Crónicas del Mundial: México lindo y querido (con fiesta asegurada)

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México sigue invicto en el Azteca (ahora rebautizado por la FIFA como Estadio Ciudad de México)

Es increíble la progresión positiva que ha tenido este equipo. Contra Ecuador, el Tri ofreció un juego casi perfecto. Juego vertical, pases justos, acciones colectivas que pusieron en peligro al meta ecuatoriano, hasta lograr el justo triunfo. El equipo de Javier Aguirre, ese que algunos menospreciaban por su estilo «pragmático», demostró que el pragmatismo también puede ser hermoso cuando funciona.

En los primeros minutos del encuentro, México fue arrollador. Encerró en su campo al también equipo tricolor de Ecuador. Tuvo varias aproximaciones con Mora y Jiménez, que parecían estar jugando en otra categoría. Poco a poco, Ecuador se fue animando y pasó al ataque, teniendo la primera ocasión real de gol al estrellar la pelota en el poste, luego de una intervención leve del arquero que el árbitro no marcó como tiro de esquina (porque, claro, el VAR estaba tomando un café en el otro Bar).

Fue Julián Quiñones quien abrió el marcador en un contragolpe fulminante. El gol le permitió a México presionar arriba, cerrar los espacios y generar nuevas ocasiones de peligro que dieron con el segundo gol mexicano. En el segundo tiempo, el equipo de Javier Aguirre fue más mesurado y el ritmo del partido decayó. Pero Ecuador no logró encontrar el arco rival y su empuje solo mostró voluntad, pero sin concreción. Como un enamorado que declara su amor sin saber qué decir.

En este punto, es justo reconocer que México fue un vendaval en el primer tiempo, pero en el segundo tiempo cerró filas y también superó al conjunto ecuatoriano, incapaz de anotar en la meta azteca. El Azteca, ese estadio que ha visto tantas glorias y tantas decepciones, volvió a ser el fortín que todos recuerdan.


Hincapié, la expulsión y el control gringo

Al final del encuentro, Hincapié hizo lo prohibido y cayó en la provocación. Su reacción de taparse la boca para evitar que le pillaran cuando profería una serie de insultos al jugador mexicano fue tan ingenua como inútil. Porque, señores, existen cámaras en todos lados, al mejor estilo gringo de control. Y claro, vio la roja directa. El VAR, como siempre, estaba atento. Aunque para otras cosas, como los penales no pitados, parece que se toma vacaciones.


Lluvia, mariachis y la fiesta eterna

El partido estuvo demorado por lluvia y tormenta eléctrica. Pero a pesar de ello, todo el mundo estaba optimista. Tanto ecuatorianos como mexicanos vivían la intensidad de lo que representaba este partido, y ambos se encomendaron al ser supremo para superar los escollos. Así que cuando la lluvia cedió, la fiesta no paró. Al terminar el partido, el pueblo mexicano se dio cita en el Ángel de la Independencia y las plazas públicas de todo el país. Fue entonces que las canciones de Juan Gabriel y esa letanía dulce que es el Cielito Lindo comenzaron a tomar forma. El fútbol, como la vida, siempre encuentra una banda sonora que refleja el estado de animo de una sociedad.


Pesadilla Azteca: Ecuador, el retraso y los mariachis

Para el equipo ecuatoriano fue toda una pesadilla jugar en el Azteca y perder el partido. Llegaron a Ciudad de México con varias horas de retraso. Fueron recibidos en el hotel de concentración con mariachis y un ruido altísimo. Y para más, la lluvia impidió que el partido iniciara y se retrasara por más de una hora. En medio de todo, en la cancha, fueron superados por los mexicanos, que, pese a todo, solo lograron dos goles de ventaja. Los jugadores ecuatorianos no querían irse de este Mundial, pero la realidad se impuso y fueron despedidos, hasta por Infantino. Porque en el fútbol, hasta las despedidas tienen su protocolo.

No hay que olvidar que Noboa tiene conflictos con México. Bueno, ese tipo es conflictivo, con todos menos contigo (Trump), así que está victoria también se reflejó en el entorno político de la disputa diplomática que tienen México y Ecuador.


Beccacece: el despedido que no quería irse

El entrenador ecuatoriano reconoció la superioridad del conjunto de Javier Aguirre. No quedaba de otra. Se despidió del cargo con una derrota, pero dijo que se iban con dignidad del torneo. Falta ver cómo lo toma Noboa. Bueno, el caso es que el entrenador fue despedido. En realidad, él no es culpable de nada, pero como siempre se busca a quién echarle la culpa, pues ahí está. Y siendo honesto, nunca lo aceptaron, a pesar de que llevó al equipo a clasificarse para la Copa y lo pasó a la siguiente ronda luego de derrotar a Alemania. Claro que al equipo alemán actual cualquiera le gana, pero eso es harina de otro costal.

