Crónicas de un fútbol goleador: la noche en que hasta nosotros nos sorprendimos
Guatemala 6 – El Salvador 0
Jugaron como nunca, sorprendieron y ganaron, también como nunca. Aunque usted no lo crea. Sí, a los incrédulos de siempre, incluidos nosotros, la selección nos dio un tapa boca del tamaño del Doroteo Guamuch Flores. Y no fue un tapa boca cualquiera, fue una goleada histórica, de esas que se cuentan a los nietos, aunque los nietos no lo crean.
Fue una noche mágica. Todo lo que propuso el combinado nacional salió a la perfección. Hasta Tena se sorprendió de lo bien que lo hicieron los jugadores.
Hasta los continuos errores en defensa, que en otras noches habrían terminado en gol del rival, esta vez se resolvieron con una mezcla de suerte, oficio y esa pizca de magia que solo aparece cuando el rival está más perdido que turista sin mapa.
El Salvador no pintó nada en el terreno de juego. Nada. Cero. Y anotar seis goles, aunque sea contra un equipo que no opuso resistencia, sigue siendo novedoso. Histórico, incluso. Porque en Guatemala, ganar por goleada es como ver un eclipse: pasa cada muerte de obispo.
Los primeros 20 minutos: el aviso
El primer gol llegó al minuto 8. Darwin Lom, en una jugada que tuvo de todo, pared, desmarque, remate y una desviación providencial en Jorge Cruz; se abrió el marcador. Y ahí, en ese instante, algo cambió. Guatemala olió la fragilidad salvadoreña y no la soltó. El equipo nacional controlaba el mediocampo, tocaba, se asociaba, y El Salvador miraba cómo el balón pasaba de un lado a otro como si estuviera en un entrenamiento de exhibición.
Al minuto 23, Óscar Santis estremeció el poste de Mario González con un disparo desde fuera del área. Era otro aviso. Y el aviso se concretó al 28: Rubio Rubín, en una descolgada por la derecha, definió con un pelotazo al punto del área. Golazo. Dos a cero. Y apenas comenzábamos.
Fajardo: el hombre que se convirtió en leyenda en una noche
William Jehú Fajardo anotó el tercero al minuto 32. Y con ese gol, Guatemala metía tres goles en el primer tiempo. Algo que, según los registros, pocas veces había pasado. Y todavía faltaba más.
El Salvador salió en el complemento a buscar el descuento. Brayan Gil tuvo el suyo, mano a mano con Nicholas Hagen, pero su definición se fue por arriba del arco. Ahí quedó claro que no era la noche de la Selecta. Ni con brujería. Al minuto 56, Olger Escobar ingresó al área, envió un centro hacia atrás, y Jorge Aparicio definió cruzado para el 4-0. Revancha personal para Aparicio, que en Jamaica había tenido un partido para el olvido.
Y luego vino el show de Fajardo. Al 89, Olger filtró un balón, Fajardo se enfrentó a Mario González y definió al fondo de la red. Doblete. Al 90+2, otra vez Fajardo, por el sector derecho, remate cruzado a segundo palo. Triplete. Seis a cero. Y el estadio, que ya no sabía si reír o llorar de emoción, se rindió ante el hombre que anotó la mitad de los goles de la noche.
Tena: el hombre que pidió que dejaran de correr
Luis Fernando Tena, el técnico mexicano que llegó a Guatemala con más dudas que certezas, reconoció después del partido que el 6-0 superó todas sus expectativas. «Estábamos pensando en ganar 2-0 o 1-0», dijo. «Es un marcador rarísimo». Rarísimo, sí. Pero hermoso. Tena incluso reveló que tuvo que pedirle a sus jugadores que bajaran la intensidad para evitar lesiones. «Ya ganábamos 5-0 y ellos seguían corriendo buscando más goles». Ahí está la diferencia entre un equipo que juega con miedo y uno que juega con hambre. Y esta selección, por una noche, tuvo hambre de gloria.
