Crónicas de un fútbol goleado

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Desnudan la miseria del fútbol guatemalteco (y no es la primera vez)

Estamos haciendo el ridículo en Centroamérica. Saprissa golea a Mixco y Plaza Amador aplasta a Xelajú. Sin excusas, sin justificación alguna. El fútbol guatemalteco anda de miseria en miseria, y lo peor es que ya nadie se sorprende. Las derrotas se han vuelto costumbre, y de tantas, ya no deberían doler tanto. El problema es cuando se pierde de la forma en que se está haciendo en la actual Copa Centroamericana, más que dolor y decepción, está generando vergüenza.

Todos los equipos guatemaltecos, sin excepción, han tenido una actuación desastrosa. Pero no han sido derrotas ajustadas, sino humillaciones. Xelajú fue barrido por Plaza Amador y Mixco, que falló un penal, fue superado por Saprissa con una facilidad que da vergüenza ajena.

Vivimos de glorias pasadas. Hubo un tiempo en que la llegada de equipos guatemaltecos a territorios centroamericanos representaba un espectáculo mayúsculo. En la ya lejana Fraternidad centroamericana. Esos tiempos quedaron atrás. Ahora, todos nos ven como el equipo que, además de sumar, pueden golear. Y eso se ha convertido en una constante, tanto en equipos de la Liga Mayor como en las selecciones de todas las categorías. La grandeza del fútbol guatemalteco es ahora un recuerdo que ni los más viejos pueden defender.


Saprissa – Mixco: el debutante que llegó, vio y fue goleado

Las goleadas a los equipos guatemaltecos van siendo costumbre. Mixco, el debutante internacional, entregó el partido muy temprano. Con apenas cuatro minutos en el reloj, los chicharroneros ya perdían el encuentro. Saprissa solo anotó 3, pero pudieron ser 20. El equipo tico llegó a nueve puntos, mantiene paso perfecto y aseguró su pase a los cuartos de final de la Copa. Mientras tanto, a Mixco se le dan las gracias por participar y se puede regresar por donde vino.

En 45 minutos, los dirigidos por Hernán Medford —un viejo conocido en Guatemala, que debe estar frotándose las manos al ver lo fácil que es ganarle a los equipos de su tierra— sentenciaron el partido. Los morados necesitaron apenas siete minutos para prácticamente encaminar la noche. Los chicharroneros no supieron leer el partido, no supieron reaccionar, y terminaron siendo lo que todos esperaban: un equipo que no está a la altura del torneo. La falta de experiencia internacional se notó, pero también la falta de vergüenza.


Xelajú no sabe correr, ni jugar, ni defenderse

El cuadro altense comenzó ganando, pero eso solo fue una ilusión pasajera. Al poco del gol chivo, los panameños lograron el empate y se pusieron en ventaja. Luego vino el empate a dos. De ahí en adelante, nadie supo, nadie vio, nadie hizo nada para frenar el vendaval panameño. Xelajú, ese equipo que en Guatemala se cree grande, quedó reducido a un sparring de lujo para Plaza Amador.

Al equipo de Xela le quedó corto el partido. No supo con qué responder a la velocidad de los delanteros panameños, y tampoco supo cómo frenar esa goleada. Porque comerse 5 goles es prácticamente de un equipo de segunda. Pero se está convirtiendo en costumbre ser un segundón. Xelajú, como el resto de equipos guatemaltecos, demostró que la grandeza es solo un recuerdo, y que el presente es un ciclo infinito de fracasos.

La pregunta es: ¿cuánto más tendremos que soportar? ¿Cuántas humillaciones más tendremos que ver antes de que alguien decida hacer algo? Porque mientras los equipos guatemaltecos sigan siendo goleados en Centroamérica, el fútbol chapín seguirá siendo el hazmerreír de la región. Y lo peor es que ya nos estamos acostumbrando.

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