Bolivia y los límites de la refundación (II). La restauración recurre al «estado de excepción»

Resumen
La crisis boliviana suele explicarse mediante indicadores económicos, la escasez de dólares, el agotamiento de reservas o la disminución de la producción de gas. Aunque estos factores ayudan a comprender la coyuntura inmediata, dejan sin respuesta una pregunta más profunda. ¿Por qué una de las experiencias políticas más transformadoras de América Latina terminó abriendo espacio para una nueva ofensiva oligárquica y neoliberal? La respuesta no se encuentra únicamente en los límites del modelo económico impulsado durante los gobiernos del MAS. Se encuentra, sobre todo, en los límites de una refundación que transformó el Estado y amplió derechos, pero que no logró consolidarse como reforma moral e intelectual capaz de producir una articulación democrática contrahegemónica duradera.
Tres puntos clave
- La refundación plurinacional modificó el mapa político de Bolivia y desplazó a las viejas élites de los principales espacios de poder estatal. Millones de indígenas, campesinos y sectores populares ingresaron por primera vez al centro de la vida política nacional. Sin embargo, la transformación institucional avanzó más rápidamente que la construcción de nuevas formas de organización, autonomía y dirección política desde abajo.
- El agotamiento de la renta extractiva reveló contradicciones que habían permanecido relativamente contenidas durante los años de crecimiento económico. La fragmentación del bloque popular, las disputas dentro del MAS y el debilitamiento de los procesos de articulación social redujeron la capacidad del proyecto plurinacional para enfrentar una coyuntura adversa y sostener su iniciativa histórica.
- El ascenso de nuevas fuerzas conservadoras y las políticas de ajuste impulsadas en el presente no representan un simple retorno al pasado. Expresan un proceso de restauración que busca recomponer relaciones de poder desplazadas durante el ciclo abierto en 2005. La experiencia boliviana sugiere una lección de alcance continental. Ninguna refundación puede estabilizarse en el tiempo cuando permanece desconectada de una reforma moral e intelectual capaz de generar nuevas formas de conciencia, organización y articulación democrática en la sociedad profunda.
El argumento
La crisis boliviana ha sido presentada con frecuencia como una simple consecuencia de errores macroeconómicos recientes, de la escasez de dólares o del agotamiento de las reservas internacionales. Aunque estos factores son reales y poseen una importancia considerable, una explicación centrada exclusivamente en variables económicas corre el riesgo de ocultar procesos históricos y políticos más profundos. La crisis actual expresa el agotamiento de un ciclo de acumulación basado en la renta extractiva y, al mismo tiempo, revela los límites políticos de una refundación estatal que no logró completarse mediante una reforma moral e intelectual capaz de transformar las relaciones de hegemonía en la sociedad boliviana.
Diversos análisis han señalado que la disminución de la producción de gas natural, la reducción de exportaciones, el creciente costo de los subsidios energéticos y la escasez de divisas constituyen elementos centrales de la coyuntura actual (Gestión, 2026). Sin embargo, estos fenómenos deben ser comprendidos como manifestaciones de contradicciones estructurales acumuladas durante décadas. Bolivia continuó dependiendo de la exportación de materias primas incluso durante los años de mayor crecimiento económico impulsados por el Movimiento al Socialismo (MAS).
El gobierno de Evo Morales produjo transformaciones históricas de enorme relevancia. La Constitución de 2009 redefinió el país como Estado Plurinacional y otorgó reconocimiento político, cultural y jurídico a pueblos indígenas históricamente excluidos. La pobreza disminuyó significativamente, se ampliaron programas sociales y el Estado recuperó mayores niveles de control sobre sectores estratégicos de la economía (Farthing & Kohl, 2014). Millones de personas que durante siglos habían ocupado posiciones subordinadas pasaron a participar activamente en la vida política nacional.
Estas transformaciones alteraron profundamente el terreno de la lucha política. La vieja hegemonía oligárquica fue duramente golpeada y la Bolivia indígena, campesina y popular adquirió una centralidad inédita. En este sentido, el ciclo abierto en 2005 representó una auténtica refundación estatal.
Sin embargo, toda refundación enfrenta una pregunta decisiva. ¿Qué tipo de ensamblaje político puede sostenerla en el largo plazo?
La respuesta del MAS descansó principalmente en la capacidad distributiva del Estado y en la captura de una mayor proporción de la renta proveniente de hidrocarburos y minería. Esta estrategia permitió ampliar derechos y mejorar condiciones de vida, pero no logró modificar de manera sustancial la estructura económica dependiente del extractivismo. La economía boliviana siguió necesitando ingresos extraordinarios provenientes de recursos naturales para financiar políticas públicas y sostener la estabilidad política (Svampa, 2019).
Las contradicciones aparecieron con mayor claridad cuando comenzaron a disminuir los ingresos derivados del auge de las materias primas. El problema dejó de ser exclusivamente económico. Lo que emergió fue una crisis de articulación política. Las tensiones entre organizaciones indígenas, sindicatos campesinos, cooperativas mineras, burocracias estatales y sectores urbanos que habían permanecido relativamente integradas durante los años de bonanza empezaron a expresarse de manera abierta.
