambre (FEWS NET), entre abril y septiembre de 2026 se está viviendo una temporada de escasez precoz y severa. Regiones enteras en el Corredor Seco, Alta Verapaz y el Altiplano Occidental, se encuentran actualmente clasificadas en Crisis (Fase 3 de la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria – CIF -).

FEWS NET estima que, precisamente en el trimestre entre junio y agosto de 2026, la población en necesidad urgente de asistencia alimentaria alcanzará un pico histórico de entre 2.0 y 2.4 millones de personas.

Fuente Observador

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