El TecnoYuan (Parte I)
DE LA PARIDAD PETROLERA A LA HEGEMONÍA TECNO-INDUSTRIAL CHINA[1]
Luis Armando Ruiz Morales Ensayo de opinión | Economía
PARTE I: EL EQUIVALENTE COMÚN Y EL NACIMIENTO DEL TECNOYUAN
Esta primera parte de este ensayo establece las bases teóricas del artículo. Parte de la categoría marxista de equivalente común —la forma específica de la mercancía que actúa como medida universal del valor— para demostrar que el dinero no se impone por decreto, sino por la práctica recurrente del intercambio y la demanda estructural de una mercancía estratégica. A partir de ahí, se contrasta el Petrodólar —soportado en el control del petróleo— con la realidad china: un país importador de crudo cuyo poder monetario descansa en la tecnología, la manufactura y la infraestructura digital. De esta contradicción nace el Tecnoyuan: una categoría conceptual que reconoce que el yuan se sostiene en la imposibilidad práctica de desconectarse del ecosistema tecnológico-productivo chino. Por lo tanto, el petrodólar y el Tecnoyuan permiten cumplir con la misma función: servir de equivalente común.
El equivalente común: la forma específica del dinero
Recordar que, en la teoría de Karl Marx, el dinero no es una mera mercancía entre otras, sino la forma específica de la mercancía que actúa como equivalente común. Cuando el valor de una mercancía se expresa en términos de esta mercancía de referencia, se establece el valor de cambio, un valor de cambio. El equivalente común emerge, por tanto, no por decreto estatal ni por convención abstracta, sino por la práctica recurrente del intercambio que, a través de millones de transacciones, consagra una mercancía particular como medida universal del valor (Marx, 1867/2014, pp. 113-115; Bambirra, 1978/2012, pp. 45-48).
El significado y la identidad en muchos casos permite indicar el alcance y la propiedad de lo que se pretende observar y sus implicaciones prácticas. Reconocer que la categoría equivalente común, por la aceptación de la sociedad y sociedades, conlleva la voluntad material de la aceptación por equivalente común. No basta que una moneda sea declarada legal por un Estado; debe ser aceptada materialmente —en el flujo real de bienes, servicios y deudas— como la forma en que el valor socialmente necesario se cristaliza, se mide y se transfiere (Marx, 1867/2014, pp. 127-129; Marini, 1973/2008, pp. 62-67).
Esta voluntad material no es subjetiva ni voluntarista. Es el resultado de una estructura de necesidades objetivas: cuando una economía, un sector o una red de naciones dependen de una determinada mercancía —petróleo, manufacturas, tecnología— la moneda que canaliza el acceso a esa mercancía se convierte, de hecho, en equivalente común. El dólar no es el dinero mundial porque la Reserva Federal lo dice, sino porque durante décadas el petróleo, la deuda soberana y la cadena de suministro global solo podían adquirirse por obligación o imposición para el uso de dólares[2]. La demanda estructural del commodity generó la demanda estructural de la moneda (Marx, 1867/2014, pp. 139-141; Harvey, 2010, pp. 78-82; Furtado, 1964/2017, pp. 198-204).
Aquí reside la clave para comprender al Tecnoyuan, para países como el nuestro, Guatemala, Agroquetzal, para Bolivia el Litioboliviano, Piscosol para Perú, etc. Son meras marcas de dichas mercancías y cómo podrían llamarse si fueran aceptadas u obligadas a aceptarse como equivalente común a nivel mundial.
Más allá del petróleo: el nacimiento de una categoría
Durante décadas, el término petrodólar definió la arquitectura monetaria global. La moneda estadounidense no se sostenía únicamente en la Reserva Federal ni en la confianza abstracta del mercado; su columna vertebral era el petróleo: toda nación que necesitaba energía debía adquirir dólares, generando una demanda estructural obligatoria de la divisa norteamericana. El acuerdo de Nixon con Arabia Saudita en 1974 institucionalizó este mecanismo, convirtiendo el crudo en el soporte tangible del poderío monetario estadounidense (Spiro, 1999, pp. 45-52; Clark, 2005, pp. 112-118; Dos Santos, 1970/2018, pp. 89-95). Dicho acuerdo y nuevo sistema, lejos de estabilizar el orden financiero mundial, generó una secuencia de crisis estructurales —inflación galopante, estancamiento, recesiones cíclicas y especulación financiera desbordada— que las élites herederas del capital financiero han sabido explotar y manipularse a su favor, transfiriendo los costos de sus propios desajustes hacia las economías periféricas y las clases trabajadoras[3].
