Guatemala entre la espada y la pared sanitaria

luis

El costo humano de ceder ante la geopolítica

Luis Armando Ruiz Morales

La expulsión de médicos cubanos deja al descubierto no solo la fragilidad del sistema de salud nacional, sino una estrategia de dominación que utiliza la asistencia médica como moneda de cambio internacional

Ciudad de Guatemala. Durante 27 años, las comunidades rurales, campesinas e indígenas de Guatemala —esas mismas donde el Estado brilla por su ausencia— han tenido un respaldo inesperado: médicos cubanos que llegaron a garantizar atención primaria, cirugías oftalmológicas y servicios esenciales que el mercado nunca alcanzó a cubrir. Más de un centenar de médicos guatemaltecos se formaron en Cuba gracias a esa cooperación. Hoy, ese tejido de solidaridad se deshace no por decisiones sanitarias, sino por presiones geopolíticas que amenazan con dejar a miles de familias sin médico de cabecera.

La decisión del gobierno de expulsar progresivamente a más de 400 profesionales de la salud cubanos, sin presentar hasta ahora una alternativa que supere los servicios actuales, constituye una irresponsabilidad sanitaria de proporciones históricas. Pero el problema va más allá de una mala decisión administrativa: revela cómo la salud pública se ha convertido en campo de batalla de una guerra fría que nunca terminó del todo, mientras el Estado no logra articular una respuesta sanitaria propia para cubrir el vacío que dejarán.

El intervencionismo que se niega a morir

Mientras se ejercen presiones diplomáticas para frenar la cooperación médica, se despliega simultáneamente un arsenal más sutil y peligroso contra la nación caribeña. Los pueblos de América que han sido atendidos por esta solidaridad médica no pueden ignorar un patrón que se repite: bajo la retórica de «acuerdos mutuos» o «negociaciones de buena fe», suelen desatarse operaciones de desestabilización. Es un hecho documentado que durante procesos de diálogo han surgido escaladas paramilitares financiadas desde el exterior —como la reciente quema de la sede del Partido Comunista de Cuba por grupos disidentes— que anticipan la negativa de los poderosos a aceptar la independencia, libertad y autonomía de las naciones.

Este acoso no es solo militar: es mediático. Oponernos rotundamente al hostigamiento sistemático que sufren los pueblos que eligen su propio rumbo, y alertar que la vulneración del derecho a la salud es apenas el primer escalón de una estrategia de dominación que busca reconquistar América Latina a través del control de sus instituciones sociales. La salud del pueblo guatemalteco no puede ser moneda de cambio en disputas geopolíticas, ni mucho menos cabeza de playa para operaciones de injerencia.

La crisis estructural que nadie quiere ver

El drama, sin embargo, no se resuelve simplemente manteniendo a los médicos cubanos indefinidamente. La verdadera crisis del sistema guatemalteco no es falta de médicos, sino falta de condiciones laborales dignas. Cada año se forman profesionales en universidades nacionales, pero estos no ocupan las plazas rurales porque el Estado no ofrece salarios competitivos ni estabilidad laboral, enfrentándose además a barreras culturales e idiomáticas, aislamiento profesional y condiciones de precariedad que alejan la vocación de servicio a comunidades empobrecidas. Ante esta realidad, migran hacia servicios privados o el extranjero donde la remuneración es competitiva, de altos precios y “muy” gratificados.

Los médicos cubanos aceptan estas condiciones adversas porque vienen respaldados por garantías, la buena voluntad y humanidad estatal de su país que el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) no ofrece a sus propios profesionales. No se trata de preferir extranjeros: es que el sistema laboral guatemalteco hace inviables estas plazas para nacionales, mientras los sindicatos tradicionales solo velan por privilegios corporativos y no por la cobertura universal.

El resultado es desolador: centros de salud sin equipamiento, infraestructura deficiente, y una población abandonada a su suerte en zonas rurales donde la presencia del Estado es mera ficción. Urge apoyar iniciativas políticas y partidos políticos íntegros, coherentes y creativos para encontrar una solución decente a estos fenómenos socioeconómicos y sociopolíticos.

