WAQIB’ AQ’ABAL (6 Oscuridad / claridad)
Juan José Hurtado
“Toda oscuridad guarda una semilla de claridad;
la muerte no es oscuridad definitiva,
sino el instante en que la vida toma aliento para volver a nacer.”
El nawal Aq’ab’al es el momento en que el día y la noche se tocan sin ser uno o el otro. Es la energía del amanecer y del atardecer; de la claridad que anuncia la llegada de un nuevo día y la claridad con que se despide el día para dar paso a la oscuridad de la noche. Es el umbral sagrado entre la oscuridad y la claridad. Es, con propiedad, el nawal de la dualidad y particularmente de la dualidad del tiempo: la noche y el día, la vida y la muerte, el inicio y el fin, interconectados en un ciclo continuo irrepetible.
El Aq’abal se ha asociado al murciélago pues éstos salen de sus cuevas en el crepúsculo: al alba y al ocaso. El sotz (murciélago) es guardián de la noche y de la revelación que nace en lo oculto. Simboliza introspección, misterio y conexión con el mundo espiritual. También se dice que Aq’abal está representado por la guacamaya, símbolo del amanecer y de la luz que irrumpe. La guacamaya, con su plumaje rojo y vibrante evoca el amanecer, representa la energía del sol naciente y del fuego. Ambos nos recuerdan que sin noche no hay claridad y que toda claridad vuelve a la noche, tarde o temprano, para renovarse.
6 en la Cosmovisión Maya ancestral representa el ojo, símbolo de percepción y conocimiento; ventana del alma y puerta hacia el entendimiento del universo. También simboliza el ciclo de la vida y la renovación, el orden y la armonía. 6 son los colores que representan las 4 esquinas del Universo más los 2 colores al centro.
En los días recientes, varias personas conocidas han dejado esta dimensión para regresar al origen, es decir, a las energías del Universo. Es el ciclo necesario de la oscuridad para volver a la claridad.
El nawal Aq’abal simboliza cambio, renovación y esperanza. Son nuevos inicios y nuevas oportunidades. La dualidad nos da confianza en que “tras la tempestad viene la calma”. El canto de los pájaros anuncia el resurgimiento del sol. La esperanza no niega el retroceso; lo atraviesa y, desde ahí, comienza a levantarse. Los momentos de cambios profundos están precedidos de grandes crisis. En la dualidad, sabemos que los problemas son oportunidades para transformaciones trascendentales. El cambio es la manera de existir.
Hay atisbos de luz. Se abren posibilidades de cambios, por pequeños que sean. Pero recordemos que, en la vida de los pueblos, ningún amanecer es espontáneo: se teje desde la base. Las transformaciones verdaderas nacen de su organización y capacidad de converger y hacer frente común para avanzar hacia la democracia. En tiempos donde la oscuridad parece imponerse desde arriba, es desde abajo donde se encienden los fuegos que sostienen la esperanza, donde la dignidad se organiza y donde, paso a paso, se construye el amanecer.
Reafirmamos que la organización desde la base, con claridad de sus propósitos y sus metas, formas adecuadas de trabajo y lucha, con coherencia, capacidad de escucha y aprendizaje, sin vanidades y engreimientos, se puede ir avanzando. Desde la penumbra, los pueblos gestamos el cambio. La claridad no irrumpe de golpe; nace en pequeños destellos colectivos que resisten, se articulan y perseveran, hasta que el amanecer deje de ser promesa.
