La era del capitalismo político

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Dylan Riley

Traducción: Natalia López

El capitalismo está mutando. El sistema en el que vivimos hoy ya no extrae la riqueza en función del poder de mercado, sino que lo hace a partir del control del poder político.

egún el minucioso reportaje de David Kirkpatrick en The New Yorker, Donald Trump y su familia han amasado 4 mil millones de dólares desde el inicio de su presidencia mediante una vertiginosa variedad de artimañas, la mayoría de las cuales parecen estar diseñadas para inflar el valor de sus activos (sus inversiones en criptomonedas, sus clubes de golf y hoteles, etc.).

Además, los investigadores alegan que Trump ha utilizado su cargo para manipular el mercado de valores con el fin de enriquecerse, que se ha apropiado de enormes cantidades de dinero asignado por el Congreso y que parece decidido a convertir al Servicio de Impuestos Internos en un instrumento para su propio beneficio.

Todos estos supuestos métodos de extracción de riqueza dependen directamente de la posición política de Trump y ejemplifican una intensificación del fenómeno ampliamente documentado de la inflación de los precios de los activos impulsada políticamente, que ha sido tan marcada en las últimas dos décadas.

Para el economista Stephen Maher, sin embargo, no hay mucho que ver aquí. En una crítica a mi reciente entrada del blog Sidecar titulada «No Substitute», afirma que «la noción de que la inversión productiva está dando paso a la especulación improductiva» es un «dogma de la izquierda», del que ofrece una crítica tanto conceptual como empírica. 

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Conceptualmente, dice Maher, «la renta es una deducción de la producción total generada en toda la economía» y, por lo tanto, «no puede expandirse sin límite», aunque no se revela cuál es exactamente este límite ni cómo sabríamos que se ha alcanzado. Empíricamente, Maher aduce el hecho de que las grandes empresas tecnológicas invierten fuertemente en nuevas tecnologías y han obtenido en su mayoría la tasa media de ganancia y, por lo tanto, no son rentistas.

Esta crítica especifica erróneamente la visión que pretende abordar. De hecho, ni siquiera menciona el concepto central en el que se basa esa visión: el capitalismo político. La tesis del capitalismo político es muy diferente de lo que Maher denomina de diversas maneras neofeudalismo, capitalismo rentista o capitalismo monopolista. A diferencia de Maher, reconoce plenamente que las grandes empresas tecnológicas han sido competitivas y han realizado inversiones. Como Robert Brenner y yo señalamos en «The Long Downturn and its Political Results»:

Ciertamente, a las grandes empresas tecnológicas les gustaría ser monopolistas y han hecho todo lo posible por asegurarse el apoyo directo del Estado para su esfuerzo. Pero el hecho es que las empresas del sector tecnológico siguen estando sujetas a la restricción competitiva, dependiendo de la inversión y de condiciones de avance técnico altamente rivalizantes.

La cuestión es más bien que, entrelazado con la economía productiva y lastrándola, existe un sector improductivo, depredador y extractivo en el que las tasas de rendimiento se basan principalmente en relaciones políticas más que en la inversión productiva. ¿Realmente niega Maher esto? Es difícil ver sobre qué base lo haría.

¿Qué hay de la crítica conceptual de Maher? Maher afirma que las rentas solo pueden existir mediante el establecimiento de «ventajas de mercado que no pueden ser eliminadas por la competencia». Pero dado que existe competencia, para Maher, no puede ser que las actividades rentistas sean sistemáticamente más rentables que las actividades productivas porque, si lo fueran, el capital se vertería en el sector rentista, y esto igualaría los rendimientos entre ambos a través de la competencia. En otras palabras, a mediano plazo las rentas deberían desaparecer.

El problema central de esta crítica es que presupone que las rentas son relaciones de mercado distorsionadas. Dado que este es el punto de partida de Maher, solo puede concebirlos como una manifestación del poder monopolístico. (Esta es una de las razones por las que confunde erróneamente la tesis del capitalismo político con la del capitalismo monopolístico). Pero hay muchas formas de renta que no tienen nada que ver con los mercados y, por lo tanto, no dependen de los monopolios.

Un ejemplo obvio de esto es la apropiación directa de los ingresos fiscales para fines privados, cuyos ejemplos están por todas partes en los titulares. La administración Trump, la familia Trump y los iniciados con conexiones políticas supuestamente no utilizan el poder de mercado para cobrar precios más altos por sus productos de lo que de otra manera podrían hacerlo y así recaudar una «renta de monopolio».

En cambio, según amplios reportajes, el más reciente de David Kirkpatrick en el New Yorker, canalizan fondos directamente del Tesoro hacia ellos mismos y su grupo. Lo decisivo para el grupo de Trump es el poder político, no una posición favorable en el mercado, ni siquiera la propiedad.

Aunque este no es, sin duda, el único caso de capitalismo político, y el verdadero significado económico del saqueo trumpista aún espera un estudio empírico, tiene la ventaja de mostrar el mecanismo en funcionamiento y la necesidad de nuevas herramientas conceptuales para comprenderlo. Maher insiste, si es que hay que tomar en serio su título, en que vivimos en la era del «hipercapitalismo», un «sistema fuerte, rentable, dinámico y competitivo».

Plus ça change, plus c’est la même chose. Alguien debería darle la buena noticia a las tasas de crecimiento fuera del sector tecnológico.

Fuente: https://jacobinlat.com/2026/06/la-era-del-capitalismo-politico/

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