Una salida por el BRICS: soberanía sin expulsión

Frente a este escenario, la solución no es la expulsión abrupta —que dejaría a las comunidades sin atención médica de la noche a la mañana— ni la dependencia perpetua. Se requiere una transición inteligente que fortalezca la soberanía sanitaria sin caer en el chantaje geopolítico actualmente vivido.

La propuesta alternativa pasa por una alianza estratégica con los BRICS. Guatemala podría, en el futuro cercano[i], mantener la cooperación médica cubana transitoriamente mediante mecanismos multilaterales que desvinculen la salud de presiones bilaterales tradicionales. Resulta imperativo señalar que EEUU, país que obstaculiza la presencia de estos profesionales —ejerciendo presiones para su expulsión— no ofrece alternativa coherente alguna para apoyar a Guatemala en la cobertura de estas plazas rurales abandonadas. Mantener la cooperación no es capricho: es una medida de emergencia ante la ausencia total de propuestas concretas por parte de quienes buscan frenar la asistencia médica cubana.

El financiamiento, gestionado directamente por el Banco de Desarrollo de los BRICS hacia el gobierno cubano, evitaría intermediaciones que permitan condicionamientos externos.

Apoyar la salud financiera del gobierno cubano ante el asedio y apoyamos la salud de nuestra población.

Pero la transición debe ser realista[ii]: no de 10 años, sino de 15 a 20, tiempo necesario para:

  1. Ampliar 500 plazas presupuestarias en el MSPAS con sueldos dignos (entre Q18,000 y Q25,000) y estabilidad laboral real, llegando a 900 o 1,000 médicos en zonas rurales.
  2. Construir 100 centros de salud nuevos y equipar 200 existentes con recursos soberanos.
  3. Establecer una Escuela de Medicina Comunitaria que forme 100 médicos guatemaltecos anuales comprometidos con el territorio.
  4. Reformar condiciones laborales: bonificación del 50% para zonas rurales, vivienda digna, seguridad garantizada, y rotación transparente para especialización —terminando con la captura clientelar de plazas de estudio.

La experiencia acumulada con intentos como el de CONDEG reveló que las fórmulas improvisadas de corte mercantilista no logran sustituir la atención primaria estructurada, mostrando carencias insalvables en cobertura real de la población. La transición debe ser planificada, no abrupta.

La salud como acto de soberanía

Guatemala enfrenta una encrucijada. Puede ceder ante presiones que buscan doblegar su voluntad mediante el control de la asistencia médica, abriendo la puerta a operaciones de desestabilización encubiertas en Guatemala y en otros ámbitos de Latinoamérica. O puede actuar con la dignidad que reclama su historia: rechazar el hostigamiento mediático y paramilitar contra naciones hermanas, priorizar la vida de sus comunidades marginadas, y construir un sistema de salud público digno con recursos propios y cooperación internacional solidaria, desvinculada de la tutela imperial.

La solidaridad entre pueblos no se negocia, no se condiciona y no se cancela por intereses políticos externos. Defender la permanencia de la cooperación médica cubana no implica renunciar al fortalecimiento del sistema nacional; implica asumir con responsabilidad que la construcción de soberanía sanitaria requiere tiempo, inversión y compromiso estatal, no decisiones precipitadas impulsadas desde centros de poder ajenos.

Hoy más que nunca, el derecho a la salud debe estar por encima de cualquier estrategia de dominación. La salud es un derecho fundamental que debe protegerse. La soberanía no se negocia sino se fortalece. Y la solidaridad entre pueblos, en tiempos de hostigamiento mediático y operaciones encubiertas, se defiende.


[i] Esto demandará, por supuesto, tiempo; pero sobre todo personas capaces, decentes y radicalmente comprometidas con la patria y su pueblo para tejer los acercamientos necesarios y formular una propuesta inteligente, soberana, independiente y verdaderamente útil.

[ii] Ídem.

[1] Integrante de Causa Común en el Foro Permanente por la Salud de los Pueblos y del Instituto Guatemalteco de Economistas; colabora con el Laboratorio de Ideas Económicas Radicales e investiga para el proyecto Instituto de Investigaciones en Salud Pública e Incidencia (en proceso de constitución) y colaborador de PúblicoGT.

Facebook comentarios