Una ciudad en crecimiento
Omar Marroquín Pacheco
Basado en el texto del artículo histórico de Prensa Libre y Banco Industrial, titulado «Una
ciudad en crecimiento».
Análisis
El artículo, escrito por el historiador Aníbal Chajón Flores, narra el proceso de crecimiento
urbano de la actual Ciudad de Guatemala (tras el traslado desde Panchoy) y cómo este
desarrollo se construyó sobre la base del desplazamiento y la absorción de los pueblos
indígenas.
El análisis clave se centra en los siguientes ejes:
· El factor humano y laboral: El crecimiento de la ciudad fue posible gracias al uso de la
población indígena como mano de obra (los albañiles en Jocotenango). Sin embargo, a medida
que la ciudad crecía, estos pueblos fueron absorbidos y sus identidades territoriales diluidas.
· La especulación inmobiliaria y la desigualdad: Las tierras que originalmente pertenecían a los
pueblos indígenas (Jocotenango, San Gaspar, San Pedro, Ciudad Vieja) fueron compradas por
capitalistas y la élite, o directamente expropiadas por el gobierno liberal de Justo Rufino Barrios
para regalarlas a sus aliados políticos y militares.
· La transformación del paisaje urbano: Los espacios comunales indígenas se convirtieron
en espacios de la élite, como el Hipódromo y su avenida (actual Zona 2), o en espacios
militares y de entrenamiento, como el Campo de Marte y la zona de Tívoli.
· La «hermandad» paradójica: El subtítulo habla de una «hermandad» de cuatro pueblos, pero
el texto revela que esta hermandad fue forzada por el desplazamiento y el destierro de sus
tierras originales para dar paso a la metrópoli.
Puntos de Vista
· Desde la perspectiva de los pueblos indígenas: Fueron los cimientos invisibles de la
ciudad. Perdieron sus tierras, fueron obligados a reubicarse (como los k’akchiqueles que
tuvieron que regresar a Jocotenango), y vieron sus ferias y territorios unificados o expropiados
para el beneficio de otros.
· Desde la perspectiva de la élite y el Estado liberal:
La expropiación de tierras se justificó como un medio para «modernizar» la ciudad, crear
avenidas (Hipódromo), zonas de esparcimiento y centros militares (Campo de Marte),
recompensando a los partidarios de Barrios con terrenos estratégicos.
· Desde la perspectiva del historiador (el autor): Se muestra una visión crítica de cómo la
arquitectura y la geografía de la ciudad están cargadas de una historia de despojo, pero
también se destaca el carácter indispensable de la mano de obra y cultura indígena en la
fundación de la capital moderna. El texto también humaniza a Barrios, mencionando el terreno
que tenía con su esposa, contrastando su figura política con su vida privada.
· Desde la perspectiva de la planificación urbana actual: Se evidencia cómo la geografía
original (como los barrancos de San Pedro) fue dictando los límites, pero cómo la expansión
eventualmente borró esas fronteras naturales.
Conclusiones
1. La ciudad moderna es un palimpsesto: La actual Zona 2, el Campo de Marte y otras áreas
urbanas no son sólo espacios físicos, sino el resultado de procesos históricos de expropiación y
reconfiguración social que borraron, en gran medida, la presencia indígena originaria.
2. El desarrollo urbano estuvo ligado al poder político: El reparto de tierras fue una
herramienta de control político y militar. Los aliados de los gobiernos liberales se beneficiaron
directamente del despojo de los pueblos originarios, creando una nueva élite que habitó zonas
como el Hipódromo.
3. La «brotherhood» (hermandad) es históricamente compleja: La unificación de los cuatro
pueblos fue más una imposición geopolítica y económica que una unión voluntaria. Aunque
compartieron el destino del desplazamiento, fueron tratados como ciudadanos de segunda
clase en la construcción de la nueva capital.
Propuestas y Recomendaciones
1. Rescate y visibilización de la memoria histórica: Se sugiere que el Ministerio de
Cultura y las autoridades municipales instalen señalización conmemorativa y promuevan
el reconocimiento de los antiguos pueblos (Jocotenango, San Pedro y San Gaspar).
Asimismo, se pueden diseñar circuitos de turismo histórico orientados a divulgar los
procesos de trabajo y despojo tras el desarrollo urbano.
2. Formación educativa y divulgación amplia: Integrar en los planes de estudio
escolares la trayectoria de las comunidades indígenas fundadoras de la capital. Esta
enseñanza debe trascender el plano folclórico —como la Feria de Jocotenango— para
enfocarse en la resistencia, los derechos humanos y la justicia social.
3. Revisión de la planificación urbana sostenible: Tomar en consideración la topografía
original, como las zonas de transición y barrancos de San Pedro, para encauzar el
ordenamiento territorial. Esto permitirá frenar un crecimiento expansivo que perpetúe la
absorción de terrenos comunales.
4. Reparación histórica y salvaguarda patrimonial: Profundizar las investigaciones
sobre las propiedades expropiadas y habilitar espacios de diálogo directo con las
poblaciones descendientes (entre ellas, la comunidad k’akchiquel). El objetivo es
asegurar su rol protagónico en el resguardo y la gestión de la identidad cultural de la
metrópoli.
Recomendaciones
1. Fortalecer la memoria histórica: Es fundamental que las autoridades municipales y el
Ministerio de Cultura promuevan la señalización y el reconocimiento histórico de los antiguos
pueblos de Jocotenango, San Gaspar y San Pedro dentro del tejido actual de la ciudad. Crear
rutas de turismo histórico que cuenten esta historia de despojo y trabajo.
2. Repensar la planificación urbana: Utilizar la historia de los barrancos y las zonas de
transición (como la de San Pedro) para ordenar el crecimiento urbano de manera sostenible y
respetuosa con el medio ambiente, evitando el modelo expansionista que históricamente ha
devorado tierras comunales.
3. Educación y divulgación: Incluir en el currículo escolar la historia de los pueblos indígenas
que dieron origen a la capital, no solo desde una perspectiva de folklore (como la Feria de
Jocotenango), sino desde una perspectiva de derechos humanos, justicia social y resistencia.
4. Mecanismos de reparación histórica y protección del patrimonio: Investigar más a fondo la
propiedad de las tierras expropiadas y generar espacios de diálogo con las comunidades
descendientes (como los k’akchiqueles) para darles un lugar protagónico en la narrativa y
gestión del patrimonio cultural de la ciudad