Al parecer, su salida estaba anunciada previamente. Tanto que la conferencia de prensa se sintió como una despedida anunciada. Más allá de hablar del partido, pensar en su futuro para renovar y esas cosas.

«Hasta recién estuvimos compartiendo los últimos momentos con los chicos y me llevo ese cariño, ese respeto, esa admiración, esa entrega, ese compromiso de este grupo de guerreros por la selección», dijo Beccacece.

Cómo quien no quiere nada, Beccacece se despidió. No hubo el clásico «vamos a hablar y pensar nuestro futuro», ni aquello de «son los dirigentes los que deciden, por mi encantado de continuar». Nada de eso. Al entrenador solo lo quieren en su casa. Porque ni la FIFA le aceptó el abrazo que se dio con su esposa después del triunfo contra Alemania y le impuso una multa. Así que a gallo cantado, mejor jugar bingo en otra lotería. O algo por el estilo.


«Se acabó el sueño»… y comienza la pesadilla

Así tituló el principal medio de Ecuador después del partido con México. Lo que no dijo es que recién se inicia la pesadilla. El equipo se va del Mundial sin romper las rondas decisivas, después de la fase de grupos, en donde tampoco fue que haya lucido el combinado ecuatoriano. Con un triunfo contra Alemania, una derrota y un empate. La resignación queda siempre como consuelo del perdedor.

Y como estamos hablando de despedidas, los medios ecuatorianos casi jubilan a Enner Valencia, que se va sin goles en este Mundial. Se lee como un reproche sin justificación hacia un jugador emblema del equipo, que se va del Mundial sin anotar. Esas cosas pasan. Si no, que se lo digan a Messi, que en algún Mundial también se fue sin goles. Pero a Messi, claro, no lo jubilan.


México ilusiona: ¿sueño o espejismo?

Quizás, en este momento, el equipo de Javier Aguirre esté en el punto perfecto para avanzar. Pero la pregunta es: ¿se puede soñar con el campeonato o solo están ilusionados con superar los límites que este equipo ha tenido a lo largo de su historia? Falta ver qué más son capaces de lograr.

Hoy se juega el partido que definirá su rival. Quizás los ingleses, en teoría, son el equipo más complicado, si es que ganan hoy. Pero tampoco están para frenar estas enormes ilusiones que se tienen con el Tri. Es válido soñar. Un triunfo más y Faitelson estará contento. Y si Faitelson está contento, el mundo estará en paz.


Los vikingos reman hacia la tierra prometida

Haaland se puso el overol y anotó la diferencia, después de un partido tremendamente disputado. El vikingo noruego, a pesar de no jugar bien durante todo el encuentro, tuvo intervenciones defensivas importantes y, faltaba más, anotó casi de carambola el gol del triunfo del conjunto noruego. No se puede esperar todo de alguien, pero sí que, por lo menos, sea congruente con su fama. Es que después del encuentro, la señal internacional no dejó de enfocarse en él. Mientras el equipo celebraba con su afición, la televisión continuaba con el matador, como si fuera un torneo individual de tenis. El fútbol moderno, señores, es así: once contra once, pero con un protagonista.

En la crónica del encuentro, hay que reseñar un golazo de Nusa, los noruegos lograron ponerse adelante en el marcador a través de una definición soberbia del delantero noruego. Pero en un alarde de creatividad, en una jugada más fantástica que el gol noruego, llegó la anotación de Amad Diallo. Este dejó atrás a dos defensores y realizó una pared para recibir el balón a la orilla del área chica, evadió a otro defensa y luego definió de manera excepcional. No se diga más: todo estaba para una definición de alargue y penales.

Pero tenía que llegar Haaland para definir, casi sobre la hora del partido. Costa de Marfil ya no tuvo reacción y el padre del noruego dio rienda suelta a sus emociones. Al final, los vikingos terminaron remando para llegar más lejos. Como en la vida: a veces hay que remar, aunque el barco parezca que se hunde.


Mbappé, Francia y Paraguay en octavos

Francia fue muy superior a Suecia. Pero los blues necesitaron de Mbappé para abrir el marcador, dado que el orden defensivo sueco los frenó por momentos. El resultado es engañoso: pudó ser goleada, pero el 3-0 no explica para nada qué equipo fue superior al otro. Lo más relevante de este partido intrascendente fue la demostración, una vez más, de Francia, su delantera terrible —en el buen sentido del término—, que lo hace ser un equipo consistente, sólido candidato al título. Basta con observar: Dembélé, Mbappé, Barcola, Doué, Olise, Rabiot. Una delantera que da miedo. Y un banquillo que da envidia.


