Los desaparecidos siguen ahí
Miguel Ángel Sandoval
Hace un par de días, en acto solemne realizado en el Palacio Nacional, se dio a conocer la decisión de gobierno del presidente Bernardo Arévalo de buscar con todos sus recursos a los miles de desaparecidos durante el conflicto armado interno, o dicho de forma más propia, ciudadanos y ciudadanas que fueron desaparecidos en la guerra de los 36 años. En otras palabras, asistimos a 30 años de la firma de la paz, al intento de dar cumplimiento a uno de los compromisos de la paz. En el acuerdo de Fortalecimiento del poder civil y las funciones del ejército en una sociedad democrática, se dice en el punto 53 sobre la apertura de los archivos militares y otros.
Para ello se dio a conocer el denominado “Mecanismo de Búsqueda Humanitaria de personas desaparecidas durante el Conflicto Armado Interno en Guatemala” Asimismo se establece que dicho proceso de búsqueda tendrá vigencia de 2026 a 2036. Como ciudadano con interés en ese dantesco tema, creo que hace falta dar a conocer de forma amplia estos propósitos y de esa forma, crear las condiciones para que el planteamiento que se expresa en la búsqueda humanitaria tenga resultados de forma clara, categórica, y con la garantía de no repetición, con la certeza de Nunca Más.
Ahora se dice, de manera categórica sobre la existencia de detenidos desaparecidos. Y en el caso guatemalteco son alrededor de 45 mil, aunque algunos pretendan negar esta cifra del horror. Desde donde se quiera ver, es una verdadera tragedia nacional. Estamos hablando de 45 mil familias, que más allá del núcleo cercano, podemos decir que cada desaparecido, nos dice de por lo menos 50 personas afectadas como familia. Ello sin contar con las relaciones sociales que pueden ser mucho más extendidas. Ya hubo el informe del Remhi y luego el del Esclarecimiento histórico. Uno y otro dejaron la certeza de que con el pretexto de la guerra y de la lucha contra el comunismo o el terrorismo, se cometieron las atrocidades más inenarrables en la historia de nuestro país.
Pero resulta que la decisión de buscar a los detenidos-desaparecidos, es una expresión de coraje presidencial y de compromiso con algo elemental: el derecho de las familias y de la sociedad de saber las razones por las cuales sus familiares fueron detenidos, torturados, asesinados, desaparecidos. Es hora de cerrar el duelo, es momento de trabajar por una verdadera reconciliación nacional. Y para ello la verdad es indispensable. Como sociedad necesitamos saber que paso con los miles de detenidos desaparecidos.
¿Fueron tirados al mar? ¿O fueron enterrados en fosas comunes? ¿Qué pasó con ellos? Y ahora que en Guatemala se plantea la búsqueda y el reconocimiento de la responsabilidad del estado en la detención y desaparición de miles de guatemaltecos, se está abriendo la puerta a la verdad oculta detrás de toda la construcción pseudo ideológica de la lucha en contra del comunismo. Es el momento de recuperar la verdad histórica, de hacer un esfuerzo de memoria nacional.
Aunque sí es indispensable entender que la búsqueda de los desaparecidos tiene algunas precondiciones: la primera es la apertura sin limitaciones ni restricciones del Archivo Histórico de la Policía Nacional, así como poner disposición de la ciudadanía, el Diario Militar, y hay algo que debe de impulsarse sin temor de ninguna naturaleza: es abrir los archivos militares. No es posible la búsqueda de los miles de desaparecidos si esto no se lleva a cabo. Sabemos que una gran mayoría de casos tiene como antecedente que fueron vistos por última vez al ser detenidos y llevados a cuarteles militares, que ya aparecieron evidencias de lugares como Creonpaz y otras similares.
Por ello, la verdad tiene que estar sustentada en la apertura de todos los archivos militares y de las policías políticas que existieron a lo largo de la historia de la guerra interna que nos enfrentó durante más de 30 años. Es tiempo de dar vuelta a esa página negra en la historia nacional. Y los temores no pueden ser la guía de las acciones de gobierno. De la misma manera, el ejército y los oficiales de las nuevas generaciones, no pueden cargar con el peso de las acciones alejadas del honor militar de algunos de los generales de la guerra sucia.
Se puede afirmar sin vacilaciones, que el secuestro de los sindicalistas de la CNT a plena luz del día, debe tener ahora una explicación clara, total, sin medias verdades. De la misma manera, los secuestrados de EMAUS, que es necesario decir, no se hubieran podido dar sin la participación o el conocimiento de las autoridades militares. Ocurre algo similar con casos de personas como el de Molina Teissen, el de Emil Bustamante, o el de la familia Azmitia. Estos casos colectivos y particulares son un desafío para el esfuerzo que debe dar inicio con hechos concretos, con respuestas que permitan cerrar el duelo.
Es necesario entender de una buena vez, que, si los oficiales del 13 de noviembre se alzaron en armas, fue en defensa de la democracia, que, junto con estudiantes rebeldes y ciudadanos de la más diversa procedencia, dijimos basta de corrupción, de mal gobierno, de cierre de espacios, de la imposición como normas de gobierno. Fue desde el inicio un levantamiento armado contra la corrupción, contra la impunidad, y en contra de la entrega de la soberanía nacional. Alguien puede alegar que había un proyecto socialista. Si eso fuera así, no hay nada que permita desaparecer a gentes con pensamiento socialista. Esto es algo que se debe entender con todas sus implicaciones. Lo otro seria asumir que por diferencias ideológicas o políticas se acepta la desaparición de quienes no piensan como uno.
La narrativa de que era por el comunismo, por la entrega del país a los comunistas de la URSS o al demonio del caribe, debe dar paso a la verdad del levantamiento armado de hombres y mujeres de buena voluntad, de demócratas en armas. Y entender que, sin el levantamiento de sus mejores hijos, en nuestro país no habría la democracia que, con todas sus limitaciones y defectos, tenemos en la actualidad.
