Crónicas del Mundial 2026.

Rweylo

Entre milagros, reyes y decepciones

Alemania se salvó de milagro (y eso que no creen en Dios)

El equipo alemán, jugando con sus titulares, fue incapaz de doblegar a Costa de Marfil. Pero los suplentes pudieron salvar el partido —y al entrenador alemán— en los últimos minutos. En realidad, fue milagroso el repunte alemán porque no se lo merecían. Pero el fútbol no va de merecimientos; que se lo digan a Panamá, que sigue esperando que alguien les devuelva el gol que les robaron hace años.

En el aspecto físico, el cuadro alemán se vio superado durante todo el partido por los jugadores de Costa de Marfil. La defensa compacta que realizaron los marfileños fue quebrada en los últimos minutos, cuando los refuerzos alemanes dieron más movilidad a un equipo que ya parecía en la lona. Esa es la diferencia entre tener banquillo y tener esperanza.

El entrenador Emerse Faé ha acusado a la selección de la DFB de faltar al juego limpio después de la derrota 1-2 de su equipo. «Tomamos a tales naciones como un ejemplo para desarrollarse aún más, y me decepcionó un poco la falta de juego limpio de este equipo alemán», dijo el jugador de 42 años después del partido en Toronto. Claro, porque cuando los grandes te ganan con argucias, es «falta de juego limpio». Cuando los pequeños lo hacen, es «astucia táctica». La hipocresía también juega en este Mundial.


Ecuador se ahoga en un mar de incertidumbre (y de goles que no llegan)

De risa o de llanto. Ecuador no pudo con Curazao. ¿Podrá contra Alemania? Es como ver el vaso medio lleno o medio vacío. Depende a quién le preguntes. Lo cierto es que la revelación sudamericana decepcionó. La débil —hasta cierto punto— Curazao los frenó. El combinado de Concacaf aprendió la lección que Alemania le propinó, mientras que Ecuador no quiso sacar provecho de su experiencia con Costa de Marfil. Ahora, con una derrota y un simple empate, su clasificación está cuesta arriba. Y cuesta arriba en el fútbol suele significar «cuesta abajo en la tabla».

Noboa debe estar feliz. O quizás no tanto. Lo cierto es que la envidia le corroe en estos días. El rey Guillermo Alejandro y la reina Máxima Zorreguieta de los Países Bajos siguieron el encuentro con camisetas de Curazao, que anteriormente formó parte del Reino de los Países Bajos y la mayoría de jugadores nacieron allá, pero son de por aquí. Noboa, que nació allá, no quiere a los de aquí. La política, como el fútbol, es un juego de identidades y contradicciones.

El repudiado entrenador ecuatoriano dijo: «Hasta que tengamos vida lucharemos, nadie dijo que esto iba a ser fácil. Ahora tenemos la posibilidad de ganarle a una selección que nunca hemos podido. Vamos a ir a buscar el partido contra Alemania, nosotros mostramos argumentos para seguir creyendo. Yo no he logrado entrar en el corazón del pueblo ecuatoriano y tengo fe de que en el último partido se curará, pero sigan confiando en estos chicos.»

Hay que reconocer que Ecuador tiene el síndrome de Turquía: intentos fallidos, oportunidades desperdiciadas y milagrosas intervenciones del portero contrario. En 180 minutos de participación en el Mundial, los ecuatorianos no han marcado ni un gol. Enner Valencia, el principal delantero de Ecuador, falló tanto que ahora le llaman Never Valencia (Nunca Valencia). Según las estadísticas de la FIFA, se generaron 27 remates a gol sin poder convertir. Muy por debajo de Turquía, pero con el mismo resultado: cero goles.

No sé si van a ganar frente a Alemania. Basado en los resultados y un análisis de inteligencia artificial, este será el último partido del tricolor ecuatoriano. Pero, como siempre, la IA falla. Habrá esperanzas de que se destapen y por lo menos anoten un gol contra los teutones.

Para Ecuador, este empate sabe a derrota. Para Curazao, a gloria. Para los reyes de los Países Bajos, a fiesta.


