Crónicas del Mundial. Brasil gana, México también.

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Lo más destacado: Vinicius también quiere ser goleador (aunque el VAR no quiera)


Brasil ganó el grupo… y el aburrimiento también

Para algunos, el equipo verdeamarela es contundente atrás, su defensa está sólida y sus delanteros tienen pólvora arriba. Especialmente Vinicius, que ayer pudo haber hecho tres, pero el VAR y el árbitro se inventaron una falta que nunca existió. En otras palabras, el equipo de Ancelotti ha cumplido con solvencia y pasa como primero del grupo. O, dicho de otro modo: el equipo brasileño ganó el grupo como un estudiante que aprueba raspando, pero con la ventaja de que el profesor es amigo de su papá.

La buena noticia, o quizás no tan buena, fue el debut de Neymar. Buena porque regresó después de una lesión. Mala porque no hizo nada y, con miedo o precaución, se cuidó de no estropearse de nuevo. Neymar jugó como quien camina sobre huevos: con miedo a romper algo. Y no hablo solo de su tobillo. Hablo de su reputación.

Pero visto con otros ojos, el juego de Brasil contra Escocia fue lento, con todos los pases posibles entregados de manera imprecisa, sin poder hilvanar dos pases seguidos. Un Paquetá jugando como paquete —porque de ‘paquete’ no le baja—, un Casemiro destruyendo el juego ofensivo de su equipo en su tercer partido de manera tan desastrosa que su cambio se hace inevitable, y un Ryan —joven, puntual, que quiere pero no puede—. Solo queda Vinicius, que sin ser el jugador desequilibrante que todos esperan, sigue anotando. Es como un reloj roto: da la hora correcta dos veces al día, pero el resto del tiempo es solo ruido.

Vimos un equipo aburrido. Pero según los entendidos, es el esquema del técnico y está funcionando. Gana, pasa y tiene claro que el objetivo no es gustar y recuperar el juego bonito. Algo así como un cirujano que opera bien, pero no tiene buena letra y cuando te cose te deja la señal para toda la vida.

Para Romario, Vinicius está haciendo un juego para salvar el alma de Brasil. Para los argentinos, con un ratito de Vinicius y Neymar le basta a Brasil para pasar primero. Para el resto del mundo, Brasil sigue sin convencer, pero los resultados están ahí. Y en el fútbol moderno, eso es lo único que importa, aunque el espectáculo se haya ido de vacaciones a Cancún.


México: el Azteca renacido, la porra intacta

En el revitalizado Estadio Azteca —ahora llamado por la FIFA Estadio Ciudad de México porque el nombre original no pagaba suficientes derechos de imagen—, el Tri ganó y se clasificó primero de su grupo. El pueblo mexicano vibró con una nueva victoria de la selección, que pese a no haber tenido una actuación brillante (como tampoco la había tenido en sus partidos anteriores frente a Sudáfrica y Corea del Sur), para qué hablar pajas.

La mítica porra también salió a relucir. «Si qui ti tum bam bam México México ra ra ra» —o algo así—, y para el polémico comentarista David Faitelson, ahora sí, «se sube al barco». Habrá que esperar para ver cuánto le dura ese cambio de actitud con el Tri. Porque Faitelson es como el clima en la Ciudad de México: cambia de rumbo cada dos minutos.

En el primer tiempo, el equipo checo jugó mejor, tuvo la pelota y pudo haber hecho daño al equipo mexicano. Pero luego se derrumbó. Como un castillo de naipes en un día de viento. O como las promesas de campaña de los políticos guatemaltecos.

Claudia Sheinbaum, Presidenta de México, expresó su felicitación a la selección por su triunfo 3-0 sobre Chequia:

«¡Felicidades a nuestra Selección Nacional! Su entrega, esfuerzo y pasión nos llenan de orgullo. Gracias por darnos tantas alegrías y por representar con grandeza a México. ¡Vamos con todo!»

Claro, el fútbol es para unir a la nación. O para distraerla mientras el dólar sube. Todo depende de cómo se mire.


Sudáfrica: la Bafana Bafana que desafía los pronósticos

En este mismo grupo, la sorpresa la dio el equipo de Sudáfrica al derrotar y casi eliminar a Corea del Sur. El equipo africano se ubicó en segundo lugar, mientras los coreanos tendrán que esperar para saber si se clasifican a la siguiente ronda como mejores terceros. Lo tendrán difícil, pero no imposible. El problema es que ya no dependen de ellos mismos.

Ayer se terminó su participación en este Mundial, y si no pasa nada extraño, quedarán fuera de la siguiente ronda, el peor resultado en participaciones mundiales del equipo coreano. Es decir, Corea del Sur se despidió del Mundial como un turista que olvidó el pasaporte en el hotel. Con todo el dolor de su corazón.

Pero el verdadero drama lo vivió el técnico de Corea del Sur, que en conferencia de prensa dijo: «No sé qué pasó». Y es que el fútbol, a veces, es así. Juegas bien, pero pierdes. O juegas mal, pero ganas. Y Corea del Sur jugó regular, pero perdió. Lo cual es peor.


Lo que dejó la jornada: VAR, aburrimiento y un Neymar con miedo

El Brasil que hemos visto es un equipo sin alma. O, mejor dicho, con alma de quinto de la Serie A. Ancelotti ha logrado que Brasil gane, pero que nadie quiera verlo jugar. Un logro que solo un italiano podría conseguir: hacer aburrido hasta el fútbol brasileño. se aplica en defensa, algo obvió siendo italiano, pero se mecaniza el medio y Casemiro y Paqueta parecen más robot salidos de la fabrica, aún sin el aceite en sus venas, mientras que en la delantera todo se encomienda a sus estrellas. Bueno, solo una es la está brillando.

Neymar, por su parte, parece estar más preocupado por no lesionarse que por jugar. Y eso que es su quinto Mundial. Pero bueno, el tiempo pasa, las lesiones también, y los años no perdonan.

Vinicius, por su parte, sigue anotando, pero sigue siendo el jugador que el Real Madrid todavía no sabe si es un extremo o un nueve. Quizá deberían preguntarle a Ancelotti. Pero Ancelotti no opina. Solo sonríe y sigue ganando. Como un sphinx italiano.


Final: el fútbol que todos vemos

Este Mundial nos está dejando claro que el fútbol cambió. Ya no es el deporte de los pobres. Es el negocio de los ricos. Porque el fútbol, aunque sea aburrido, siempre será fútbol. Y el fútbol, como la vida, es una cuestión de esperar el próximo gol. Mientras tanto, seguimos viendo. Y criticando. Y esperando que el próximo partido sea mejor. O al menos, más entretenido.


Nota final: Esta crónica es una mirada irónica al Mundial, sus contradicciones y sus miserias. Si el fútbol es el espejo de la sociedad, este Mundial refleja un mundo donde el dinero, el poder y la hipocresía deciden el juego. Y los sueños, como los balones, a veces entran, a veces no. Pero siempre hay alguien dispuesto a cobrar por el espectáculo.

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