El 9 de mayo, El Día de la Victoria.
Autor: Jairo Alarcón Rodas
El olvido es una forma de mentira.
Svetlana Alexievich
“La historia oficial” tiene la particularidad de promover e imponer todo aquello que beneficie a los sectores de poder, de ahí que unos hechos sean resaltados y otros, en cambio, ocultados, invisibilizados con el propósito de hacer creer que no ocurrieron. Y así, lo acontecido en la Segunda Guerra Mundial, lo dantesco que fue, es mostrado, resaltando el papel protagónico de Estados Unidos, en detrimento de los aportes significativos del Ejército Rojo de la Unión Soviética en la liberación del mundo, del yugo alemán.
El historiador no es un personaje que transcribe con plena objetividad los hechos del pasado, pues es un sujeto que tiene preferencias, no es del todo emotivamente neutro y, por otra parte, usualmente recurre a fuentes indirectas, a información referida; a pesar de ello, el fin del historiador es acercarse lo más posible a los sucesos que ocurrieron en el pasado.
Consecuentemente, tal impase amerita el surgimiento de la historiografía, que es el estudio crítico de cómo se escribe la historia, analizando los métodos, fuentes y sesgos de los historiadores. Por lo que, para saber con mayor propiedad lo que ocurrió en el pasado, no solo es pertinente leer relatos históricos, es necesario verificar las fuentes, proceder con escepticismo.
Por lo tanto, un análisis historiográfico, al ser un estudio científico de la historia, repara en los métodos, fuentes e interpretación de los historiadores. Es la disciplina que examina el contexto y sesgos del autor para entender cómo se ha construido el relato del pasado. Y es ahí en donde los hechos del pasado adquieren credibilidad. Sin embargo, la historia oficial, la narrativa del pasado construida, autorizada o patrocinada por un régimen, gobierno o grupo de poder es la que se difunde como estrategia de dominación ideológica.
Pero a quiénes les interesa si lo descrito por la historia corresponde efectivamente a los hechos que acontecieron en el pasado. Únicamente a los sujetos críticos que no aceptan por verdad cualquier información sobre el pasado y a los científicos de la historia. No aceptar como verdad ninguna cosa que no se conozca evidentemente fue el legado del filósofo racionalista René Descartes.
Los que han sido alienados por el sistema, deformados ideológicamente, no aceptarán evidencias que contradigan sus creencias y, al igual que los cavernícolas de Platón, defenderán sus sombras, incluso recurriendo a la violencia.
Es muy frecuente que aquellos limitados por la ignorancia acepten por verdad la versión oficial y procedan siempre a través del sesgo de confirmación, que es la tendencia psicológica inconsciente a buscar, interpretar, favorecer y recordar información que confirma las creencias o hipótesis preexistentes de una persona. Intentar sacarlos de la ignorancia resulta ser una tarea colosal, mas no imposible de realizar. De ahí la importancia de destruir la realidad fetichizada que imponen los que tienen el control de la educación y los medios de comunicación.
En la actualidad, se conocen abundantemente, a través de diversas fuentes históricas, las crueldades que padeció el pueblo judío, su sufrimiento, los abusos cometidos en su contra a manos de La Wehrmacht, fuerza de defensa del ejército unificado de la Alemania nazi. Se enseña en las aulas, discursos políticos, se discute sobre el Holocausto judío, en el que cerca de 6 millones de su población fue exterminada en campos de concentración.
Y es que la historia es una ciencia que permite conocer el pasado para entender el presente y construir el futuro. Los seres humanos, al ser seres que acumulan experiencias, en donde el ensayo y el error están presentes, usualmente reparan en lo que les ha sucedido para tomarlo en cuenta en su proceder, reflexionando en lo que han acertados y en lo que han fallado, para no incurrir nuevamente en el error, he ahí la importancia de la historia.
A pesar de eso, decía Aldous Huxley: Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia. La imbecilidad y la maledicencia es un mal permanente en la especie humana y es por lo que, reiteradas veces, se incurre en el error, no obstante, aceptarlo conscientemente es un acto de perversión. Por otra parte, aún persisten el deseo de dejar testimonio de lo que se ha hecho.
