Guatemala, último lugar en aprendizaje y primero en acoso
Fernando Cajas
PISA 2025 nos volvió a fotografiar. Somos los últimos de América Latina en ciencia, matemática y lectura. Pero, pero en acoso escolar, somos los primeros. Esa es la escuela que construimos.
Ciencias: 351 puntos. Lectura: 337. Matemática: 334. La OCDE promedia 482, 461 y 463. El 8 por ciento alcanza el mínimo en matemática; el 17 en lectura; el 21 en ciencias. Cero por ciento en la cima. El 75.6 por ciento queda bajo el Nivel 2 en las tres áreas a la vez. Tres de cada cuatro. Caímos 22 puntos en ciencias, 37 en lectura, 10 en matemática. Veinte puntos son un año de escolaridad. En lectura perdimos casi dos.
Y el mismo informe, el que Prensa Libre recogió esta semana, dice lo otro: uno de cada cuatro estudiantes guatemaltecos sufre acoso escolar al menos dos veces al mes. El 25 por ciento. El promedio de los 91 países ronda el 20. El 4 por ciento, además, sufre acoso en línea, con exposición de datos personales. El aumento desde 2022 no es “un problema nuestro”: subió en casi todo el mundo. Aquí, sin embargo, se suma al último lugar regional en ciencia, lectura y matemática. Últimos donde hay que saber. Arriba del mundo donde hay que humillar.
No es un dato de “clima escolar” para un taller de valores. Es la misma aula. El que no entiende un párrafo y no suma fracciones es, con alta probabilidad, el que llega con miedo, el que falta, el que se esconde. El 43 por ciento faltó al menos un día en las dos semanas previas a la prueba; en la OCDE, el 22. El 35 por ciento se saltó al menos una clase. Una de cada tres escuelas reporta ausencia de maestros. Una de cada dos, escasez de libros, computadoras o material. El 53 por ciento de los estudiantes asiste a centros donde la falta de recursos dificulta enseñar. El acompañamiento familiar —que alguien pregunte cada semana qué hicieron en la escuela— bajó del 69 al 55 por ciento.
Así no se aprende. El aprendizaje es social. No es repetir el pizarrón. Es participar en una comunidad que describe, explica, predice y justifica. Una comunidad que acosa no es una comunidad de aprendizaje. Es un territorio. El niño que es dejado de lado, amenazado, golpeado o expuesto en una red no está “distraído”. Está sobreviviendo. Y quien sobrevive no modela un fenómeno científico ni interpreta un gráfico.
Eso no empezó a los 15 años. Empezó antes. La ENDESA 2025 midió 42 por ciento de menores de cinco años con retraso de talla. En el área rural, 48. Totonicapán, cerca del 70. Huehuetenango, cerca del 60. Quiché, 56. La desnutrición crónica no es el niño flaquito con el estómago grande. Es el bajito que come, anda y parece “normal”, pero cuyo cerebro se construyó en déficit. Ese niño no aprenderá fácil. Si encima lo acosan dos veces al mes, la escuela termina lo que el hambre empezó.
Un país que entrega a sus niños desnutridos y acosados es un país que no tiene futuro, ni cosechas de qué hablar.
Tampoco es solo pobreza. Es pedagogía y captura. Currículos formales. Repetición. Formación docente improvisada. Universidades que no investigan cómo se aprende y, aun así, titulan maestros. El pacto colectivo de 2008 le entregó al STEG, con Joviel Acevedo, veto sobre capacitación, supervisión y evaluación. De los ministros de la UNE de Álvaro Colom a los de Alejandro Giammattei, el ministerio se administró como botín. Anabella Giracca remoza institutos y recupera el control del MINEDUC. Bien. Remozar la pared no enseña a leer ni detiene al que humilla en el recreo. El problema central no es la infraestructura. Es el aprendizaje. Y el aprendizaje no ocurre donde hay miedo.
PISA, el aprendizaje real, no pide otro discurso diplomático ni otro protocolo que nadie cumple. Pide proteína en los mil días. Pide un aula donde el maestro esté y sepa enseñar. Pide pocas ideas, bien enseñadas. Pide que la escuela deje de ser el lugar donde uno de cada cuatro es agredido dos veces al mes. Pide una universidad pública que investigue el aprendizaje y deje de ser botín.
Los números ya no se esconden. Sonos los últimos en matemática, lectura y ciencias y los primeros en acoso.
