Crónicas del Mundial

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Cristiano renacido – Panamá sepultado (por su propia voluntad)


Panamá no quiso ganar (o le dio miedo la grandeza)

El equipo canalero tuvo todo para ganar, pero prefirió perder. Quizás fue el miedo a Luka Modrić, que con 40 años sigue siendo el dueño del tiempo, digo del medio campo; o quizás fue la propia virginidad mundialista que pesa más que el canal de Panamá. Pero la cruda verdad es que tuvieron todo para ser grandes y prefirieron ser centroamericanos.

Y ojo, no es un insulto. Es una declaración de principios. Porque ser centroamericano en un Mundial es como ir a una cena de etiqueta en chanclas: te ven, te señalan, pero tú estás orgulloso de haber llegado. Y eso, en el fondo, es lo que importa. O eso nos dicen que debe importar.

El diario La Estrella de Panamá tituló: «Le complicó la vida a una potencia mundial». Qué conformistas se les lee. Y Crocia fue tercero, pero ya no es potencia mundial. Como pasa en muchos equipos, hasta el entrenador ha envejecido.

Claro, está crónica está impregnada del cinismo típico del chapín envidioso que no vio a su selección jugar por primera vez en un mundial por culpa de este equipo panameño.

Pero bueno, no pudieron, pero se fueron con la frente en alto. Bravo, Panamá. Gracias por participar. Y por recordarnos que el fútbol también es perder con dignidad. Que, a veces, es lo único que queda, es preciso reportar las palabras del entrenador canalero.

«Hemos muerto con las botas puestas» — dijo Thomas Christiansen, el entrenador panameño, con la misma solemnidad de quien acaba de perder un plebiscito. Pero claro, morir con las botas puestas suena mejor que «perdimos porque no supimos ganar». La frase queda para la posteridad. Y para el próximo partido amistoso.


Cristiano Ronaldo: el eterno adolescente del fútbol

Cristiano Ronaldo no se quiere quedar atrás. Y con un doblete se hace presente en el Mundial, donde Portugal golea a Uzbekistán como quien aplasta una mosca. El portugués se convirtió en el primer jugador en la historia en marcar en seis Mundiales distintos. En todos ellos marcó al menos un tanto. Messi, en cambio, se quedó sin gol en uno. Pero bueno, a Messi lo perdonamos porque es Messi. A Cristiano, en cambio, lo perseguimos porque es Cristiano.

La prensa portuguesa ya está preparando los titulares: «Cristiano es eterno», dirán. Y tendrán razón. Pero también podrían decir: «Cristiano es un ególatra genial que convirtió el fútbol en su escaparate personal». Pero eso no vende tanto. Lo que vende es la leyenda.

Y hablando de leyendas, Nike ha lanzado una edición especial de botas Golden Mercurial Superfly con la firma de CR7 para celebrar su récord. Porque el fútbol, como el capitalismo, nunca deja pasar una oportunidad de negocio.


Colombia: gusto, ganó… y James en Marte

Colombia gustó y ganó. No se puede decir más del partido, solo que fue intenso, peleado y ganado por los cafeteros, que dieron un paso importante para garantizar su presencia en la segunda ronda. El único que desentona es James Rodríguez. El tipo está más pendiente del viaje de Elon Musk a Marte que de su selección. Tal vez está buscando un planeta donde no le pregunten por qué ya no es el jugador de 2014. Pero bueno, al menos el equipo funcionó sin él. Eso también es un avance.


El hombre que se quedó inmóvil: Lumumba vive

La nota se la llevó un hombre congoleño que se quedó inmóvil durante los 90 minutos imitando el saludo del líder anticolonial Patrice Lumumba. Lumumba fue descuartizado y disuelto en ácido por Estados Unidos y Bélgica en 1961, por conseguir la independencia del Congo y negarse a que los imperialistas siguieran saqueando sus recursos. Aunque los imperialistas disolvieron su cuerpo, no pudieron borrarlo de la historia. 65 años después, Lumumba sigue presente para millones de personas.

Las cámaras de transmisión de la FIFA trataron de evitar mostrar el momento cuando el imitador de Lumumba se cubrió la boca e imitó una pistola en su cabeza, en una poderosa protesta contra el silencio que rodea el conflicto en el este de la República Democrática del Congo. Una de las crisis más activas del mundo ha desplazado a miles, y él usó el escenario de la Copa del Mundo para asegurarse de que la gente no pudiera ver hacia otro lado.

La FIFA, por supuesto, no comentó. Pero la imagen quedó. Como quedan las imágenes que el poder no quiere que veamos. El fútbol, a veces, es el único altavoz que tienen los que no tienen voz.


Ghana: la fe y los milagros

El arquero suplente Benjamin Asare lideró las oraciones de Ghana después del partido. El portero no le tuvo miedo a Harry Kane, y a sus 33 años es un internacional de Ghana, un jugador de la Copa del Mundo y uno de los héroes de un famoso resultado contra Inglaterra. Prueba de que ningún sueño es demasiado grande y ningún revés es demasiado grande si te niegas a rendirte. O, como diría un pastor evangélico: «Con fe, todo es posible, incluso ganarle a Inglaterra». Bueno, ganarle a Inglaterra no es tan difícil hoy en día. Pero la fe ayuda.


Uzbekistán: el invitado de piedra

Portugal goleó a Uzbekistán como si hubiera estado jugando contra un equipo de la liga local. El equipo asiático, en su primer Mundial, aprendió la dura lección de que el fútbol no es solo correr y poner el cuerpo. También hay que parar a Cristiano Ronaldo. Y nadie, ni siquiera los mejores, han podido hacer eso durante 20 años.


Conclusión: entre récords, protestas y conformismos

Este Mundial sigue dando para todo. Récords de Cristiano, protestas de Lumumba, oraciones de Ghana, y un Panamá que prefirió perder con honor que ganar con presión. El fútbol, como la vida, es una mezcla de contradicciones. Pero al menos, en la cancha, todo es más claro. O eso parece.

Mientras tanto, la FIFA sigue vendiendo humo, Infantino sigue viajando en avión privado, y los panameños siguen contentos. Porque, como dice el refrán: «El que nace para centroamericano, nunca llega a campeón del mundo». Pero al menos, muere con las botas puestas. Y eso, en este Mundial, es más de lo que se puede decir de algunos favoritos, empezando por el equipo de Tena, perdón, dije el equipo que da pena.


Nota final: Esta crónica es una mirada irónica al Mundial, sus contradicciones y sus miserias. Si el fútbol es el espejo de la sociedad, este Mundial refleja un mundo donde el dinero, el poder y la hipocresía deciden el juego. Y los sueños, como los balones, a veces entran, a veces no. Pero siempre hay alguien dispuesto a cobrar por el espectáculo.

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