Vienen días difíciles en Perú
Miguel Angel Sandoval
La casi segura victoria apretada de Sánchez, es a todas luces un resultado que incomoda al establishment peruano, pues ello representa al Perú pobre, a los excluidos, a los invisibles. Sabemos que el voto es definitorio. Y en el ballotage, un voto hace la diferencia. En este caso, leímos de unos 40 mil votos, otros datos dan 15 o 20 mil de diferencia, siempre en favor de Sánchez. En dos platos: victoria para los pobres del Perú. A los sombrerudos, seguidores de Pedro Castillo, preso por un montaje de las derechas fujimoristas hay que decirlo.
Pero no se crea que luego de contados los votos y de ungir al nuevo presidente, las aguas vuelven a su nivel y continúa la normalización democrática. Nada más alejado de la realidad. En ese país, al confirmarse el triunfo electoral de Sánchez, se debe producir un proceso de desestabilización pues si algo es difícil para las derechas continentales, es aceptar las derrotas Ya hemos visto ese guión. Inventan fraudes, se niegan a aceptar la victoria de los otros, especialmente si son chairos, zurdos, izquierdistas, exguerrilleros, o simplemente demócratas que están hartos de la corrupción.
El esquema continental es harto conocido. Intentaron derrocar a Gustavo Petro, solo porque en algún momento empuño las armas en defensa de la democracia, cuando los liberales y conservadores fingían que todo iba bien y miraban hacia otro lado, no hacia el drama de Colombia. En ese momento Petro empuño las armas libertarias. Y eso es un derecho constitucional aquí y en China. Y ahora la derrotada hija del genocida Fujimori, al perder lo único que se le ocurre decir es que ojalá que pierda el guerrillero de Petro. Planta de estadista, y que manera más mediocre de intentar vender una idea de los genocidas.
Fue lo mismo en Uruguay en donde Pepe Mujica y otros muchos dijeron basta y fueron a la guerrilla. Hoy todo mundo reconoce que Mujica tenía razón y por ello su reconocimiento mundial. Y en nuestro país la guerra inició con el levantamiento de los militares ante los fraudes electorales, la corrupción y la entrega de la soberanía nacional. Todo ello está documentado. Por ello decirnos que con orgullo somos chairos, zurdos, izquierdistas, exguerrilleros, menos corruptos o vendepatrias, ni traidores o genocidas. Esa es la realidad continental. Solo podemos decir que cuando la patria agonizaba y era gobernada a sangre y fuego por los gorilas de esa época, los chairos y zurdos, junto a militares jóvenes honestos, pusimos la cara por el país y rescatamos la democracia.
Sabemos qué vía el congreso se defenestró a una decena de presidentes en la última década. Pero no se sabe, que precisamente es el fujimorismo de Keiko qué ha sido el factor de desestabilización. Pues derrotada en cuatro ocasiones, insiste como la hija de otro genocida, en ganar el voto popular y siempre se le torna cuesta arriba. El motivo principal es que corren vientos nuevos en el Perú. Lo primero es que la sociedad peruana, a pesar de todo, intenta desde hace unos buenos años, de quitarse el peso de la dictadura fujimorista, cuyo merito mayor fue el impulso del terrorismo de Estado como arma para imponer su modelo político y económico. Lo que en dos platos significa: agenda neoliberal, represión, genocidio, corrupción. Y ante ello los sectores populares han intentado de todo.
Pero el fujimorismo derrotado una y otra vez en las urnas, hizo todo lo posible para entorpecer el resultado del voto popular. Es el caso de algunas fuerzas políticas guatemaltecas. Alcanzan buena cuota de diputados, pierden la presidencia y luego desestabilizan. Como en el Perú. Por ello, con una fuerza considerable en el congreso, especialmente durante los años 2019-2021 entre otros, mandó a la cárcel, al exilio, o a su casa a varios presidentes. ¿Todo para qué? Es la pregunta sin respuesta. No hicieron buen gobierno, ni permitieron que otros lo hicieran. Soberbia al cien, nada más.
El caso más reciente fue el boicot sistemático al presidente del sombrero. No le dejaron gobernar ni un día en paz, y en medio del acoso cometió errores que aprovechados y manipulados lo llevaron a la cárcel en un montaje ignominioso. Casi como se pretendió hacer con Arévalo, solo que en este caso no fue el riosmontismo, sino el pacto de los corruptos. Pero a la larga, las instituciones de la democracia débiles y desfiguradas, terminaron de hacer su tarea. Es por ello que ahora Sánchez, quien heredó el sombrero de Pedro Castillo, gana las elecciones, y si no hay formas de fraude conocidas, debe de hacer un gobierno de izquierda, popular, progresista. Hay que recordar que el tribunal electoral de ese país, anunció que el cómputo de un 3 % de los votos ue faltan, debería durar hasta un mes!!! Lo cual nos habla de fraude a la Churruchiche.
Es ahí en donde deben empezar las fiestas de la impunidad a intentar dar el tono del proceso peruano. Con el control del legislativo, con el apoyo de las elites y de una institucionalidad cooptada, es previsible que a Sánchez le sea difícil gobernar y tomar las medidas que a gritos la sociedad de ese país demanda. Advertimos de esos planes que incluso cuentan con el aval de los EEUU, lo que ha sido denunciado por los abogados del candidato Sanches. Pero para ello, o sea la derrota de los nuevos golpistas, deberá impulsar nuevas alianzas con sectores políticos y parlamentarios, pero, sobre todo, con los sectores sociales y populares. Sin ello tendremos un nuevo fiasco en ese país. Y tendremos que esperar la palabra de orden que alguna vez se dijo en Argentina: Que se vayan todos.
