¿Qué ocurre en Bolivia?
Miguel Angel Sandoval
El periódico El Comercio, de Lima, Perú, resume la crisis boliviana y sus orígenes de la manera siguiente: “A seis meses de la llegada de Rodrigo Paz al poder, Bolivia enfrenta una creciente ola de protestas, huelgas y bloqueos de carreteras producto del deterioro económico, la tensión política y el descontento social acumulado tras las primeras medidas de ajuste aplicadas por el Gobierno”.
Quizás la clave este en la frase “las primeras medidas de ajuste” lo cual en el lenguaje conocido quiere decir, apretarse el cinturón, o sea, baja en salarios, aumento de precios, privatizaciones, endeudamiento, reducción de pensiones, recortes en el gasto social, sea en educación y becas, salud gratuita, y esto es el famoso libreto neoliberal. Pero eso las movilizaciones de los mineros y otros sectores populares de Bolivia. Hay numerosos videos que hablan de un estallido social. En ese contexto, sólo los EE.UU. dan el apoyo a esas medidas. De nuevo los neoliberales se alían.
Por supuesto, en medio de esta crisis reaparece el liderazgo de Evo Morales. Se podría decir que fue un mal presidente, pero, si la gente lo apoya y acepta su liderazgo es que algo funcionó bien. No creo que la gente pueda aceptar un mal liderazgo. Y lo que ocurre en Bolivia es la expresión de una lucha social y popular en contra de las medidas neoliberales que son la antítesis de lo que se hizo durante unos 15 años en donde Evo dirigió los destinos de esa nación andina. Esa es la verdad monda y lironda.
Quizás durante los días de las elecciones y las diferencias entre corrientes del partido de gobierno, el MAS, hubo amplia discusión sobre cómo abordar el tema de una candidatura presidencial, o las ambiciones de unos y otros, y discusiones sobre la alternancia y el relevo de liderazgo, o la idea de que la democracia había que preservarla a cualquier precio. Pero ahora hay que plantearse el tema desde una perspectiva más amplia. La democracia no es solo el ritual de ir cada cuatro o cinco años a las urnas. Es algo más.
Y resulta que el actual presidente electo, Rodrigo Paz, intentó por la vía de la legitimidad de las urnas, gobernar en contra de la gente y apretar el cinturón del país y, sobre todo, el de las clases populares con las archiconocidas medidas de ajuste estructural de signo neoliberal. Y esto de apretarse el cinturón, es lo que decía Eduardo Galeano en uno de sus escritos. -Hermano, hay que apretarse el cinturón y el otro responde, no puedo ya me lo comí.
Se puede pensar que hubo mal gobierno por el MAS y es posible. Sin embargo, todos los números de los organismos internacionales dicen con claridad que Bolivia tuvo el más alto crecimiento económico durante los años de Evo Morales y que la riqueza se repartió de una forma no conocida antes en Bolivia. Los precios altos del petróleo, del gas o el litio, fueron a la gente por la vía de programas sociales o por la vía de mejores salarios. O también por inversiones en la salud y la educación, o en la infraestructura. Y especialmente, en la dignidad nacional.
Este proceso parte del pasado reciente de Bolivia. Por ello, ahora que vemos las movilizaciones sociales de ese país, asistimos a la recomposición del pacto histórico de las clases populares, razón por la que debemos ver el tema de la democracia de una forma distinta. No es solo el ritual de las urnas. Es el bienestar común, la mejoría de la vida para todos. Y ello es lo que se perdió de vista con las medidas de ajuste estructural del actual mandatario boliviano, del que aún no sabemos nada de su suerte. De si está en fuga, en el exilio o simplemente escondido de la ira popular o se hace como que gobierna un país de larga trayectoria en la lucha social por sus derechos, como ya se demostró en muchas ocasiones.
El dilema ahora es simple: o se echan para atrás las medidas neoliberales o Bolivia devendrá un país ingobernable por fórmulas como la de Rodrigo Paz. Es un tema de absoluto interés para toda la región latinoamericana. Incluso para nosotros, en donde la mansedumbre del pueblo guatemalteco no debe confundirse por más tiempo como la actitud de un país que aguante con todo. Ya hubo la guerra, y de manera pacífica, las movilizaciones del 2015, así como el levantamiento de los pueblos en el año 2023 en defensa de un voto democrático.
Agregaría que, si en 2023 la gente se levantó por la democracia y en defensa del voto popular, no fue para que sus líderes continúen presos, ni para el incumplimiento de acuerdos como el agrario que sigue en las gavetas, menos para la criminalización de sus luchas y demandas legítimas. Es necesario pensar en la democracia de otra manera. No es posible mantenerla en el ámbito de las formas o leyes que no se cumplen. El dilema nacional es entre democracia o barbarie, como lo hemos señalado en múltiples ocasiones, solo que la democracia que queremos debe tener resultados, no excusas ni pretextos.
No digo que tengamos, por ahora, que recorrer la vía boliviana, pero lo que hoy ocurre en Bolivia puede, mañana, ocurrir en nuestro país. O si no recorremos la vía boliviana, tampoco queremos que nos ocurra lo que hoy viven los peruanos en donde los partidos políticos no se usan para intentar solucionar los problemas de las mayorías sino se utilizan para negocitos espurios, y miles de formas de traiciones a la democracia. Es momento de que pensemos en serio sobre el rumbo que queremos para nuestro país.
