Sin justicia, sin nada, sin Universidad, sin vergüenza

fernandocajas

Fernando Cajas

«Este país cansa. Este país lastima. Este país hiere». 
Ayer lunes primero de junio publicaba yo en mi columna aquí en la Hora un artículo titulado: “Realmente, ¿Habrá justicia en la Usac?”. Su texto no era solo un comentario sobre un proceso electoral universitario; era un diagnóstico sobre el estado de la democracia guatemalteca, donde la captura institucional, la apariencia de legalidad y la erosión de la autonomía amenazan uno de los pocos contrapesos históricos al poder oligárquico. 

Hoy, con la reciente resolución de la Corte de Constitucionalidad (CC) que denegó un amparo definitivo contra la elección del 8 de abril de 2026, esa pregunta adquiere mayor importancia y urgencia. 

Whatapp

Lo que decidió la CC el día de ayer fue proteger a un criminal, a Walter Mazariegos, al destazador de la Usac, Universidad de San Carlos, otrora Nacional, otrora autónoma. El mensaje es claro: «no se metan con nuestra gente». Ese es el mensaje. Al usurpador de la San Carlos lo cuidan como se cuida lo más preciado. Y una sociedad que cuida, que protege a sus criminales es una sociedad que está dominada por corruptos, por criminales. Entonces la Corte es solo de forma para la justicia, para la ley y es de fondo para la injusticia, para la trampa. Ciertamente hay tres magistrados que llegaron con la orden total de que defendieran al Pacto de Corruptos y a sus perritos fieles. 


La Corte no aceptó los argumentos, ni las evidencias que le dio el juzgado quinto, que previamente había dado un amparo definitivo para repetir la elección de rector de la Usac, dada la enorme cantidad de faltas y delitos cometidos por el destazador Mazariegos. La «Corte» aceptó argumentos ni evidencia porque los tres magistrados, financiados por los poderes obscuros de este país, no trabajan ni con argumentos ni con evidencia. Es una Corte Constitucional solamente de forma, para guardar las apariencias de que hay ley y de que hay democracia. Pero, siempre hay un pero, pero no hay ley ni democracia y por eso: Este país cansa, este país lastima, este país hiere. 

A finales del Siglo pasado salí del país, me fui a estudiar, no tanto matemática sino cómo se aprende matemática con una beca de la DAAD, Alemania, y el programa Centro Americano de matemática Educativa con sede en la Universidad de Panamá para luego, casi directamente, viajar a Michigan a estudiar cómo se aprende ciencia, tecnología e ingeniería a la Universidad Estatal de Michigan en Lansing, con una beca Fulbright, por lo que estuve fuera de Guatemala más de una década. Si bien papá me extrañaba, él insistía que me quedara, que mi vida sería mejor fuera de Guatemala, que el impacto de mi trabajo académico no era para este país de dolor. Pero bueno, ya papá está en el cementerio, y aunque lo llevo día y noche en mi corazón, cuando el alma me duele, como hoy, recuerdo sus consejos, todos. Él sabía más de lo que sabía yo sobre la dura vida que los guatemaltecos deben vivir, esclavos de una clase social no solo de explotadores, sino de rateros, que han doblegado tanto al pueblo que lo mantienen en silencio como a sus intelectuales, casi todos. De eso se aprovecha la Corte de Constitucionalidad, otro trapo viejo que hay que tirar para replantear a un país de verdad, no solamente paisaje como dice nuestra Carolina Escobar Sarti, escritora de verdad. 

La resolución de ayer lunes primero de junio no es solamente un fallo técnico más. No. Es la confirmación de que los mecanismos judiciales pueden moverse, generar ruido y hasta dar esperanzas parciales, pero con frecuencia terminan normalizando lo irregular bajo la máscara de la formalidad. Como bien describe Anne Applebaum en El ocaso de la Democracia, las democracias contemporáneas rara vez mueren con tanques en la calle. Mueren cuando las élites —oligarcas, cleptócratas y sus aliados— aprenden a usar las instituciones para sus propios fines. Y eso es lo que vivimos en Guatemala, vuelvo y repito. Tienen cooptado el sistema de justicia y con eso tienen cooptado nuestro propio desarrollo. 

Aquí en el país de la Eterna Primavera, ciertamente se fingen elecciones. En este país de la nueva primavera se pretende que los tribunales y la Constitución existen y gobiernan la vida jurídica nuestra, pero en verdad el sistema, este grupito de corruptos, las vacía de contenido. Los intelectuales miran hacia otro lado. La gran mayoría de intelectuales guatemaltecos residentes de cementerios universitarios, profesores de la educación superior, hacen como que no existe problema alguno y no reconocen siquiera su papel de analistas, de críticos, de ponentes de alternativas, no.

Son realmente como Otto René Castillo los describió:
Un día, los intelectuales apolíticos de mi país serán interrogados por el hombre sencillo de nuestro pueblo. Se les preguntará sobre lo que hicieron cuando la patria se apagaba lentamente…

Y mientras la patria se apaga lentamente, otro par de intelectuales, venidos a políticos de mala muerte: Bernardo Arévalo y Karin Herrera, ambos en puestos simbólicos del poder Ejecutivo, sin poder, claramente jugando de sordos, de ciegos y de mudos, no han dicho nada de este aberrante proceso de captura de la Universidad Pública, de captura de la educación pública superior. La ministra Giracca tampoco dice esta boca es mía y este problema de la educación superior de Guatemala tiene que ver con mis funciones. Nada. A la Usac la sacrificó, la vendió el gobierno de la nueva primavera que no ha servido para casi nada sino para darle a los guatemaltecos falsas esperanzas.   

Ante el descaro institucional, no solamente de los captores tradicionales de siempre, la oligarquía, el Pacto de Corrutos y ante el silencio cómplice de un gobierno pseudo democrático de incompetentes, léase Bernardo Arévalo y su niña exploradora, más inútil que un candil apagado en la noche, Karin Herrera, no queda más que entender que estamos solos. No podemos guatemaltecos perder a la Usac. Los docentes no podemos seguir en silencio, mirando hacia otro lado, diciéndonos a nosotros mismos que no se puede hacer nada. 

La Usac sigue siendo la prueba de fuego de la democracia guatemalteca. Si se permite que una elección viciada se consolide, se estará enviando un mensaje devastador: que incluso la institución nacida de la Revolución de 1944 puede ser domesticada. La justicia no depende exclusivamente de jueces o magistrados. La justicia depende, sobre todo, de una ciudadanía consciente que se niegue a normalizar el abuso. Esa es nuestra función, defender, pelear por un país mejor, rescatar a la Universidad Pública como bastión de nuestra democracia. Hagámoslo guatemaltecos, hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.

telegram
Facebook comentarios