El futuro de los profesionales, parte 2
Fernando Cajas
Profesiones, como la ingeniería, la arquitectura, la medicina, el derecho, la educación y el clero, entre muchas profesiones, comparten un conjunto común de principios, a saber, que los practicantes deberían proporcionar un servicio valioso a la sociedad. Y como no, qué sería de una sociedad sin agua limpia para tomar, agua potable o qué sería de una sociedad sin médicos capaces de retornarnos la salud o abogados que defiendan nuestra libertad no digamos maestros profesionales que nos enseñen lo básico para la vida o el pastor capaz de darnos salud espiritual.
Es por esos nobles objetivos que en muchos países se les da un lugar especial a los profesionales. En algunos países como en Guatemala hasta se les da un estatus casi sagrado a estos profesionales organizados en colegios profesionales, con sus tribunales de honor. Algunas constituciones, como la Constitución Política de la República de Guatemala obligan a los egresados de sus universidades a asociarse (colegiarse) obligatoriamente a un colegio profesional si quieren practicar su profesión. Somos capaces de sacrificar nuestro derecho de libre asociación para que se nos obligue a ser miembros del colegio de nuestra profesión.
Pero qué pasa si en el país de las eternas contradicciones los ingenieros no son tan nobles como se cree. En principio, recordando el párrafo apertura de este artículo, ni siquiera proveen de agua potable a sus comunidades porque que tengan agua o no sus paisanos no es algo que les importe. No han visto a la ingeniería como una profesión que beneficie a la sociedad y están organizados en un colegio que más que organización noble es una clica que hace trampa en lo que puede, tal el caso de la reciente elección de rector donde el Colegio de Ingenieros de Guatemala no dejó siquiera participar a otras planillas sino aquella que defendía a muerte al usurpador de la Universidad de San Carlos. ¿Qué pasa con los nobles ideales de la ingeniería en manos de un colegio profesional cooptado y un tribunal de honor que no tiene honor?
Lo mismo pasa con el Colegio de Ingenieros Químicos de Guatemala, CIQ, donde la cooptación es la norma y donde tampoco dejaron participar a otro grupo diferente que el del usurpador como lo documenta el ingeniero químico Renato Ponciano quien luchó contra todo y contra todos para inscribir una planilla decente y debió concluir con su playera que dice: «Traté, no se pudo».
Pero no es solamente el caso de estos dos colegios, donde el primero, el colegio de ingenieros de Guatemala, sede Quetzaltenango, fue capaz de reconocer el grado académico del un falso ingeniero llamado Juan Fernando López, cuyo ego, igual que Consuelo Porras, le hizo inventar un título que no tiene, pero que de todas formas se lo aceptaron en el colegio del fraude como Ingeniero Provisional, graduado de un cartel de Sinaloa, Universidad de Miguel Cullacán, México. La misma historia de Consuelo Porras que dice que no se metan con su doctorado de la Mariano Gálvez, otra universidad corrupta de estas tierras raras guatemaltecas. Lo mismo dice el alcalde de Xela: no se metan con Cullacán, universidad que ni siquiera ofrece programa de ingeniería alguno, pero de todas formas pide al concejo municipal que lo llamen «ingeniero» y así lo llaman,
Uno diría que ese es un caso excepcional. Que en general los profesionales tienen nobles ideales y están organizados para beneficio del país. Digamos que sí. En esta serie de artículos iré analizando colegio por colegio, no con el fin de hundirlos más, que ellos se hunden solos, sino para entender la naturaleza de la práctica profesional, sus antecedentes históricos, su situación actual y su futuro mediado por una serie de transformaciones profundas con la emergencia de las nuevas tecnologías de información y la digitalización y el internet de las Cosas, principalmente la Inteligencia Artificial.
Mi interés nace de la importancia de entender la relación entre artesanía y tecnología, mediada por las ingenierías y las profesiones que con la llegada de la Inteligencia Artificial plantean un futuro novedoso de las profesiones ya que muchas actividades profesionales de ahora serán reemplazadas por las nuevas tecnologías de la automatización. En ese sentido, me pregunto cómo será el futuro de la educación, especialmente el futuro de la educación técnica, cómo cambiaran las profesiones, que actividades tendrán que hacer nuestros hijos y nuestros nietos para que las instituciones de hoy, escuelas, universidades, institutos técnicos, tecnológicos se preparen mejor.
