La crisis de las universidades en el Siglo XXI: Hacia un nuevo modelo

fernandocajas

Fernando Cajas

En su artículo del 30 de abril 2026 «Mazariegos nunca más», de aquí en La Hora, José Alexander Velásquez da un panorama nacional, local, de la crisis política de la Universidad de San Carlos y del sistema de las comisiones de postulación. Aunque comparto a plenitud el argumento de Velásquez, en este articulo explico que la problemática universitaria guatemalteca se inserta en una crisis mundial de las universidades y la llamada educación superior que han sido superadas por nuevas formas de producción de conocimiento y una nueva organización de estos que exige transformaciones inmediatas a las universidades del mundo y de nuestra región.

En el mundo hay una crisis estructural de las universidades. Después de décadas de formar profesionales, la sociedad cuestiona si los privilegios otorgados compensan su aporte real. Como advertía Donald Schön en The Reflective Practitioner, la tecnocracia egresada de aulas tradicionales brilla en habilidades técnicas, pero falla en la reflexión en la acción, en la pertinencia social y algunas veces en su comportamiento ético.

En Guatemala esta crisis es extrema. Carreras como Derecho muestran eficiencia terminal por debajo del 10% y promedios de graduación superiores a doce años. Se han reportado enormes problemas de corrupción en facultades de derecho, particularmente en la Universidad de San Carlos donde la corrupción empieza con «auxiliares» desde el primer semestre quienes cobran para que los alumnos ganen los cursos, a sabiendas o no de los titulares de la cátedra. Es conocida la corrupción alrededor de los famosos exámenes «privados» que han sido manchados porque son la puerta a la graduación por lo que son utilizados discriminatoriamente, sin justicia, para graduar amigos, amantes, compadres y quienes pagan al extremo de solicitud de intercambios sexuales. Esa es la radiografía del Derecho.

Sobran abogados y faltan ingenieros, científicos, técnicos en mecatrónica, geólogos, vulcanólogos o especialistas en tratamiento de agua, manejo de desechos, alimentación, desnutrición infantil. Los costos —matrícula, materiales, tiempo perdido— son altísimos tanto en privadas como en la pública, mientras el monopolio del conocimiento se evaporó con la internet y la Inteligencia Artificial. La epistemología platónica, teórica y repetitiva choca frontalmente con el aprendizaje como práctica social en comunidades reales. Y la ética se derrumba cuando, en la USAC, un rector usurpa el cargo violando leyes, en medio de la cooptación política del Pacto de Corruptos y su hija putativa la Alianza Criminal donde el decano de la Facultad de Derecho, Henry Arreaga, defiende a los siete vientos a Consuelo Porras, la personificación del mal y la injusticia de Guatemala. Imagínese el lector: El decano de la Facultad de Derecho de la USAC es el mayor defensor de Consuelo Porras.

He documentado esta crisis — ética, financiera, epistemológica y de gobernabilidad— en columnas anteriores. No es un problema aislado: es de diseño. En Guatemala la Universidad, institución, es un monopolio público con rol político constitucional que la convierte en botín.

Pero la crisis no es el fin. Es la oportunidad de construir un Nuevo Modelo. Inspirados en el trabajo del rector de la Universidad Estatal de Arizona, Michael Crow (Designing the New American University), debemos armonizar lo que parecía imposible: acceso masivo y excelencia académica; investigación rigurosa e impacto social concreto; tradición humanística y tecnologías del siglo XXI. Eso no solamente es un sueño, es una realidad.

El camino para el nuevo diseño de la universidad guatemalteca pasa por tres ejes concretos:

1. Acceso igualitario y excelencia simultáneos. Expandir la matrícula masivamente sin sacrificar calidad, con becas basadas en mérito y necesidad (de acuerdo con prioridades de país, no como impulsó SEGEPLAN recientemente, donde el gobierno ni CONCYT dieron prioridades de formación académica de país), programas de nivelación, sedes regionales fortalecidas, nuevos institutos tecnológicos de educación superior. El Proyecto USAC 2050 ya esbozaba esta visión. No más exámenes de admisión que excluyen por origen socioeconómico o étnico.

2. Impacto social como norte. Esto significa romper con los silos disciplinares para investigar de forma transdisciplinaria los problemas reales: desnutrición crónica, riesgo volcánico, cambio climático, acceso a agua potable, seguridad alimentaria, brechas digitales. No debemos tener más programas en nutrición que ignoran la desnutrición infantil. Las universidades deben generar conocimiento útil, no solo reproducir teoría pasada de moda.

3. Innovación institucional profunda. Reorganizar currículos en unidades temáticas flexibles: programas cortos técnicos y profesionales (2-3 años) alineados con el mercado y la sociedad, junto a formación profunda. Uso intensivo de IA, impresión 3D, robótica y aprendizaje basado en proyectos reales desde el primer año. Medir el éxito por graduación oportuna, empleabilidad, patentes, soluciones implementadas y contribución a la equidad —no solo por cuánto se gasta. Debemos romper la arrogancia epistemológica hacia lo práctico y técnico. Crear vías fluidas entre técnicos, ingenierías y posgrados.

Esto exige gobernabilidad limpia: autonomía real, pero con rendición de cuentas transparente. Para esto hay que separar claramente la universidad de las comisiones de postulación de cortes para eliminar el botín político. Nos urgen rectores con liderazgo académico probado, experiencia en producción de conocimiento y visión de país, no polarizada.

Guatemala necesita un sistema público de educación superior pertinente. Construyamos la universidad que Guatemala merece en el Siglo XXI: inclusiva, rigurosa, práctica, innovadora y al servicio del pueblo, no de los corruptos. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.

telegram
Facebook comentarios