Holanda sin ser la naranja mecánica

Que no se llama Holanda, se llama Países Bajos. Pero la naranja mecánica fue una creación holandesa, y este combinado actual es simplemente otro equipo que golea mecánicamente. Los principales diarios de Países Bajos brindan una cobertura de primera pantalla no al partido de su selección contra Suecia, sino a la llegada de los reyes Guillermo Alejandro y la reina Máxima Zorreguieta para apoyar a la selección de Curazao. Incluso, el rey y la reina arrojaron caderas sueltas en el vestidor de Curazao y celebraron exuberantemente con los jugadores después de su empate contra Ecuador. Pura conga.

¿Por qué los reyes apoyan a Curazao abiertamente, pero no hacen lo mismo con la naranja mecánica? ¿Será que ha dejado de ser ese equipo arrollador que fue durante ocho años cuando el gran Cruyff jugaba? No especulemos.

Denzel Dumfries lo dice mejor: «Cuando somos compactos, realmente tenemos que mantenernos compactos.» Claro, mejor compactos que mecánicos. Este equipo tiene un planteamiento compacto, son las tácticas de Koeman. La naranja mecánica se ha convertido en una naranja exprimida.


Suecia: el fútbol como distracción

Y qué decir de Suecia. Le están dando más atención a un supuesto infiel, estrella del equipo, pero de balonmano, que salió en las pantallas del estadio abrazado con alguien X. Bueno, en realidad era la novia Caroline. Pero cuando tu selección es goleada, lo mejor es encontrar el detalle que evada la responsabilidad de encontrar respuestas a semejante debacle.

Al entrenador Potter se le acusa —bueno, esa palabra en Suecia suena mal, pero aquí en América Latina suena peor, y ya no digamos en Guatemala en tiempos de Consuelo de los corruptos, que sonaba fatal—. Lo cierto es que el entrenador sueco cambió el planteamiento del equipo, y pasó de tener 5 contenciones a 3, justo cuando el partido iba 2-0. Luego todo es historia.

Pero Ibrahimović nos calló la boca. Respecto a la naranja mecánica dijo: «Esta es la diferencia entre un buen equipo y un equipo que cree que puede ganar toda la Copa del Mundo. Envía un mensaje a todo el campeonato. Mira su lenguaje corporal, mira su confianza. Es una mentalidad completamente diferente.»

Suecia se apea y cree que ganando a Japón logrará su pase a la siguiente ronda. Pero si juega como ayer, no van a llegar muy lejos. El partido fue de pesadilla.


Japón goleó a Túnez: el arte de la eficiencia

Un partido para el recuerdo, con el tipo de goles que Japón marcó. Los samuráis azules demostraron que el fútbol no se trata de poseer la pelota, sino de hacerla entrar. Mientras Túnez se preguntaba qué había pasado, Japón ya estaba pensando en la siguiente ronda. La eficiencia japonesa, esa que los europeos admiran y temen, se hizo presente.


Emociones encontradas en la colonia iraní

La gran colonia iraní en Los Ángeles está apoyando a su selección. Pero algunos son llamados traidores porque están mostrando las banderas antiguas, esas que se usaban cuando el Sha de Irán era el mero mero. El fútbol como espejo de las fracturas políticas. Las banderas ondean, pero cada una cuenta una historia distinta.


La cita de Bielsa: el fútbol como refugio perdido

«El fútbol era popular porque los pobres eran felices jugando a la pelota. Cuando el fútbol se convirtió en negocios deshonestos, es ahí donde las clases pudientes encontraron en él una oportunidad y ya no es propiedad de los pobres.» — MARCELO BIELSA.

Esta frase debería estar grabada en la entrada de cada estadio. Y en la oficina de Infantino. Y en la mente de todos los que creen que el fútbol sigue siendo del pueblo. Porque el pueblo, como siempre, mira desde la tribuna —y cada vez más desde lejos, porque el espectáculo se ha vuelto inaccesible.


Cierre con cinismo

Mientras tanto, la FIFA sigue vendiendo humo, los reyes celebran con Curazao, Alemania se salva de milagro, Ecuador busca un gol que no llega, y el fútbol se convierte en un negocio deshonesto. Pero bueno, al menos la naranja mecánica ya no es mecánica, es compacta. Y el pueblo, como siempre, se conforma con las sobras.


Nota final: Esta crónica es una mirada irónica al Mundial, sus contradicciones y sus miserias. Si el fútbol es el espejo de la sociedad, este Mundial refleja un mundo donde el dinero, el poder y la hipocresía deciden el juego. Y los sueños, como los balones, a veces entran, a veces no. Pero siempre hay alguien dispuesto a cobrar por el espectáculo.

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