La disputa entre Evo Morales y Luis Arce constituye una manifestación visible de ese proceso. Con frecuencia se interpreta como un conflicto personal o como una lucha por el control del MAS. En realidad, expresa desacuerdos más profundos sobre la naturaleza del proyecto político construido durante las últimas dos décadas y sobre las estrategias necesarias para enfrentar una coyuntura marcada por restricciones económicas crecientes.
El gobierno de Arce respondió privilegiando la estabilidad macroeconómica y la administración estatal. Esa orientación debilitó los vínculos con sectores sociales que históricamente constituyeron la base del proceso de cambio. La fragmentación resultante abrió espacios para el avance de actores conservadores que buscaban reconstruir formas de dominación previamente desplazadas (BBC Mundo, 2026).
El ascenso de Rodrigo Paz añade, así, una dimensión histórica adicional a la crisis boliviana. Sus políticas de ajuste evocan inevitablemente el Decreto Supremo 21060 promulgado por Víctor Paz Estenssoro en 1985, considerado el acto fundacional del neoliberalismo boliviano. Aquel decreto abrió un ciclo de privatizaciones, desregulación económica y debilitamiento del movimiento obrero organizado bajo el argumento de estabilizar una economía devastada por la hiperinflación. Cuatro décadas después, la eliminación de subsidios, las negociaciones con organismos financieros internacionales y la declaración de un estado de emergencia frente a las movilizaciones sociales sugieren la posibilidad de una nueva ofensiva restauradora. La diferencia radica en que el neoliberalismo de los años ochenta emergió sobre las ruinas del nacionalismo revolucionario de 1952, mientras que la restauración contemporánea intenta abrirse paso sobre una sociedad transformada por dos décadas de Estado Plurinacional, movilización indígena y expansión de derechos sociales. La actual coyuntura expresa así el intento de recomposición de las élites económicas y políticas en un terreno mucho más complejo y disputado que aquel que existía durante la década de 1980.
No obstante, sería un error interpretar el momento actual como un simple retorno al pasado neoliberal. Las transformaciones producidas por el Estado Plurinacional modificaron profundamente la conciencia política de amplios sectores populares. La incorporación de pueblos indígenas al centro de la vida pública produjo cambios culturales que no pueden ser revertidos fácilmente.
La cuestión central radica en otro lugar. La experiencia boliviana confirma que la refundación institucional, por sí sola, resulta insuficiente para construir una articulación democrática contrahegemónica duradera.
Antonio Gramsci sostenía que toda transformación histórica requiere una reforma moral e intelectual capaz de producir nuevas formas de conciencia, nuevas prácticas sociales y nuevas relaciones entre Estado y sociedad civil privilegiando la construcción de “autonomía integral” desde abajo (Fonseca, 2024). Sin esa dimensión, las transformaciones institucionales corren el riesgo de depender excesivamente de liderazgos, recursos estatales o coyunturas económicas favorables.
La experiencia boliviana parece ilustrar precisamente ese dilema. La refundación avanzó con fuerza en el terreno estatal, constitucional y simbólico. Los procesos de autoorganización popular y de construcción de autonomía social avanzaron de manera más desigual. Como resultado, cuando disminuyó la capacidad distributiva del Estado, también comenzaron a erosionarse los mecanismos que habían permitido mantener cohesionada la alianza social que sostenía al proceso.
Desde esta perspectiva, la crisis actual representa mucho más que una crisis económica. Constituye una crisis orgánica en el sentido gramsciano. Las formas tradicionales de dominación no logran restaurar plenamente su legitimidad. Pero el proyecto nacional-popular surgido con el MAS tampoco consigue reproducir las condiciones que hicieron posible su expansión.
La lección histórica es de enorme importancia para las izquierdas latinoamericanas. Ninguna refundación puede consolidarse únicamente mediante reformas constitucionales, redistribución económica o acceso al aparato estatal. Sin una reforma moral e intelectual capaz de generar nuevas formas de autonomía integral y articulación democrática desde abajo, las transformaciones terminan siendo vulnerables a las contradicciones que ellas mismas producen. La Bolivia contemporánea constituye uno de los ejemplos más importantes de este problema en América Latina.
Referencias
BBC Mundo. (2026). La crisis política y económica en Bolivia y el avance de la oposición.
Farthing, L., & Kohl, B. (2014). Evo’s Bolivia: Continuity and Change. University of Texas Press.
Fonseca, M. (2024). La articulación posible. Principios gramscianos para una nueva política democrática. F&G Editores.
Gestión. (2026). ¿Por qué Bolivia está en crisis? Protestas, bloqueos y escasez de dólares y combustibles que paralizan el país.
Svampa, M. (2019). Las fronteras del neoextractivismo en América Latina. CALAS.