Las relaciones tóxicas: Bielsa y el arte de no ser querido

En algún momento de su exitosa carrera, Pep Guardiola dijo que lo más importante de ganar títulos era ser querido por sus dirigidos. Claro, el entrenador catalán tiene de qué presumir y, con tantos títulos obtenidos a lo largo de su historia, era lógico que hiciera amigos y enemigos por igual. Pero él resaltaba que se sentía bien siendo querido por alguien.

Algo que no puede decir el loco Bielsa. Primero, porque nunca ha ganado nada importante, a no ser subir de categoría a un equipo inglés de segunda división. El resto han sido fracasos. Y muy buen entrenador poder ser, pero al parecer le va mejor la filosofía que la práctica.

Con Uruguay sucede lo mismo. Llegó como salvador de la celeste, comenzó con el pie derecho su clasificación, pero con el tiempo la relación entre él, el cuerpo técnico y sus jugadores se fue deteriorando de tal manera que, cuando llegó el Mundial, fue llamado por algunos elementos de peso del combinado nacional para decirle que ya no lo soportaban. Tanto la afición como los jugadores y dirigentes achacan la culpa del pobre desempeño de la selección uruguaya en la Copa del Mundo a Marcelo Bielsa. Pero él podrá ser loco, pero Muslera, entonces, ¿qué es?

Lo cierto es que Bielsa tiene la filosofía de sacar provecho a sus jugadores de la manera menos habitual posible, al grado que los llega a cansar y terminan explotando todo. En una conferencia de prensa explicó que los jugadores de Uruguay le pidieron acabar con las charlas y vídeos tácticos porque no eran capaces de mantener la atención más de diez minutos.

No sé si Bielsa es querido por alguien, o tal vez eso a él poco le importa. Pero con Uruguay se demostró que lo logrado es sacar lo peor de sus pupilos, además de obtener el rechazo de la afición. Bielsa se va, pero su legado de fracasos se queda.


Los más tóxicos entre los tóxicos: la afición mexicana y sus excesos

La afición mexicana tiene cosas extrañas y, hasta cierto punto, desagradables. Antes puso de moda su grito homofóbico «¡putos!», pese a ser condenado por todos a nivel dirigencial y ejecutivo. El grito continuó, hasta que por fin se fue diluyendo entre amenazas de sanciones y vetos que afectaban al equipo nacional.

Pero en este Mundial han surgido otras modas. El primero es el alzamiento de las personas por parte de una multitud, algo que generalmente se hace fuera de los estadios, en los llamados Fans Fest. Eso se hizo viral cuando un coreano fue lanzado por los aires y reportado por la televisión de ese país.

Pero ahora, en el interior del Azteca, cuando juega el Tri, se ha observado el constante lanzamiento de cerveza —en espera de confirmarse que sea solo cerveza— en contra de aficionados. En un video viral se ve a una chica recibir un baño de cerveza, mientras ella intenta cubrirse con una bandera. Pero revisando ese video, se ve a la persona que a propósito le lanza ese delicioso líquido, así porque le salió de los cojones hacerlo. Puro tóxico empañando la celebración mexicana.

Porque el fútbol, señores, es para celebrar, no para humillar. Pero bueno, como dice el refrán: «Cada país tiene la afición que se merece». Y México, con todo su amor al Tri, también tiene sus excesos. Al menos, la fiesta continúa. Y el Cielito Lindo sigue sonando. Pero estos des adaptados, deben ser eliminados de estas celebraciones.


Cierre: México sigue en pie

México avanza. Ecuador se va. Beccacece es despedido. Bielsa no es querido. Y el fútbol, como siempre, sigue su curso. El Tri ilusiona a su pueblo, y el pueblo responde con mariachis, lluvia y cerveza o lluvia de cerveza. El Azteca sigue siendo el fortín que todos temen. Y la FIFA, como siempre, hace que el pobre Infantino acumule más millas.

México sigue soñando. Y los mexicanos, también. El camino es largo, pero la ilusión es más grande. Y si todo sale bien, Faitelson tendrá que cambiar de opinión. O no. Porque el fútbol, como la vida, es impredecible. Y mientras tanto, el Cielito Lindo sigue sonando.


Nota final: Esta crónica es una mirada irónica al Mundial, sus contradicciones y sus miserias. Si el fútbol es el espejo de la sociedad, este Mundial refleja un mundo donde el dinero, el poder y la hipocresía deciden el juego. Y los sueños, como los balones, a veces entran, a veces no. Pero siempre hay alguien dispuesto a cobrar por el espectáculo. Y alguien más, dispuesto a lanzar cerveza contra sus propios compatriotas, solo porque son inadaptados.

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