«Cuba no será otra Guatemala»

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Por Jorge Majfud

La estrategia estadounidense: guerra mediática primero e invasión armada después

Playa Girón, Cuba, 19 de abril de 1961— La invasión de Playa Girón (llamada Operation Zapata en los archivos y en la imaginación tropical de la CIA) fracasa, probablemente, porque el plan se filtra y, a último momento, la Agencia cambia una estrategia de guerrilla mercenaria por un desembarco militar similar al de Normandía durante la Segunda Guerra Mundial.

Antes de que Fidel Castro sea invitado a dar una conferencia en Princeton University y luego logre una reunión con el vicepresidente Richard Nixon en la Casa Blanca, el 17 de marzo del año pasado, la CIA había puesto en marcha la Operación Zapata. En la reunión secreta del jueves 17, el director de la CIA, Allen Dulles, había informado que el plan para invadir la isla desde la localidad de Trinidad había sido aprobado por el presidente Dwight Eisenhower.

Sobre una mesa de cocina descansa el número de agosto del año pasado del Reader Digest (Selecciones) y en su página 168 Karl Mundt, senador republicano por Dakota del Sur y educador de profesión, educa: “¡nosotros, quienes liberamos esa isla de sus cadenas medievales; nosotros, quienes le dimos orden, vida, conocimiento tecnológico y riqueza, ahora somos maldecidos por nuestra cooperación y por nuestras virtudes civilizatorias!”.

Luego de su tensa salida de Cuba, el agente secreto David Atlee Phillips estaba decidido a abandonar la Agencia y se había mudado a Nueva York con su esposa y sus cinco hijos. Pero nadie abandona la Agencia como si nada. Una noche recibió un llamado para una misión especial. Phillips se negó varias veces pero el agente “Cliff” insistió:

—Te voy a dar tres pistas…

—No necesitas decirme nada —dijo Phillips—. Sé cuáles son: Cuba, Cuba y Cuba.

—Es por eso por lo que te necesitamos —dijo Cliff.

—¿Cuál es el plan?

El agente Cliff responde: —Otra Guatemala, según me dijo Len.

Len es el superior de Cliff, conocido entre los agentes secretos sólo por ese nombre y por tener una pierna ortopédica.

Varios altos oficiales de la CIA que habían participado en el exitoso golpe de Guatemala son convocados, entre ellos Richard Bissell, William “Roto” Robertson, Richard Helms y Everette Howard Hunt Jr. Todos tienen un envidiable prontuario. Helms será el futuro director de la CIA y uno de los responsables del complot contra Salvador Allende en 1973. Hunt será condenado por el escándalo que terminará en el impeachment de Richard Nixon en 1974. Una de sus llamadas desde Uruguay (donde operaba desde los años 50) al argentino Dandol Dianzi en un hotel de México, será grabada el 20 de noviembre de 1963, dos días antes del asesinato de John Kennedy, en el que Hunt mencionará “un asunto de grave importancia para nuestra nación”. Hunt no se cansará de culpar a Kennedy del fiasco de Bahía de Cochinos. Luego de muerto, sus hijos John y David reconocerán que, en su lecho de muerte, su padre había confesado varias veces que la CIA había participado del asesinato del presidente. John y David serán acusados de inventar la historia.

La estrategia para “una nueva Guatemala” es obvia: guerra mediática primero e invasión armada después. David Phillips no está seguro. Su intuición le dice que el éxito rotundo en Guatemala sólo se puede repetir en Cuba con varios cambios. Eisenhower y casi todos los miembros de su gobierno habían quedado impresionados por el bajo costo y la facilidad con la que lograron sus objetivos en aquel país centroamericano. Ahora, el plan aprobado por el Pentágono y por la Casa Blanca consiste en invadir por aire en la costa sur, cerca del pueblo Trinidad, donde todavía quedan algunas fuerzas del depuesto Fulgencio Batista. Si el aterrizaje saliera mal, siempre habría la posibilidad de fugar hacia las montañas y esperar a que nuevos recursos caigan del cielo.

Los pilotos entrenados en Guatemala no tenían mucha experiencia y necesitaban entrenamiento en tiempo y espacio real. Al principio, arrojaban bolsas de arroz y frijoles para los milicianos de Batista que operan en las montañas, pero erraban el objetivo y los combatientes se quejaban de que debían recorrer largas distancias para recoger el cargamento. Gracias a la experiencia, los pilotos mejoraron la puntería, pero esa vez recibieron un mensaje con una nueva ronda de quejas: “Hijos de puta, ¿qué es lo que pretenden? ¿Matarnos a todos con bolsas de arroz?”

Repitiendo la estrategia que diera tan buenos resultados con Guatemala, la CIA instala una emisora de radio en las Islas del Cisne, frente a Honduras. Como los cubanos no están acostumbrados a la onda corta, como los guatemaltecos, deben recurrir a un potente transmisor de 50 KW de onda media AM que obtienen del ejército estadounidense en Alemania. En lugar de seis semanas, la guerra psicológica había tomado seis meses.

Guatemala es elegida como el campo de entrenamiento de los cubanos reclutados en Miami. El presidente, el general Miguel Ydígoras Fuentes (quien en 1950 perdió las elecciones contra Jacobo Árbenz y en 1958 y se hizo con el poder prometiendo un pollo por familia) le garantiza a la CIA la finca La Helvetia, en Retalhuleu, para alojar y entrenar a 5.000 cubanos a cambio de una cuota mayor en la venta de azúcar a Estados Unidos. Para explicar los movimientos extraños en la zona, el gobierno guatemalteco hace circular el rumor de que los comunistas cubanos se están organizando en algún lugar de Guatemala para lanzar un ataque contra la patria y la libertad de sus ciudadanos.

