Crónicas del Mundial: La chamusca para la despedida
(O cómo Inglaterra y Francia demostraron que el consuelo también puede ser divertido)
Un partido para perder la vergüenza… y ganaron los ingleses, otra vez.
En un partido que nadie quería jugar, Inglaterra y Francia se despacharon con diez goles. Diez. Como si el fútbol hubiera decidido que, ya que no había nada en juego, al menos iba a divertirse. Los ingleses ganaron 6-4 en un encuentro que tuvo más emociones que toda la fase de grupos junta.
Inglaterra se adelantó en el marcador y tocó el orgullo francés. Los ingleses se fueron arriba al descanso ganando por cuatro goles. Cuatro. La defensa francesa parecía un colador, y los delanteros ingleses, como niños en una tienda de golosinas, no sabían cuál elegir. Pero los blues regresaron de la mano de Mbappé y lograron ponerse a un gol de diferencia. Lo que permitió observar un partido movido, abierto y con jugadas vistosas, más allá de los esquemas rígidos de los partidos anteriores. Ambos equipos perdieron la vergüenza de jugar un partido que nadie quiere jugar. Y, curiosamente, fue el más entretenido del torneo.
Bellingham, Saka y la venganza de los suplentes
Bellingham, que no entró de titular, marcó el mejor gol del encuentro. Saka, que tampoco jugó contra Argentina, metió tres tantos. Kane, que no jugó, miró el partido en la banca. Esto demostró que Inglaterra tenía equipo para disputar la final, pero el entrenador se conformó con jugar el partido del consuelo. Porque, como dice el dicho, mal de Tuchel, consuelo de tontos.
La pregunta que queda flotando en el aire es: ¿por qué estos jugadores no jugaron contra Argentina? Tuchel, el estratega alemán que llegó a Inglaterra con fama de genio, decidió que lo mejor era llenar la defensa y esperar. El resultado: una derrota en contra, que pudo ser goleada a favor. Ahora, Bellingham y Saka, desde el campo de consolación, le recuerdan que el fútbol se juega con los mejores, no con los más defensivos.
Mbappé supera a Messi en el goleo (y el marketing también)
Mbappé, el delantero que se fue del Real Madrid para ganar el Mundial, superó a Messi en la tabla de goleadores. El francés llegó a los 10 goles en el torneo, convirtiéndose en el máximo artillero de la Copa del Mundo. Pero, como el fútbol es un negocio, el marketing del PSG ya está preparando la campaña para vender su camiseta en Tokio, Nueva York y Doha. Mientras tanto, Messi se queda con la gloria de llegar a la final. Porque, al final, los goles son importantes, pero los títulos son eternos. O eso dicen los que los tienen. Y Mbappé no gana títulos desde que se fue del PSG, como quién dice, es bueno ser campeón de goleo, pero es mejor ser campeón del mundo.
Saka, el hombre que no jugó contra Argentina y metió tres
Saka, que no jugó contra Argentina porque su entrenador prefirió sumar cuatro defensas más, hizo trizas a los franceses y metió tres tantos. El extremo inglés, que fue el mejor jugador del partido, demostró que Tuchel se equivocó al dejarlo en el banquillo contra Argentina. Pero bueno, para eso están los partidos de consolación: para que los suplentes demuestren que son mejores que los titulares y los entrenadores se sientan mal.
El béisbol se interpone en el fútbol (como siempre)
En pleno Mundial, los Yankees anuncian un doble juego en el clásico contra los Dodgers de Los Ángeles, justo a la misma hora del inicio del partido Argentina-España en el estado vecino. La reprogramación del juego de béisbol fue debido al mal tiempo ha obligado a los aficionados a elegir entre el fútbol y el béisbol.
Pero en Estados Unidos, el fútbol sigue siendo ese deporte que juegan los extranjeros. El béisbol, en cambio, es el deporte nacional que juegan los caribeños y japoneses. Y la FIFA, como buena empresa, no puede hacer nada. Porque, al final, en el país anfitrión, el fútbol es solo un invitado. Y los invitados, a veces, tienen que esperar.
Por cierto, esto es culpa de los incendios forestales en Canadá. En donde Trump no ha perdido la oportunidad de criticar a su homologo canadiense. Pero el negocio debe continuar, la FIFA dijo claramente que no cancelará la final, así se joda el público, los jugadores y todo el resto del planeta.
La FIFA y las acompañantes: el negocio detrás del espectáculo
Alguien se acuerda de los papeles de Einstein. Seguramente, si este señor viviera, estaría compartiendo palco en la final con los ilustres invitados de Infantino. En realidad, la FIFA lleva años contratando agencias que se encargan de dotar a los federativos de los distintos países invitados al Mundial para tener una dama que los acompañe en su aventura futbolera.
Porque el fútbol, como el poder, es un negocio de hombres. Y los hombres de poder, como Infantino, necesitan estar rodeados de belleza para sentirse importantes. La FIFA, como buena empresa, sabe que el espectáculo no solo está en la cancha. También está en los palcos, en las cenas de gala y en las fotos de los periódicos.
Por cierto, a la final llegará el rey de Estaña con su familia, el presidente del gobierno español, la presidenta mexicana y funcionario canadienses. Estarán con Trump, quién extrañará a Milei, que adoptó la postura de no asistir, por cábala, dice, pero de acuerdo a chismes, más es porque si Argentina pierde, él será el culpable, y perderá el poco respaldo que ha logrado de jugadores del equipo nacional, después de la bandera de las Malvinas.
Cierre: el consuelo de los que no llegaron
Inglaterra ganó el partido de consolación. Francia perdió el partido de consolación. Y nosotros, los que miramos desde la tribuna, asistimos a un espectáculo que, a pesar de todo, sigue siendo fútbol.
El fútbol, como la vida, no es justo. Pero, a veces, la injusticia se disfraza de espectáculo. Y los partidos de consolación, como los consuelos de la vida, son solo una forma de decir: «Al menos, nos divertimos».
Nota final: Esta crónica es una mirada irónica al Mundial, sus contradicciones y sus miserias. Si el fútbol es el espejo de la sociedad, este Mundial refleja un mundo donde el dinero, el poder y la hipocresía deciden el juego. Y los sueños, como los balones, a veces entran, a veces no. Pero siempre hay alguien dispuesto a cobrar por el espectáculo. Y, en este caso, alguien dispuesto a consolarse con la chamusca.