El Bolillo: el hombre que lo vio todo desde el banquillo
Hernán Darío «Bolillo» Gómez asistió a la conferencia de prensa con la cara del que acaba de ver un accidente y no sabe si fue testigo o víctima. «Nos superaron por todos lados: colectivamente, individualmente, por velocidad y fuerza. En todo nos superaron, estoy sin palabras, desconcertado del cambio de un partido a otro. Son los resultados peligrosos para los técnicos y es histórico». Histórico, sí. Para Guatemala. Para El Salvador, fue una noche para el olvido. Y Bolillo, que ya ha vivido mil batallas, sabe que estas goleadas son las que terminan con carreras. «Con esto lo tienen que echar a uno», dijo. Y no le faltó razón.
La mirada desde El Salvador: el desastre táctico del Bolillo
Los medios salvadoreños no fueron piadosos. Y con razón. El titular de El Gráfico fue contundente: «Guatemala humilla 6-0 a la Selecta con triplete de Fajardo». El diario La Prensa Gráfica habló de «una noche para el olvido» y destacó que El Salvador llegó a buscar un triunfo inédito en suelo chapín, pero se fue con una goleada que duele. Diario El Mundo calificó el partido como «un desastre táctico» y señaló directamente al Bolillo: «El técnico colombiano abandonó su planteamiento inicial y regresó a una línea de cinco defensores, con tres centrales y un equipo replegado prácticamente en su propio campo. El problema fue que tanta precaución no sirvió para defender mejor». Y Cancha resumió la noche con una frase que lo dice todo: «Guatemala no tuvo piedad».
Lo que todos los medios salvadoreños coincidieron en señalar fue la fragilidad defensiva, la falta de respuesta ofensiva y, sobre todo, la incapacidad del Bolillo para encontrar soluciones desde el banquillo. El 5-3-2 inicial no funcionó, el cambio a línea de cinco tampoco, y el equipo terminó viendo cómo Guatemala le pasaba por encima como un tren de carga. Los medios también destacaron el contraste entre la efectividad guatemalteca y la impotencia salvadoreña. Mientras Guatemala anotaba casi cada vez que llegaba, El Salvador desperdiciaba las pocas que tenía. Y así, con esa diferencia abismal entre lo que un equipo hace con sus oportunidades y lo que el otro hace con las suyas, se explica una goleada que, aunque nadie la esperaba, tampoco fue del todo inexplicable.
Los destacados: Fajardo, el héroe inesperado
Hagen, cuando intervino, lo hizo bien. Tapó dos jugadas de gol y el resto jugó para preservar el cero. En la defensa, faltó precisión en los pases, pero el Caballo Morales puso ímpetu para avanzar en apoyo a los delanteros. Habrá que mejorar en las salidas, en no perder la pelota y en contener al rival de manera más sobrada. Pero eso es para otro día. Hoy toca celebrar.
Los goles de Lom, Rubín y Fajardo gestionaron una delantera que por fin funcionó. Con la sorpresa de Fajardo, quien anotó tres de los seis goles. Jorge Aparicio amplió la diferencia, jugó bien, entregó la pelota de manera segura y presionó para gestionar un mediocampo de control. Y Fajardo, sin duda, fue el mejor jugador. Completó su triplete y selló el 6-0 definitivo. Una noche para recordar. Para él, para el equipo, y para todos los que alguna vez dudamos de esta selección.
El cierre: ilusión, otra vez
Con este marcador, Guatemala se coloca en el segundo lugar del Grupo B por diferencia de goles, previo a los siguientes dos compromisos ante Surinam. Y aunque la ilusión vuelve a aparecer —como siempre—, conviene recordar que El Salvador no es Jamaica, ni Costa Rica, ni mucho menos una potencia. Pero seis goles son seis goles. Y en un país donde el fútbol nos ha dado más tristezas que alegrías, una noche así merece celebrarse. Aunque sea por una noche. Aunque mañana volvamos a la realidad. Porque en Guatemala, hasta las goleadas históricas vienen con la advertencia de que la próxima derrota está a la vuelta de la esquina. Pero hoy no. Hoy celebramos. Hoy goleamos. Hoy, por una noche, fuimos los verdugos y no las víctimas. Y eso, en este país, es casi un milagro.
