El mundial de la vergüenza o los oscuros negocios de la FIFA

JAIROaLARCO

Autor: Jairo Alarcón Rodas

El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue.

Eduardo Galeano

El entretenimiento es parte de los requerimientos humanos ya que, como lo señalara Platón, el ser humano requiere más que satisfacer su estómago, cubrir las necesidades biológicas. Por lo que no es cuestionable que se busque disfrute en la música, en distintos entretenimientos visuales, como el cine, la televisión, el teatro, en los deportes o en las artes.

De ahí que, lo que resulta ser contraproducente es que la búsqueda natural de entretenimiento se convierta en fanatismo y excesos y que, de ello, saquen provecho económico determinados sectores comerciales, prostituyendo cualquier tipo de afición, convirtiéndolo en fanatismo vicioso y en negocio.

Por tal motivo, el ser humano debe ser consciente de que distraerse no debería significar apartarse totalmente de las vicisitudes que encierra la vida cotidiana, así como la problemática social que le atañe, sino que constituye un momento de solaz esparcimiento para reconfortar al espíritu.

Por eso Platón creía que debía utilizarse para educar y cultivar el alma, por lo que desconfiaba del entretenimiento que solo apelaba a las emociones o representaba vicios, abogando por una estricta regulación. De ahí que el filósofo ya visualizaba la instrumentalización de la que podría ser efecto las disciplinas de entretenimiento.

Por su parte, Aristóteles consideraba que el entretenimiento es necesario, pero solo como una vía de relajación y descanso para poder recuperarse y volver a trabajar. De modo que no es conveniente quedar permanentemente en un estado de relajación, distraído de lo que sucede en el mundo.

El filósofos John Dewey consideraba que el entretenimiento es la forma moderna más común de experiencia estética y puede ser el medio más efectivo para educar, transmitir ideas y acercar el conocimiento a las masas. Criterio que le da al entretenimiento un plus para la formación de toda persona. Por su parte, Herbert Marcuse alertó sobre que el entretenimiento masivo es una herramienta de control y dominación. Y en este caso, es utilizado como un adormecedor de conciencias, un distractor que inhibe la participación efectiva de los individuos en asuntos políticos.

Más recientemente, Byung-Chul Han ha señalado que el entretenimiento ha alcanzado la cima de nuevo paradigma, una nueva fórmula ontológica. Es decir que, a través del entretenimiento, se impone lo que es real y verdadero para la sociedad. No obstante, es en las sociedades en las que se crea y fomenta los individuos acríticos, unidimensionales, en donde esa fórmula del capitalismo enajenante se hace efectiva. Por eso, Zygmunt Bauman advertía que el entretenimiento y la cultura del espectáculo funcionan como sedantes en la «modernidad líquida.

Así, cada 4 años, los seguidores y fanáticos del fútbol, alrededor del planeta, vibran con las emociones que les depara la Copa del Mundo, la que se estima, atraerá una audiencia global total de más de 6.000 millones de espectadores a lo largo del torneo. Lo que, para la industria de ese deporte, representa un negocio rentable. Esta vez, 48 selecciones participantes, 104 encuentros que se están jugando dentro de un inédito formato que, desde luego, está siendo aprovechado por las marcas comerciales, patrocinadores, los que obtendrán grandes ganancias económicas.

Sin duda, el Mundial de fútbol representa un fenómeno mediático, la Copa Mundial de la FIFA es el evento de entretenimiento más grande del planeta. Solo el actual torneo de 2026 ha reescrito los estándares de la industria, registrando cifras históricas como la asistencia a estadios (ocupación del 99,7%) y alcanzando un impacto digital sin precedentes con 20.000 millones de visualizaciones de video. Teniendo tales alcances, no se puede decir que un evento de tanta magnitud no tenga el alcance político capaz de incidir en el comportamiento de los miembros de la sociedad.

La FIFA no está al margen de los acontecimientos políticos del mundo, es más, opera como un actor clave en la geopolítica global, utilizando sus torneos como herramientas de poder blando. No es de extrañar que actualmente exista una estrecha relación entre su actual presidente Gianni Infantino y el gobernante estadounidense Donald Trump, no siendo precisamente una relación de amistad.

