Crónicas del Mundial: España campeón. Y el fútbol, también.
(O cómo Argentina descubrió que la garra no siempre alcanza)
Con justicia, ganó España. El mejor equipo de todo el campeonato.
España se coronó campeona del mundo de fútbol porque jugó mejor, tuvo más la pelota y supo aprovechar una de las tantas oportunidades que tuvo para anotar. Argentina recurrió a la garra, la fuerza y empujó —igual que en otros partidos— al final. Pero fue insuficiente. Su juego no daba para nada más. Porque el fútbol, como la vida, no se gana solo con empujar. Hay que tocar, hay que mover, hay que pensar. Y España pensó mejor.
El partido fue un espejo de lo que fueron ambos equipos en el torneo. España, un equipo que construye, que asocia, que no se desespera. Argentina, un equipo que sobrevive, que espera, que confía en que Messi o el VAR o el destino le den una mano. Y esta vez, el destino se puso la camiseta roja.
El sueño argentino se quedó largo… como el pase de Messi
Para los argentinos, el sueño les quedó largo. Sobre el tiempo extra, apurados por el marcador en contra, buscaron el empate y pusieron en peligro el arco español. Pero durante todo el encuentro defendieron, cortaron el juego como siempre lo hacen —golpeando de más—, pero contenidos. Con excepción de Paredes, que entró a golpear, porque en Argentina, cuando el fútbol no alcanza, siempre hay un plan B. El plan B es el mismo que el plan A: empujar, protestar y esperar que alguien resuelva.
Al final, insistiendo, Argentina no pudo defender, y ganó el mejor. El fútbol, como la justicia, a veces tarda, pero llega.
Messi nunca encontró el pase perfecto. Sus pelotazos largos buscando a Julián Álvarez —que no apareció— y a Nico González —que se fue apagando poco a poco— nunca encontraron un receptor ideal. El mediocampo argentino no tuvo la fluidez que requería el partido. De Paul, como siempre, nada de mucho. Mac Allister solo trascendía con faltas. Y el Dibu, que fue salvador durante todo el torneo, esta vez no pudo con el remate de Ferran Torres.
Los titulares de la prensa argentina: el arte de la autocompasión
La prensa argentina, fiel a su estilo, se deshizo en elogios para Messi y apenas mencionó al resto. Una selección de lo más jugoso:
- Olé: «Argentina dejó todo y cayó de pie: España merecido campeón del Mundial 2026. España fue más.»
- La Nación: «Argentina resistió hasta donde pudo, pero España encontró en el alargue el gol que la consagró campeona del mundo»
- Página/12: «Una tristeza que huele a pueblo»
- Clarín: «Dibu salvó, pero Ferran no perdona. España campeona.»
Porque en Argentina, cuando se pierde, siempre hay un consuelo: «Messi es el mejor». Pero el mejor no ganó. Y eso, aunque duela, es la verdad.
Scaloni: el único argentino sensato (o el que se atrevió a decirlo)
Scaloni fue el primero de la Albiceleste en tomar la palabra. «Han sido mejores, la verdad», dijo. Y no le faltó razón. Agradeció el esfuerzo a sus jugadores y felicitó a la ganadora. Scaloni, que había llevado a Argentina a la final con una mezcla de suerte, garra y Messi, reconoció que esta vez no alcanzó.
Algunos dirán que es humildad. Otros, que es honestidad. Pero en un país donde el fútbol es religión y la derrota es pecado, las palabras de Scaloni sonaron a herejía. La afición argentina, que había vivido dos años de gloria, se quedó con las ganas de un bicampeonato que nunca llegó.
España: el equipo que no se desespera
España no tuvo la claridad de otros partidos. Se complicó más de la cuenta, porque su delantera nunca encontraba el arco. Pero al final, llegó la anotación que evitaba los tiros de penal y supo aguantar los últimos minutos para alzarse con la copa. En defensa, los españoles nunca perdieron la calma. Supieron cortar las pelotas a profundidad que Messi lanzaba.
Nico Williams nunca dio por perdida la pelota. Y de cabeza se la colocó atrás para la entrada de Ferran Torres, que sin defensa reventó el arco del Dibu, hasta ese momento el salvador. Ferran Torres, el hombre que no estaba en las portadas, el que no tenía un documental en Netflix, fue el héroe de la final. Porque el fútbol, como la vida, a veces no se gana con estrellas, sino con jugadores que aparecen cuando nadie los espera.
Ganó el fútbol, perdió Infantino
Y al final, ganó el fútbol. Ganó el equipo que jugó mejor. El que no dependió de una llamada telefónica de Trump. El que no necesitó del VAR para avanzar. El que no se escondió detrás de la garra o la suerte. España fue campeona porque fue el mejor equipo de todo el torneo.
Infantino, por su parte, perdió. Porque su Mundial de tres países, de precios exorbitantes, de polémicas y de injerencias políticas, terminó con una final de fútbol. Y el fútbol, a pesar de todo, se impuso. El negocio perdió contra el deporte. Y eso, en el fondo, es una victoria para todos.
Cierre: el fútbol como espejo de la justicia
Argentina se fue con la cabeza en alto, pero con las manos vacías. España se fue con la copa y con la certeza de que el fútbol, a veces, es justo. Messi se fue sin su segundo Mundial, pero con el respeto de todos. Y el fútbol, como siempre, siguió su curso.
El fútbol, como la vida, no es justo. Pero, a veces, la justicia se disfraza de fútbol. Y España, con su toque y su paciencia, nos recordó que el deporte más hermoso del mundo todavía puede ser hermoso. Y que, al final, el que juega mejor, gana.
Nota final: Esta crónica es una mirada irónica al Mundial, sus contradicciones y sus miserias. Si el fútbol es el espejo de la sociedad, este Mundial refleja un mundo donde el dinero, el poder y la hipocresía deciden el juego. Y los sueños, como los balones, a veces entran, a veces no. Pero siempre hay alguien dispuesto a cobrar por el espectáculo. Y, en este caso, un Ferran Torres dispuesto a recordarnos que el fútbol, a veces, también es justicia divina.
