Perú: Los marginados regresan

Zurdo

Miguel Angel Sandoval

Aunque no sea totalmente cierto y demostrable, ocurre que las crisis políticas de ese país han pasado como si fuera en dos planos, que en ocasiones no tienen mayor relación, salvo acaso en una de las ocasiones que vimos a uno de tantos presidentes ir a la cárcel. Es el momento cuando Castillo, expresidente del sombrero, fue defenestrado por el congreso convertido en una suerte de suprapoder, en realidad la tragicomedia permanente de ese país.

Aunque en esa ocasión como ahora, hay la presencia de un fuerte movimiento social que viene desde el campo, con expresiones urbanas coyunturales, Pero en el campo, es la voz de la exclusión histórica, que ahora parece que regresa renovada. Y eso es un dato a tener en cuenta. A pesar de todo lo que se pueda decir, en el Perú existe un hartazgo ante las políticas de corte neoliberal que todos los 9 o 10 presidentes defenestrados impulsaron sin chistar. Salvo el intento de Pedro Castillo.    

Dicho de otra manera, la segunda vuelta en donde es casi seguro que participará Roberto Sánchez Palomino, quien fue ministro de comercio exterior de la misma corriente que el expresidente Castillo que continúa en prisión. Esto nos coloca ante un fenómeno que debe dar mucho que hablar. Estarían en segunda vuelta, Keiko Fujimori, conservadora rematada, expresión acabada de las políticas neoliberales y heredera del legado del “chino” Fujimori, condenado a prisión por violaciones a derechos humanos en grado de genocidio. e

Y, de otra parte, Roberto Sánchez, que en esta elección representa al campo peruano, que había tenido en Pedro Castillo un momento de ilusión antes de que el hombre del sombrero fuera defenestrado con falsas acusaciones y conspiraciones de todo tipo. El fondo de ello fue el intento de romper con la tradición neoliberal de sus antecesores. En especial, el chino Fujimori, padre de Keiko que, en representación de la ola neoliberal, es la carta de las elites dominantes de ese país, tan racista como el nuestro.

Uno de los principales obstáculos para la democracia peruana, se encuentra, como aquí, en la dispersión de la “clase política” que, a falta de ideologías, se mueve en los terrenos sórdidos de la corrupción. Y como todo indica, con expresiones políticas que no entienden de alianzas, que no ubican al enemigo principal y que todas esas expresiones pretenden ser las únicas sobre la faz de la tierra. Es quizás el mayor desafío. Construir la mayoría en la segunda vuelta, sin presiones ni chantajes, pero con el objetivo de derrotar la herencia del dictador Fujimori.

No olvidar que es uno de los países en donde la empresa Odebrecht tuvo más éxito. No es casual que, si se me permite una exageración, una docena de ex presidentes hayan sido acusados de corruptos y muchos de ellos hayan ido a prisión. Un caso único en el mundo, pues no se trató de un caso aislado, sino de una práctica recurrente, asumida, pero, sobre todo, avalada por la cantidad de partidos políticos sin ideología y sin mayores principios.

Este será un obstáculo para un eventual gobierno de las izquierdas en el Perú, que Roberto Sánchez representa. Aunque antes de esto, habrá que ganar la segunda vuelta y derrotar al neoliberalismo de la banda Fujimori. Aunque, dicho de otra manera, resulta que a pesar de la tendencia neoconservadora que se observa a nivel mundial, siempre existen posibilidades a proyectos de corte popular y contenido social. En Perú, ahora vemos renacer las ilusiones a las grandes mayorías excluidas.

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