A pesar de ello, el presidente de la FIFA ha declarado enfáticamente que la federación internacional de fútbol no se puede inmiscuir en asuntos políticos de los países que la conforman, que la institución que representa es apolítica, sin embargo, la institución que representa ha sancionado a países como fue el caso de la ex Yugoeslavia en 1992 por la guerra de los Balcanes y desde el año 2022, sancionó a la Federación de Rusia de participar en cualquier justa del fútbol, por el conflicto con Ucrania, siendo el único equipo del mundo al que se le ha prohibido participar en la Copa Mundial de 2026.

Pero, curiosamente, la FIFA ha permanecido impasible ante las criminales acciones de Israel en contra de Palestina y el Líbano, ante el genocidio perpetrado por Netanyahu, en contra de la población civil en cisjordana, escudándose en la apoliticidad del deporte. Claramente la FIFA ha hecho gala de un doble rasero. Se le olvida a Infantino que el deporte es también una extensión de la política y, por ende, no ajena a esta.

Por aparte, con la complicidad de la mayoría de las federaciones de fútbol europeas, la FIFA ha pasado por alto los criminales ataques del gobierno de Donald Trump a pescadores en zona aledaña a Venezuela, en donde han muerto más de 100 personas. Estados Unidos no ha recibido sanción alguna ante el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y el de su esposa, violando toda norma del derecho internacional, violando toda norma del derecho internacional.

Es más, el deporte internacional ha permanecido inmutable, en un silencio cómplice, ante los alevosos ataques, por parte del gobierno de Donald Trump, en contra de la República Islámica de Irán, más recientemente, las amenazas de invasión a la República de Cuba y, por el contrario, en vez de ser sancionado al país agresor, su presidente ha sido premiado con la orden de la paz. Irónica y tristemente, a Trump se le otorgó tal distinción por sus incansables esfuerzos para promover la paz en el mundo

Pese a ello, Infantino sigue expresando que la FIFA es una entidad apolítica, no obstante, en la práctica su participación es notoria, ya que ha estado profundamente vinculada con los intereses geopolíticos, gubernamentales y económicos occidentales, plegada a los intereses del capitalismo. Ha estado en favor de los intereses financieros de los poderes hegemónicos del mundo.  

El Mundial de fútbol de este año ha mostrado al mundo que el deporte en sí, en este caso, el más popular del planeta, ha pasado a un segundo plano, pues lo prioritario son los réditos económicos que representa. Se estima que la FIFA ganará con la celebración del campeonato mundial de este año, alrededor de 13 mil millones de dólares, por lo que, lo que antes fuera una justa deportiva, una fiesta del fútbol, ahora representa un jugoso y lucrativo negocio.

El mundial de este año se ha caracterizado por hechos vergonzosos que ponen en tela de juicio no solo la designación de Estados Unidos como sede del Mundial, sino la prepotencia y arbitrariedad con la que actúa ese país. Así, al árbitro somalí, Omar Abdulkadir Artan, le fue negada la entrada a territorio de Estados Unidos, por motivos de seguridad nacional, pues representaba una amenaza y mantenía presuntos vínculos con organizaciones terroristas.

Es lamentable y delirante pensar que un árbitro de fútbol represente una amenaza a la seguridad del país que se dice ser la primera potencia del mundo, pero es aún más cuestionable y vergonzoso que la FIFA haya permitido su expulsión. Si se le otorgó la sede del Mundial de fútbol a Estados Unidos no fue para que su gobernante decidiera, a su discreción y gusto, qué jugadores y árbitros pueden participar en esa justa deportiva.

Por aparte, a los jugadores de Irán no les permitió, el gobierno de Donald Trump, poder hospedarse dentro de su territorio, las autoridades estadounidenses les negaron el permiso para pernoctar en el país, obligándolos a establecer su base en Tijuana, México, y cruzando la frontera únicamente los días de partido. Por lo que tuvieron que salir del país tras la finalización de cada encuentro y sufrir, física, mental y anímicamente, lo que eso representa para los jugadores y el cuerpo técnico.

