Crónicas de un mundial desabrido
Intensa jornada: matices, protestas… y algo de fútbol
Llena de matices, protestas, golpes y, claro, un poco de fútbol. Eso sí, el fútbol por momentos parecía un accidente, totalmente desabrido.
El vendito jogo bonito de este Brasil renovado, tuvo destellos, pero se fue apagando poco a poco hasta llegar a la intrascendencia en la segunda mitad. Estados Unidos, por su parte, hizo lo suyo: ganó sin gustar, se puso a la cabeza de su grupo y confirmó que, con o sin bombardeos de por medio, el espectáculo debe continuar.
Estados Unidos 2 – Australia 0: el idioma del poder
Es un hecho: se hablará inglés, nos guste o no. El equipo de las barras y las estrellas pasó sobrado en su grupo. No tuvo un juego perfecto como contra Paraguay, pero Australia ni lo despeinó. El equipo de Pochettino ganó su segundo partido, algo histórico. Resultado que suma su clasificación, al igual que México, como los primeros clasificados a los dieciseisavos de final. Bien por Concacaf. Los goles fueron casualidades de este Mundial: un autogol y otro reafirmado tras una intervención del VAR. La gloria, como siempre, llega por caminos insospechados.
Escocia – Marruecos: el árbitro como protagonista
Escocia perdió y apunta al mal arbitraje su derrota. Y en parte tiene toda la razón. El referí fue un desastre. No se sabía si estaba dejando jugar o dejando pegar. Empujones reiterativos de los jugadores de Marruecos no se sancionaban, permitiendo una constante interrupción del encuentro. Por lo demás, ni Marruecos ni Escocia pusieron emoción al partido. Fue como ver a dos equipos que se odian, pero sin la pasión necesaria para hacerlo interesante.
Brasil – Haití: el nuevo esquema de Ancelotti
Ancelotti dio un golpe de autoridad. O quizás solo movió la mesa. Lo cierto es que los dos cambios que propuso le cambiaron la fisionomía al equipo azul de Brasil (utilizando la camisola de la mala suerte). La Canarinha ahora lidera el grupo y tiene en Matheus Cunha un nuevo goleador. El problema mayor se presentó cuando Raphinha fue sustituido por una lesión que amenaza con dejarlo fuera del Mundial.
Lo positivo fue el cambio de mentalidad que existió en el equipo de Brasil. Lo negativo es que nunca fue sostenido. Los cambios no le dieron certeza al ataque brasileño, a pesar de que Endrick debutó, pero se duda de que se haya encontrado la identidad del equipo en el ataque, más cuando el segundo tiempo se convirtió en una repetición de muchas falencias del primer partido.
Carletto, salió satisfecho, pero tendrá que ratificar ese nuevo esquema ante Escocia, su último rival en esta fase, pues ambos equipos aún se juegan la clasificación. Una derrota de Brasil lo enviaría al tercer lugar, asumiendo que Marruecos ganara contra Haití, y tendría que esperar otros resultados para poder clasificarse como el mejor de los peores terceros lugares.
Sobre el partido, hay que decir que el equipo subió su nivel, progresó con respecto al primero, cumplió con las expectativas, ganó con autoridad, pero no significa que automáticamente se haya convertido en favorito. Al contrario: si no mejora, si esa progresión no se manifiesta nuevamente y si no se gana con contundencia, aún corre el riesgo de quedar apartado en las primeras jornadas del torneo.
El equipo no logra funcionar colectivamente. Sigue empeñado en aprovechar el enorme talento de sus individualidades. Pero eso solo funciona cuando estas estrellas llegan enchufadas. Contra Haití, Vinicius, a pesar del gol, se fue diluyendo entre carreras sin sentido. Guimaraes, Casemiro y Paquetá son buenos defendiendo porque ejercen una presión intensa, pero cuando deben pasar al ataque, de nuevo Paquetá solo dio un paso bueno —el del gol—; lo demás fue una repetición elocuente de su veteranía. Viejos, cansados y sin chispa para cambiar el rumbo del partido. Con ese motor no podrían llegar muy lejos. Porque, en este nuevo esquema de juego, el equipo de Ancelotti apostó por la velocidad, la recuperación defensiva y el control del medio campo. Pero sin demeritar a Haití, que lo hizo bien en la medida de sus posibilidades, con rivales más curtidos esto simplemente no dará resultado, no solo por veteranos poblando en medio campo, sino por jugadores con experiencia, pero que aparte de esto, ya no aporta mucho más. Ya se sabe que árbol que nace torcido, afecta a la torcida.
El diario deportivo argentino Olé lo dice perfectamente en su crónica del partido: «El contraste entre la jerarquía de ambos fue flagrante. Pero el Scratch igual está lejos del jogo bonito que alumbró sus mejores épocas. Consciente de eso, Ancelotti intenta construir un equipo pragmático. Un conjunto que aún está ante la difícil tarea de seducir a un público acostumbrado a vivir con lujos que hoy escasean.»
La noticia del debut de Endrick en el Mundial, al fin, puso fin a las protestas contra el entrenador por no haberlo puesto en el primer partido contra Marruecos. Alguna parte de los torcedores le considera la última esperanza. Para algunos comentaristas colonizados, Endrick es un jugador del Real Madrid, sin darse cuenta de que ellos lo echaron —digamos, lo prestaron— a un equipo de la liga francesa.
Paraguay – Turquía: la garra y el circo
Paraguay hizo lo que mejor sabe: defenderse. Jugando con 10 hombres, tras la expulsión de Almirón —o quizás deberíamos decirle MalMirón, pues habló a un rival tapándose la boca, y el árbitro salvadoreño tuvo que ser llamado por el VAR para que se convirtiera en el primero en aplicar la Ley Vinícius. Siempre los salvadoreños van primero.
Fue una irresponsabilidad del jugador paraguayo, como en todo el partido: fingiendo lesiones, tirándose al piso para retrasar el juego, protestando por cualquier cosa, especialmente su entrenador, algo que ya nos tienen acostumbrados. Pero, reiteramos, aun con todo esto, Paraguay ganó.
Alfaro, su director técnico, fue claro en la conferencia de prensa al final del partido: «Hay que poner los pies en la tierra. Que hayamos ganado hoy no significa que somos un equipo consagrado», y agregó: «Tenemos que trabajar con prudencia y humildad.» Alfaro mencionó que no ha tenido una formación táctica, más bien lo que ha sobresalido es la disposición y el espíritu de los jugadores.
Por su parte, Turquía se convierte en el segundo equipo, después de Haití, en ser eliminado de la Copa del Mundo. El dato más revelador de la eliminación del equipo turco viene de las estadísticas que la FIFA proporciona: el equipo realizó 30 tiros a portería en el primer partido contra Australia, y luego contra Paraguay 32 disparos. En ambos casos se fueron sin anotar. El entrenador italiano de Turquía, Montella, dijo que el resultado «no podía ser peor». Y qué razón lleva. Pero hay algo peor, Montella: tu equipo jugó con un hombre más buena parte del partido y ni así pudieron anotar un gol. Qué mala suerte, o qué mal entrenador.
La sentencia es que Paraguay ganó por pura garra. También con marrullería y coraje, para no ser tan emotivos.
La seguridad: a todos los han tocado
A todos los han cachado, en el estricto sentido del término utilizado en seguridad. Ahora les tocó el turno a los seleccionados alemanes, que previo a su partido debieron viajar a Toronto y fueron sometidos a controles de seguridad. La FIFA, mientras tanto, no comenta. Pero nadie espera que lo haga.
