¿Qué pueden hacer gobiernos progresistas ante el ataque militar de EEUU contra Venezuela?
Marco Fonseca
Los llamados a “respetar el derecho internacional” y el sistema de la ONU (Artículo 2.4 de la Carta de la ONU) son moralmente correctos, pero políticamente ineficaces ante el ataque criminal de Trump contra Venezuela. Esto no es diplomacia. Es violencia neoimperial disfrazada de legalidad.
El derecho internacional no es opcional, pero se ha reducido a retórica y cenizas mientras Estados Unidos lanza una agresión contra un Estado soberano. La Carta de la ONU no fue diseñada para ser una consigna ni un tema de debate académico. Es un compromiso concreto contra precisamente este tipo de intervención.
El problema de fondo es que los gobiernos latinoamericanos, incluidos los de países grandes y con peso regional como Brasil y México, carecen hoy de leverage efectivo frente a Washington. Sus márgenes de presión económica, militar o institucional son limitados o inexistentes. En ese contexto, la ruptura de relaciones diplomáticas no es un gesto simbólico vacío o ligero, sino un recurso político de última instancia que adquiere todo su significado precisamente ahora, en el momento en que Trump ha decidido cruzar la última línea roja.
Las naciones democráticas de América Latina deben dejar de emitir condenas débiles y adoptar contramedidas reales: romper relaciones diplomáticas con Estados Unidos mientras Trump y su proyecto neoimperial de 2025 permanezcan en el poder. Cualquier otra cosa es adaptación pasiva o complicidad activa.
Para que el respeto al derecho internacional sea significativo, debe tener consecuencias. El silencio o la tibieza de gobiernos democráticos, dentro y fuera de la región, solo envalentonan al imperio. La verdadera solidaridad no se mide por declaraciones educadas, sino por decisiones políticas que implican costos.
El ataque de Trump contra Venezuela expone la bancarrota de unas instituciones globales incapaces de hacer cumplir sus propias normas. Las verdaderas democracias latinoamericanas deben asumir el liderazgo y articular una postura regional clara: una ruptura diplomática coordinada con Estados Unidos hasta que se restablezca el respeto a la soberanía, al derecho internacional y a los límites básicos que hacen posible un orden mundial mínimamente civilizado.
Fuente: https://marcofonseca.substack.com