La campaña de desinformación ya se había extendido a América del Sur. El 15 de febrero, el agente de la CIA Philip Franklin Agee, por entonces apostado en Ecuador, informa de la compra de opinión en los diarios más importantes de Colombia, Ecuador y Perú (como El Comercio y El Tiempo) para inculpar a Cuba de un envío inexistente de armas y dinero a esa región. El plan, confiesa Agee, es preparar a la opinión pública antes de la invasión de Cuba.

Pero Eisenhower está a punto de dejar el poder y no quiere nuevos compromisos. Aplaza la operación y deja todo en manos del nuevo presidente, John Kennedy. Tal vez porque luego de tanto tiempo de preparación era probable que el plan se hubiese filtrado (Fidel Castro y el New York Times estaban al tanto de las operaciones en Guatemala), la Agencia decide cambiar el punto de desembarco para conservar el inestimable factor sorpresa. Cambia el pueblo de Trinidad por Bahía de Cochinos, un área más cerca de La Habana pero menos poblada y de más difícil acceso. Cuando Phillips es informado del cambio, se agarra la cabeza. Pigs y cochinos no son exactamente la misma cosa. “¿Cómo creen que los cubanos van a apoyar una invasión que comienza con ese nombre?” protesta Phillips.

El 15 de abril se había iniciado la operación desde Nicaragua. La idea era destruir, con bombarderos B-26, las fuerzas aéreas y antiaéreas de Cuba en el norte antes de desembarcar al sur. La destrucción es significativa, pero el impacto es mínimo. Los aviones cubanos T-33, más pequeños y peor armados, tienen mejor puntería y derriban 10 de los 12 bombarderos. La CIA pasa los bombarderos como obra de los desertores de la fuerza aérea cubana para desmoralizar a la población. Los aviones piloteados por exiliados cubanos llegados de Nicaragua aterrizan en Miami y, con perforaciones de balas diseñadas para la ocasión (si hay algo en que la CIA ha sobresalido siempre es el obsesivo cuidado del detalle propagandístico), se dejan fotografiar por la prensa libre.

El gobierno de la isla acusa a Washington de la maniobra, mencionando las bases operativas de Florida y Guatemala, pero el embajador de Estados Unidos en la ONU, Adlai Ewing Stevenson, al tanto de los detalles del plan, lo niega con vehemencia y convicción: “Las acusaciones de un complot orquestado en Washington son totalmente falsas” —dice—. “Estados Unidos está comprometido con una política de no agresión”. El agente David Phillips recordará en sus memorias de 1977 que “Adlai Ewing Stevenson era un gran actor; nadie le ganaba mintiendo”. Phillips recordará también que el agente de la CIA Kermit Roosevelt (nieto del presidente Theodore Roosevelt) había logrado manipular a un número crítico rebeldes en Irán para derrocar al presidente electo Mohammad Mossadegh y que lo mismo había logrado hacer él mismo, Phillips, con el gobierno de Árbenz en Guatemala, pero que la misma estrategia un día tenía que salir mal.

Como una reminiscencia del Día D en Normandía, el 16 de abril a la medianoche y hasta las 7: 30 de la mañana, la Brigada 2506 (1.400 cubanos de Miami entrenados por meses en Guatemala) desembarca con tanques M41 Bulldog en Playa Girón. Luego de una batalla que deja cien muertos, la resistencia de la isla captura a más de mil cubanos de la CIA, los que más tarde serán cambiados por alimentos, gracias a una colecta organizada en Florida. Mientras tanto, la televisión de Estados Unidos informa de un ataque de los rebeldes cubanos contra el régimen de Castro y anuncia que “como es previsible, se culpa otra vez a Estados Unidos”. Los latinoamericanos nunca se hacen responsables de sus propios fracasos. Siempre le «echan la culpa a Estados Unidos».

Las calles de La Habana se inundan de gente manifestándose contra la invasión. La invasión fracasa. El agente de la CIA Howard Hunt culpará a Jack Hawkins, encargado del grupo paramilitar de exiliados cubanos, “un veterano de guerra con botas tejanas y aspecto de borracho malhablado” que no creía en el genio revolucionario de Castro sino en su buena suerte. “Esto es pan comido”, había dicho Hawkins, prometiendo “enviar postales de navidad desde Cuba este año”. Pero el mismo Hunt, en un reporte desde La Habana lo había anunciado con tiempo: “todo posible apoyo de los cubanos a la invasión debe ser descartado de plano; se debe asesinar a Castro antes de la invasión y debe ser hecho por patriotas cubanos”. La primera evaluación no fue creíble, pero la CIA en Washington toma su última sugerencia, la que también fracasa cuando el secretario de Castro, Juan Orta, contratado para envenenar su bebida, una semana antes de la invasión se acobarda y se refugia en la embajada de Venezuela, donde permanecerá por más de tres años antes de un periplo por otras embajadas que terminará en Miami.

Del libro La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina https://www.youtube.com/watch?v=eeCVrZaNViwhttps://www.amazon.com/frontera-salvaje-fanatismo-anglosaj%C3%B3n-Am%C3%A9rica/dp/1737171031

Fuente Rebelión

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