Messi, el Mundial de fútbol y la frustración de no ser exitoso

JAIROaLARCO

Autor: Jairo Alarcón Rodas

La envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.

H. Jackson Brown Jr.

El Mundial de fútbol ha finalizado y la selección de España ha quedado como la campeona del mundo, justa ganadora que demostró ser la mejor. Al margen de tal triunfo en la justa deportiva, que ha reunido a selecciones de los cinco continentes, mostró detalles que constituyen una vergüenza dentro de la máxima competencia del fútbol. Sobresaliendo la intervención de la política belicista de Donald Trump en la FIFA.

Dentro de la parafernalia que envuelve el torneo, las críticas a determinadas selecciones no se hicieron esperar, en las que la selección Argentina y su capitán, Lionel Messi, han sido los principales objetos de censura. Pero, a qué se debe tal aversión, cuál es la razón a tales críticas.

El síndrome de la amapola alta consiste en la tendencia social a criticar, resentir o menospreciar a quienes sobresalen del promedio, muchas veces por simple frustración. Sin duda que el ser exitoso, para una persona, en las condiciones en las que se presenta en gran parte del mundo, en el que prevalece el capitalismo, el egoísmo y la competencia desleal, es dado para muy pocos.

En tales circunstancias, los herederos de fortunas, los serviles, aduladores, tramposos e inescrupulosos son los que mayor ventaja tienen de alcanzar el éxito sobre los demás, máxime si el ser exitoso se traduce en tener, en poseer riqueza, en adquirir un puesto de mando, estatus.

Lograr condiciones dignas de vida para el sector laboral resulta muy difícil de lograr, dado que, por lo regular, el sector empresarial prioriza el capital sobre el factor humano, al empresario le importa poco el bienestar de los trabajadores. De ahí que, en sociedades en las que el Estado no posibilita el desarrollo de sus habitantes, no facilita las oportunidades necesarias para alcanzar su bienestar, en muchos casos la frustración y la miseria hacen presa de ellos.

Así, en sociedades en las que la valorización del ser humano deja de ser prioritaria, sentimientos como la envidia, la hipocresía, el rencor y la deslealtad se fortalecen. Ya no se ve al otro como a un semejante sino como a un rival, un adversario. Dentro de se ambiente aciago, no es de extrañar que, a una persona con virtudes, diferente, sea mal vista, provoque envidia, caiga mal.

Desde hace algún tiempo, la figura de Lionesl Messi ha sido tema de conversación en círculos deportivos, para unos es el mejor jugador de todos lo tiempos, que puede mostrar sus éxitos en el fútbol como pocos jugadores en el mundo. Otros, en cambio, desestiman sus logros, consideran que ha sido favorecido institucionalmente, en fin, que no es el mejor jugador. Todo depende de la objetividad y el fanatismo con que se juzgue su trayectoria deportiva.

Los que no son simpatizantes de Messi llegan al extremo de traducir su antipatía en odio, en desprecio irracional. Pero ¿por qué su presencia despierta tanto rechazo? La respuesta puede que esté en el ambiente de frustración y desvalorización humana que provoca envidia en las personas inseguras y de baja estima lo que, sumado a su fanatismo, ocasiona ese sentimiento sobre las personas exitosas, como lo es el futbolista argentino.

En este mundial se ha criticado la labor arbitral, pero muchas veces solo se exaltan las fallas que han favorecido a Lionel Messi o a la selección argentina, evidentemente la labor arbitral ha dejado mucho que desear, pero, sin duda, ha favorecido y perjudicado a indistintas selecciones.

Arreglar los mundiales para que Messi sobresalga es una suposición remota que requeriría, para hacerse efectiva, que muchos de los participantes estén confabulados para que eso sucediera. Messi no requiere de ayuda para brillar y en el campo lo ha demostrado con creces a lo largo de muchos años.

Se habla que en el actual mundial, se le han regalado penaltis a Argentina, al margen de su veracidad, al ser cobrados por el capitán de esa selección, en ambos casos, han sido errados, por lo que en nada han incidido en los resultados finales. No obstante, comentaristas, fanáticos en las redes, detractores de la imagen de Lionel Messi, no han desaprovechado la oportunidad para denostar al jugador.

Para los que admiran el fútbol, sin fanatismos, para los que critican la comercialización que degrada el deporte en sí, los jugadores, los equipos, las selecciones deben ser admiradas y aplaudidas por lo que hacen en la cancha, por las virtudes que demuestren, por su garra y voluntad.   

No se puede negar el talento natural del futbolista argentino, ya que, a lo largo de su trayectoria como futbolista, no solo ha sido un excepcional goleador, en las que, en 32 ocasiones distintas, lo ha logrado, tanto en ligas locales, torneos de selecciones como en competiciones internacionales de clubes, sino también el mejor asistidor y creador de juego. Su comprensión del espacio, su precisión en el pase y su habilidad para resolver situaciones complejas en fracciones de segundo lo convierten en un jugador total, a lo que hay que agregar ocho balones de oro.

En fin, Messi no necesita de adulaciones falsas pues por más de 22 años ha prevalecido dentro de la élite del fútbol mundial con su magia natural, con sus goles y asistencias, que lo diferencian del resto de los futbolistas élite del planeta. Pretender denigrar su imagen deportiva, desprestigiar sus logros dentro del futbol, es adoptar una actitud mezquina, digna de personas frustradas e inseguras.

El síndrome de la amapola alta, es un mal que padecen muchas personas, que aflora en distintos ámbitos de la sociedad, no solo en el ámbito deportivo, causando males dentro de las relaciones personales ya que frena la innovación y la diversidad de ideas, ya que desincentiva la excelencia y promueve la mediocridad, provocando que muchos opten por el autosabotaje o la autocensura por miedo a destacar. En sí, promueve la mediocridad y la discordia.

Los envidiosos suelen levantar barreras para protegerse, pero terminan estancadas en actitudes ruines lo que, al final, a ellos mismos les causa mayor daño al no dejarlos vivir en paz con sus miserias.

Terminó el Mundial y Lionel Messi puede estar seguro de que cumplió con darle brillo al fútbol, con brindarle alegrías a los que aman a ese deporte. y a sus 39 años, como pocos deportistas en el fútbol lo han hecho, demostró lo qué es jugar con corazón, su paso por las canchas deportivas quedará a la posteridad.

Vendrán nuevos jugadores, nuevas estrellas, pues es innegable que el talento reaparecerá en el deporte más popular del planeta, en otros botines, no obstante, genios como él, extraordinarios jugadores de fútbol,  serán difíciles de superar.    

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