Ante lo sucedido, la federación iraní de fútbol presentó una formal queja ante la FIFA, al considerar que las restricciones de viaje decretadas por Estados Unidos, que impuso que los jugadores iraníes solo podrán entrar en el país un día antes de cada partido y debían abandonarlo inmediatamente después, eran arbitrarias y denigrantes. Determinación que constituye una fragrante violación a toda norma deportiva internacional, una vergüenza.

Paolo Zampolli, un enviado especial del gobierno de Donald Trump, sugirió formalmente que Italia reemplazara a Irán en el Mundial. Argumentó que los cuatro títulos mundiales de Italia en la historia del torneo justifican su participación, hecho que constituye una intromisión más, de la política estadounidense, en asuntos deportivos.

Se demostró el poder que tiene Donald Trump, ante Gianni Infantino, al darse a conocer que el presidente de Estados Unidos confirmó que llamó al máximo dirigente de la FIFA para solicitar la revisión de la tarjeta roja y la suspensión impuestas al delantero estadounidense Folarin Balogun, tras el partido en contra de Bosnia-Herzegovina. La FIFA respondió levantándole la sanción al jugador, trasgrediendo lo que señala el reglamento que rige al fútbol, desvalorizando la labor del árbitro, pasando por alto su autoridad dentro del campo.

Al margen de si el arbitraje y el VAR ha beneficiado a una determinada o determinadas selecciones, lo cierto es que, si se sigue con la mente empresarial de lo que representa un espectáculo lucrativo, deberían ser los equipos con mayor imagen, trayectoria histórica y aficionados, los favorecidos en este Mundial lo que, en algunos aspectos, lo ha sido.

De ahí que las selecciones de los países histórica y futbolísticamente más débiles serían los perjudicados, aunque sus equipos estén realizando un esfuerzo extraordinario en el terreno de juego como fuera el caso de la selección de Irán y polémico penalti que le fuera anulado.

Sacarle una tarjeta roja a Lionel Messi, que equivale a su expulsión del terreno de juego, por ejemplo, aunque la sanción sea justificada por la falta cometida, no solo representaría para el espectáculo futbolístico, penalizar a una figura destacadísima, considerado el mejor jugador de todos los tiempos de ese deporte, sino también, perjudicar a una selección emblemática, vigente campeona del mundo.

En fin, para los que ven el fútbol con fanatismo, cualquier arbitraje que no favorezca a la selección del país que siguen o por la que han apostado, el Mundial está amañado. En cambio, los que disfrutan de las jugadas, del juego colectivo y las individualidades, los que gozan con el espectáculo y valoran el esfuerzo, la calidad de las jugadas, este Mundial les ha brindado grandes duelos, brillantes jugadas, emotivos partidos, excelentes goles.     

Al margen de la cooptación del que ha sido efecto el fútbol, por burócratas y negociantes sin escrúpulos, ese deporte sigue demostrando que puede ofrecer emociones, alegrías, satisfacciones y también lágrimas a los espectadores. Alegrías como las que han regalado, las selecciones de Cabo Verde, El Congo y Noruega, a través de las virtudes deportivas y la entrega, el pundonor de sus jugadores en el campo.

Y es que cuando el fanatismo se deja de lado se disfruta a plenitud del juego y crecen las simpatías por los equipos que han demostrado en el terreno de juego, con sus virtudes, que no es cuestión de historia y que en la cancha no existen equipos pequeños.

No se trata de denigrar al fútbol ni al campeonato mundial, se trata de situarlo en el lugar que le corresponde, como un entretenimiento más, al que no se le debe permitir que se convierta en un terrible distractor que aleje a las personas de la realidad que los afecta. Tener cuidado que, como lo señaló Theodor Adorno: El mundo del entretenimiento son los infiernos que se hacen pasar por el cielo.

No obstante, es un maravilloso entretenimiento y jugarlo, lo es aún más… En consecuencia, como dijo Albert Camus, en el fútbol hay que tener presente que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga… Ahí radica una de las grandezas de ese deporte.

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