Crónicas del Mundial: Justicia divina con Messi celestial

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O cómo Argentina recordó que el fútbol se juega con los pies, no con el VAR)


Argentina lo volvió a hacer. Y esta vez, sin la ayuda de nadie.

Simplemente lo hizo con fútbol, con solvencia y decencia, esto último un poco menos, aun que le sigan llamando picardía argentina.

Pero hablemos de fútbol. Después del gol inglés, el partido fue todo albiceleste. Argentina ganó sin atenuantes, remontando —como ha pasado en todo este torneo—, metiendo presión arriba, desmarcándose por los laterales y dando el pase perfecto para buscar el hueco por donde se pueda hacer daño. Así logró descontar y así marcó la diferencia.

Thomas Tuchel, el técnico alemán que llegó a Inglaterra con fama de estratega, se equivocó y fue el único responsable de la derrota. Después del gol inglés, se tiró atrás a defender. Faltaba más de media hora en el partido y asumió —tal y como lo había hecho contra México y luego contra Noruega— que podían aguantar, reventar la pelota, defender los centros al área y esperar el pitazo final. Como si el fútbol fuera una fórmula matemática y no un deporte de emociones. Sucedió todo lo contrario.

Scaloni, en cambio, leyó el partido como quien lee un libro abierto. Metió a Lautaro, Nico González se fue por la izquierda, Messi se tiró a la derecha. En el medio, De Paul controló el balón y cortó todo intento inglés de adelantar líneas. El vendaval fue tan fuerte que, de milagro, Inglaterra no se llevó una goleada. Dos balones al palo, tres intervenciones del arquero Jordan Pickford. Todo era cuestión de tiempo para saber cuándo llegaría el empate y la remontada histórica.


San Messi: el mesías que no necesita milagros

A su edad, ya no está para esos trotes. Pero sí para expandir su genialidad. Es innegable que el 10 argentino todavía tiene magia en sus pies. Quizás ya no pueda correr más de la cuenta. Pero tiene pegada, recorre el terreno que tiene que recorrer, generando peligro en cada intervención, en cada pase, en cada gambeta y, sobre todo, en cada asistencia que provoca opciones claras de gol.

Messi no quería irse todavía. Insistió e insistió y el gol del triunfo, logrado por Lautaro, llegó tras un preciso centro suyo… con la derecha. Fue el premio al buen fútbol y la multitud de ocasiones de los sudamericanos generaron.

Pregunta por las Malvinas

La pregunta que flota en el aire es: ¿por qué la campeona del mundo no quiso jugar al fútbol que sabe, sin emplear la marrullería que mantienen latente en su ADN?. Quizás, como los grandes equipos, necesitan sentirse heridos para recordar quiénes son.


Sin excusas: el VAR no fue el culpable

Hoy no pasó. A pesar de que los primeros 15 minutos del partido Argentina-Inglaterra existieron fuertes roces entre jugadores de los dos equipos. Pero un dato permite ver la influencia que ha tenido el VAR en esta competición: la estadística muestra que de los 48 equipos participantes, TODOS han tenido intervenciones del VAR en su contra durante el Mundial… excepto Argentina, que NO ha sido intervenido por el VAR.

¿Casualidad? ¿Justicia divina? ¿O simplemente el VAR tiene miedo de meterse con Messi? La FIFA, en su infinita sabiduría, ha decidido que este Mundial sea el de las polémicas, pero al menos Argentina se ha librado. Quizás porque Infantino sabe que si le toca a Messi, el mundo del fútbol se le viene encima.


Ecos de la primera semifinal: Francia, el equipo de los 500 millones

Hablando de dinero. La eliminación del equipo francés dejó cifras que harían temblar a cualquier banco central: Kylian Mbappé (150 millones), Olise (150), Doué (120) y Dembélé (100). Cerca anda Cherki (90) y Barcola (70). En total, casi 500 millones de euros en jugadores que no pudieron meter un gol. El fútbol moderno, señores, es un negocio.

La prensa no perdona nada. «Le pusimos en la mesa de Zidane y Platini… y no come ni en su cocina», dijo Riolo sobre Olise. Y los medios internacionales han destrozado a Francia tras su eliminación contra España.

La Gazzetta dello Sport fue contundente: «Una Francia completamente aplastada: el peor, más insignificante equipo francés visto jamás en un Mundial en la memoria viva. Sin Kylian Mbappé, que de repente se convirtió en un fantasma. Sin nadie más. Esta España simplemente opera en otro nivel.»

El Daily Mail añadió: «Está muy bien tener un cuarteto delantero de esa calidad, pero no significa nada si nadie puede pasarles el balón.»

Y el Der Spiegel sentenció: «El mejor equipo > los mejores individuos.»

Francia se fue con la lección aprendida: el talento sin organización es solo un montón de billetes sin valor.


El negocio del espectáculo: cuando el fútbol se parece a Hollywood

El descanso del entretiempo para la final de la Copa del Mundo durará TREINTA MINUTOS con el fin de presentar el show de medio tiempo. Esto incluirá las actuaciones de BTS, Justin Bieber, Shakira, Coldplay y Madonna. Es muy probable que los partidos de los próximos mundiales, para las finales, comiencen un viernes, jueguen los primeros cuartos el sábado y los dos últimos cuartos el domingo. La FIFA, como buena empresa, está copiando el modelo de la NFL, donde el espectáculo es más importante que el deporte. Porque, al final, el fútbol es un negocio.


La hipocresía del Mundial: dinero, política y poder

Mientras Argentina celebraba su pase a la final, el resto del mundo seguía hablando de la intromisión política de Trump, el veto a árbitros africanos, las camisetas prohibidas de Haití y las restricciones a Irán. El fútbol, una vez más, es el espejo de un mundo donde el dinero y el poder deciden las reglas del juego.

Trump, como siempre, se atribuyó el mérito de la derrota de Bélgica. La FIFA, como siempre, hizo oídos sordos. E Infantino, como siempre, demostró que su lealtad está donde está el poder.


El homenaje a un gigante: el fútbol como recuerdo de lo que fuimos

Mientras tanto, el fútbol sigue su curso. Argentina está en la final. Messi sigue siendo Messi. Y nosotros, los que miramos desde la tribuna, asistimos a un espectáculo que, a pesar de todo, sigue emocionando.

Porque el fútbol, como la vida, no es justo. Pero, a veces, la justicia divina se disfraza de fútbol. Y Messi, como un ángel celestial, nos recuerda que el deporte más hermoso del mundo todavía puede ser hermoso.


Nota final: Esta crónica es una mirada irónica al Mundial, sus contradicciones y sus miserias. Si el fútbol es el espejo de la sociedad, este Mundial refleja un mundo donde el dinero, el poder y la hipocresía deciden el juego. Y los sueños, como los balones, a veces entran, a veces no. Pero siempre hay alguien dispuesto a cobrar por el espectáculo. Y, en este caso, un Messi dispuesto a recordarnos que el fútbol, a veces, también es justicia divina.

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