Entre el colapso del orden y la necesidad de articular lo disperso

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Marco Fonseca

Síntesis inicial

Vivimos un momento histórico en el que el lenguaje político que heredamos del siglo XX, incluyendo mucho del lenguaje crítico, ha empezado a fallar. Conceptos que durante décadas permitieron nombrar el mundo, como orden internacional, soberanía, revolución, democracia, movimientos sociales, partido y organización popular, hoy parecen deslizarse entre los dedos. No porque hayan perdido toda vigencia, sino porque el terreno material, geopolítico y social que los sostenía ha sido profundamente transformado. El resultado es una proliferación de diagnósticos lúcidos sobre la gravedad del presente que, sin embargo, no siempre vienen acompañados de la precisión conceptual necesaria para orientarnos estratégicamente.

La tentación es grande y consiste en nombrar el momento como caos, como ausencia de reglas, como retorno a formas premodernas de dominación o como una ofensiva destructiva sin ningún sentido ni racionalidad. Estas caracterizaciones expresan, sin duda, la violencia real del presente. Pero también corren el riesgo de oscurecer más de lo que aclaran. Cuando el mundo se vuelve brutal, el pensamiento crítico no puede darse el lujo de volverse impreciso.

Este texto dialoga críticamente con dos análisis influyentes del pensamiento crítico latinoamericano en el momento presente. Por un lado, el diagnóstico de Álvaro García Linera sobre el colapso del orden interestatal y la entrada en un “tiempo oscuro” dominado por leviatanes. Por otro, el texto de Raúl Zibechi sobre la ofensiva de la muerte y la necesidad de responder desde los pueblos y los movimientos. Ambos captan dimensiones centrales de la crisis actual. Ambos, sin embargo, dejan abiertos vacíos estratégicos decisivos.

En el caso de García Linera, el problema no está en el diagnóstico de la crisis del multilateralismo, sino en caracterizar el momento como uno “sin reglas”, cuando en realidad asistimos a la imposición de nuevas reglas imperiales, más crudas, jerárquicas y unilaterales. En el caso de Zibechi, el límite aparece en la apelación genérica a “la organización”, sin una redefinición profunda de qué significa organizarse en un mundo donde las formas organizativas del siglo XX han sido clausuradas o capturadas.

Este texto importa hoy, en este momento preciso, porque intenta avanzar allí donde el diagnóstico ya no basta, es decir, en la necesidad de reconstruir categorías estratégicas capaces de nombrar el poder, la dominación y, sobre todo, las posibilidades reales de acción colectiva. No se trata de elegir entre Estado o movimiento, entre orden o caos, entre organización o espontaneidad, sino de pensar una salida política a la altura de un mundo radicalmente reconfigurado.

Cinco tesis para orientar la lectura

1. El orden interestatal contemporáneo no carece de reglas: ha sido reconfigurado como un orden imperial jerárquico y coercitivo.

2. La metáfora del neofeudalismo describe la jerarquización, pero oscurece la racionalidad capitalista avanzada del presente.

3. Las formas clásicas de organización política y social del siglo XX están históricamente clausuradas.

4. El ciclo de ampliación de la sociedad civil y de los derechos fue absorbido y neutralizado por el neoliberalismo autoritario.

5. La tarea política central del presente no es “organizar” en abstracto, sino articular democráticamente lo disperso sin subsunción o subalternismo.

Fuente: Blog #RefundaciónYa

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