La crítica sobre la leche derramada

Zurdo


Miguel Angel Sandoval
En noviembre del año anterior se hizo la presentación pública del FAD -Frente Amplio por la Democracia-. Ello se realizó en una asamblea con muy buena asistencia. En el mismo acto de origen, se leyó la proclama de fundación y esta fue aprobada por mayoría. Más adelante, el 20 de agosto pasado, se dio a conocer un pacto político por la democracia, en un evento donde se hicieron presentes varios partidos políticos y numerosas organizaciones sociales y personas con ánimo constructivo. Es algo que se conoce.

De entonces a la fecha hubo numerosas opiniones expresadas en unas tantas columnas de opinión y en las mismas hay un rasgo que permite hablar de una especie de tendencia: el FAD de ahora, está llamado, debido a que así son las cosas, a repetir la experiencia de hace 30 años. O sea, la realizada en tiempos del fin de la guerra. Es algo que debe superarse, los tiempos son otros y los errores de entonces no pueden ser el buque insignia de las dudas o las críticas de hoy.

Para ello existe una razón concreta: resulta que las condiciones políticas y los actores políticos no son los mismos. Y surge una duda. ¿Podemos vivir amarrados a una experiencia política cuyos actores todos fallecieron a lo largo de estos años y que la mayoría de la población no sabe, no conoce y no entiende? No se trata de esconder los errores debajo de la alfombra, pero no se puede vivir encadenados al error y a lo que pudo ser sin los errores cometidos.

Si se hace una pequeña encuesta o muestra entre gente joven, nos podríamos dar cuenta que en su mayoría no saben, no entienden y no les interesa lo ocurrido hace más de 30 años, pues entre otras razones, que no habían nacido, o andaban en brazos de sus progenitores. Por supuesto que es indispensable mantener y cultivar la memoria histórica, pero lo ocurrido en términos políticos no es lo más relevante de la memoria. Es apenas un dato, y como digo, es la leche derramada.

El FAD no tiene mayor cosa que ver con lo ocurrido hace tantos años. Quizás algunos de sus integrantes si sean parte de esa generación, pero la mayoría de sus miembros, y sobre todo sus planteamientos políticos son sobre los temas de hoy, de ahora, y sobre la necesidad de aglutinar fuerzas progresistas, para continuar la lucha contra la corrupción y la impunidad, así como impedir que el pacto de corruptos no tenga mayores opciones en las próximas elecciones.

Y es aquí en donde se observa que existe mucha desinformación o ideas que a lo largo de los años cristalizaron, pero que se niegan a ver los fenómenos nuevos. Por esta razón, resulta que los que integramos el FAD no estamos pensando en la leche derramada en el pasado, sino que estamos tratando de construir el futuro político de este país. Con gente que quiera apostar al futuro, con sectores sociales que tengan como norte la construcción de una nueva práctica política, no vivir anclados en lo pudo haber sido y no fue. Los tiempos son nuevos.

En otro país del continente, a propósito de la memoria histórica y de hechos ya registrados, un viejo militante decía que su generación cargaba una mochila de dolores, de fracasos, de todo, pero no podía caminar hacia adelante si pasaba todo el tiempo mirando y pensando en el contenido de esa mochila. Había que liberar el presente del pasado, manteniendo la continuidad histórica.

Tuve la oportunidad y vivir los festejos del nuevo milenio, de ver de qué manera la juventud imaginaron el nuevo mundo, las nuevas opciones, las ideas de cambio para vivir mejor, para construir países con ganas de vivirlos, por ello no hablo solo de nuestro país, hablo del continente y más allá, del sur global que aspiran a vivir de otras maneras.

Estamos ahora en una época de crisis de paradigmas, de falta de pensamiento nuevo, pero con la enorme necesidad y urgencia de vivir de otra manera, de cambiar las sociedades en que vivimos. Algunas herramientas del pasado siguen con vigencia, otras no resistieron el paso del tiempo, de los cambios operados en el capitalismo global, o la implosión del socialismo a nivel mundial. Que hay otras y nuevas experiencias no lo dudo, pero todo es algo en construcción y demanda reflexiones y nuevos momentos de elaboración teórica. Es un proceso en marcha.

Hoy vivimos una ola neoconservadora o neofascista a nivel planetario, y hay una lucha enorme en diversos niveles. El sur global es una realidad geopolítica, los BRICS son una expresión de esa nueva realidad. En estos tiempos, una línea de resistencia global está alrededor de la defensa de la democracia, de los derechos sociales, políticos y culturales adquiridos que están bajo asedio en el mundo entero. Ello con las excepciones que siempre existen. Por ello ahora se deben encontrar las ideas que nos permitan definir una táctica y una estrategia para las condiciones de ahora, para los problemas de hoy.

Ninguna idea o realidad política está escrita en piedra, y nada es eterno en su duración. Esto es una ley de la vida. Todo se encuentra siempre sujeto a cambios a revisiones, y de manera especial en la acción política que busca el cambio. Si se analizan los contenidos de revistas política de la época del fin de la guerra en nuestro país, vemos que las preocupaciones tenían el sello de la época. Es normal que así sea. Hoy las preocupaciones son por la barbarie que nos acecha bajo la forma de neofascismo o de neoconservadurismo, cuyo objetivo nos coloca ante la disyuntiva de democracia o barbarie.

No se crea que solo por estas latitudes vemos el signo de la época, las coordenadas de esta situación perversa. Desde un programa de opinión en RT, Rafael Correa plantea la misma disyuntiva y en sus términos, Gustavo Petro desarrolla este tipo de ideas, de planteamientos. Son los rasgos que se asumen desde las fuerzas progresistas las ideas de cambio y de lucha democrática. Es algo en proceso de elaboración y podría pensarse que esfuerzos como el FAD se pueden inscribir en esa gran corriente de pensamiento.

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