Los hechos históricos merecen ser conocidos y en el caso de las acciones perpetradas en contra de aquellos que, Adolfo Hitler y el nazismo, consideraron sus enemigos, en el que había una combinación de utilidad, prejuicios, maledicencia y crueldad, es necesario que se conozcan para evidenciar lo que es capaz de permitir toda un país que sucumbe a nacionalismos desmedidos y, desde ahí, promueve el racismo, el odio, que fomenta la supremacía de una etnia y justifica con ello tan vergonzosos actos de maldad.
De modo que los hechos terribles ocurridos en los campos de concentración nazi, como en Auschwitz-Birkenau, así como en Treblinka, Belzec, Sobibor, las muertes de población civil judía, los horrores que sufrieron, ha sido profundamente expuesto y difundido por libros, relatos, películas, series de televisión, en fin, ha sido tema de discusión en escuelas, universidades del mundo, no así lo ocurrido a la población soviética, las muertes de civiles, el hambre que padecieron, su exterminio, eso fue silenciando, invisibilizando intencionalmente.
Lo dantesco, lo macabro que produjo el ejército nazi, en contra de todos aquellos que le resultaran un obstáculo para sus repulsivos fines, culturas, pueblos, personas, ha pasado casi inadvertido, a pesar de la magnitud de lo ocurrido.
Cerca de 26.7, 27 millones de rusos murieron a manos de la Wehrmacht, fuerza de defensa alemana, de los cuales 17.74 millones fue población civil. La unión Soviética sufrió una invasión brutal con batallas épicas como las de Stalingrado y Leningrado y una política de tierra arrasada por parte del llamado Tercer Reich. A ello se le suma las muertes de la población civil de distinto países como la polaca, la de gitanos, discapacitados y homosexuales, entre otros.
Por qué esos grandes detalles de la historia han quedado ocultos, por qué se piensa que Europa fue liberada de la bota nazi por el ejército estadounidense, por qué se les considera a ellos los héroes de la liberación de tan vergonzoso pasaje de la historia. Todo eso amerita una aclaración.
El general George Patton, uno de los cabecillas de la misión de los Aliados, expresó algo que puede dar respuesta a tal interrogante: “Luchamos contra el enemigo equivocado”. Para Estados Unidos y al final para los países europeos, era más peligroso el comunismo, que las bestialidades cometidas por los nazis.
El miedo que representó el comunismo para Estados Unidos determinó la integración de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, después de la victoria en contra del ejército alemán. Temor que continúa hasta hoy, en lo que se ha dado en llamar la “rusofobia”, a pesar de que actualmente La Federación Rusa dejó de ser socialista.
Pese a toda una campaña de ideologización occidental, comandada por Estados Unidos, el 9 de mayo es una fecha que se debe destacar, pues se conmemora el día que el mundo fue liberado del nazismo y que fue el ejército rojo, de la Unión Soviética, el que determinó su caída.
El mundo no puede olvidad que 27 millones de rusos murieron, en La Batalla de Stalingrado (agosto 1942 – febrero 1943) es considerada la batalla decisiva y el punto de inflexión fundamental en el que Hitler perdió la guerra en Rusia. Que los mártires de esa nación fueron los que no permitieron el avance nazi en el mundo.
Basta recordar la Operación Barbarroja, en la que cerca de tres millones de soldados nazis, el 22 de junio de 1941, emprendieron la más grande ofensiva militar terrestre de la historia, sobre territorio de la Unión Soviética, destinada sustancialmente a destruir el comunismo, conquistar territorios, apropiarse de los recursos de esa región. Siendo una acción militar que pretendía el exterminio, que buscaba esclavizar y diezmar a la población rusa, como era el proceder recurrentemente del ejército alemán del Tercer Reich.
Operación que fue recibida por el Ejército Rojo y pueblo soviético con feroz resistencia lo que dio por resultado millones de muertos, por parte del ejército y población soviética. No obstante, lo que presagiaba Hitler, ser una victoria fácil, terminó siendo una pesadilla y el fin de los nazis en su aventura por apoderarse y esclavizar al mundo.
Sin embargo, la población civil soviética fue sometida, por el ejército nazi, a un regimen de terror, planeado como una guerra de aniquilación. Constituyendo un esfuerzo deliberado por destruir a las personas consideradas racionalmente inferiores y esclavizar a los supervivientes. 1700 ciudades y 70 000 pueblos fueron arrasados; 32 000 fábricas destruidas; 27 millones de muertos…
De unos 5,7millones de soldados del Ejército Rojo capturados, 3,3 millones murieron de hambre o ejecutados en campos al aire libre, sin refugio ni comida, en una violación masiva de las leyes de guerra. El costo que pagó la unión soviética para la liberación fue sustancialmente alto y no es posible que quede en el olvido.
No se puede dejar de lado el odio visceral que Adolf Hitler le profesaba a los comunistas, a los que veía como su mayor enemigo. Y es claro pues, los principios del nazismo, de la supremacía racial y estratificación social, se oponían radicalmente a los postulados del comunismo, que promulgaba una sociedad sin clases y, no solo eso, el fin del conservadurismo capitalista. En definitiva, constituían dos posturas políticas diferentes.
Hitler popularizó el término “judeo-bolchevismo” pues consideraba que el comunismo era una invención judía, clasificando a esta corriente político-económica no solo como un error político sino como una “enfermedad” a exterminar. Y eso era lo que pretendían los nazis al aventurarse a invadir la Unión Soviética, pero no contaban con la resistencia del Ejército Rojo y la de su población, que los derrotó y puso fin a la Segunda Guerra Mundial.
A pesar de ello, el año pasado, el 1 de enero de 2025, en entrevista que Elon Musk le realizó a la empresaria y candidata a canciller alemana, por el partido ultraderecha AfD, Alice Weidel afirmó que Adolf Hitler era un comunista y el Tercer Reich socialista. Hasta dónde puede llegar tan aberrante tergiversación de los acontecimientos históricos, con vistas a fines políticos, los que son capaces de mentir e intentar engañar a la opinión pública de esa forma.
La ideologización, como parte del enmascaramiento de la realidad, dirigido por los sectores hegemónicos, como es el caso de Estados Unidos y sus países aliados, ha sido del modus operante dentro del contexto de la supremacía del poder. Y así, al mejor estilo de Joseph Göbbels, se tiene que obtener el control de los medios de comunicación, el uso de la mentira y el ocultamiento de la verdad, para mantener a la población en la ignorancia, así como el fomento de los distractores y entretenimiento.
No obstante, la verdad clama por ser mostrada ante el mundo y, en este caso, los hechos no admiten discusión sobre la actitud de Adolf Hitler y el proceder del nacismo, durante la Segunda Guerra Mundial, ideales que, curiosamente, coinciden con los preceptos de la ultraderecha en el mundo. De ahí que son las evidencias del pasado las que desvirtúan las opiniones y propaganda tendenciosas, como las expresada por señora Widel.
Son precisamente los seres perversos los que aprovechan las versiones malintencionadas de políticos y pseudohistoriadores para que siga imperando la versión oficial de la historia y el ocultamiento de la verdad.
Por eso, en los cinco continentes se debe recordar y celebrar con júbilo la derrota de Hitler y honrar la muerte de todos aquellos que ofrendaron sus vidas para que el nazismo no imperara, para frenar las intenciones del Tercer Reich de esclavizar al mundo. Hay que tener presente que fue una lucha entre la irracionalidad y la cordura, entre una de las peores facetas de humanidad y la digna resistencia heroica.
Y como dice el poema de Martin NIemöller: Cuando los Nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialistas, guardé silencio, porque yo no era socialista. Cuando vinieron y se llevaron a los judíos no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar… Qué hubiera sucedido si Hitler y sus ejércitos no hubieran sido derrotados en Rusia.
Los que ofrendaron sus vidas por la liberación del yugo alemán merecen ser recordados y honrados, no debe permanecer oculto lo ocurrido en El Día de la Victoria, en el que El ejército Rojo de la Unión Soviética fue sin duda, el gran protagonista.
Felicitaciones al pueblo y gobierno de la Federación de Rusia, en el 81 aniversario del día de la liberación, fecha en la que se liberó a Europa y a la humanidad de la amenaza que representó el nazismo.