China, sin embargo, representa un modelo estructuralmente distinto. No es un exportador neto de petróleo que condiciona el acceso a la energía. Es, por el contrario, el mayor importador mundial de crudo, la fábrica del planeta y el polo tecnológico emergente más dinámico del siglo XXI. Aplicarle la etiqueta petroyuan resulta, por tanto, un anacronismo conceptual: el yuan no se impone por el control de una commodity extractivista, sino por la densidad e importancia de su aparato productivo, la sofisticación de su cadena de suministro y la velocidad de su innovación tecnológica. De ahí surge la necesidad del autor de contar con una propuesta de una nueva categoría: el Tecnoyuan. (Arrighi, 2007, pp. 356-362; Sunkel & Paz, 1970/2015, pp. 134-142).
¿Qué es el Tecnoyuan? El Tecnoyuan no es una moneda diferente del yuan o del renminbi. Es una denominación conceptual que reconoce la base real sobre la cual se asienta la internacionalización de la moneda china: la tecnología, la manufactura avanzada y la infraestructura digital como vectores de demanda estructural del yuan (McNally, 2012, pp. 156-160; Prebisch, 1950/2012, pp. 45-52) y no mera mente la compra de un solo commodity. Si ese fuera el caso, debería llamarse PETRORIAL dado que es la moneda de transacción que en la actualidad se comercializa el petróleo iraní. El PETRORIAL ya existe como categoría analítica — distintos autores (especialmente en análisis de geopolítica energética del Golfo Pérsico) han utilizado el término para describir los intentos de Irán de comercializar petróleo en su moneda: el rial, especialmente durante las sanciones estadounidenses. Por lo que no debe creerse que es una invención del autor de este artículo, sino una denominación que circula en la literatura especializada.
La diferencia estructural — Irán sí es un exportador neto de petróleo que condiciona el acceso a la energía (a diferencia de China). Por tanto, el rial iraní sí encaja en la lógica petro-monetaria clásica. El término Petrorial no rompe con el paradigma petrodólar; lo reproduce en una escala menor y bajo condiciones impuestas en sanciones. El Tecnoyuan, en cambio, propone una ruptura epistemológica: no es petro-nada porque su soporte no es el crudo.
La cuestión de la aceptación como equivalente común — el rial iraní no ha logrado (ni lo logrará bajo el actual régimen de sanciones) la condición de equivalente común aceptado materialmente por la sociedad de sociedades. El Petrorial es, por tanto, una categoría potencial o aspiracional, mientras que el petrodólar fue (y es) una categoría constatada por la práctica obligada del intercambio. El Tecnoyuan se sitúa en una zona intermedia: no es elemento hegemónico pleno, pero ya genera demanda estructural por vía tecnológica.
Mientras el petrodólar se alimentaba de la necesidad universal de energía fósil, el Tecnoyuan se nutre de una demanda poliédrica, véase:
- Manufacturas de alta tecnología: semiconductores, equipos electrónicos, maquinaria de precisión, vehículos eléctricos.
- Infraestructura digital: redes 5G/6G, plataformas de inteligencia artificial, gemelos digitales industriales[4].
- Cadenas de suministro integradas: la capacidad china de producir desde la materia prima (tierras raras) hasta el producto final ensamblado.
- Servicios financieros tecnológicos: el yuan digital (e-CNY), el sistema CIPS y las plataformas de pago transfronterizas.
En síntesis: el Tecnoyuan es el yuan cuya demanda internacional no depende de una sola commodity, sino de la imposibilidad práctica de desconectarse del ecosistema tecnológico-productivo chino (Nolan, 2014, pp. 89-94; Cardoso & Faletto, 1969/2015, pp. 167-173). Incluso, quienes observan con recelo el crecimiento de China podrían considerar que este país y sus empresas tienen la capacidad de contribuir a la coordinación de las necesidades tecnológicas a nivel mundial, promoviendo un mayor orden y coherencia en su desarrollo. Desde esta perspectiva, ello podría favorecer condiciones más adecuadas para el bienestar humano y la sostenibilidad ambiental, en contraste con modelos caracterizados por la concentración del poder económico y la formación de estructuras monopólicas asociadas a determinadas élites.
[1] NOTA METODOLÓGICA SOBRE LA ESTRUCTURA DEL ARTÍCULO
Este artículo se ha dividido en tres partes por una razón de orden didáctico y analítico, no arbitraria. La lógica de la tripartición responde al método de la economía política marxista: de lo abstracto a lo concreto, de la forma general a la determinación particular, de la teoría a la crítica aplicada.
- La Parte I («El equivalente común y el nacimiento del Tecnoyuan») se consagra a la determinación del conocimiento abstracto. Aquí se establece el concepto —el equivalente común marxista— y se deriva de él la categoría nueva. Sin esta base teórica, el Tecnoyuan quedaría como mero neologismo; con ella, adquiere estatus de concepto operativo.
- La Parte II («La potencia y elasticidad del Tecnoyuan») realiza la determinación concreta de la teoría a la práctica. Toma el concepto y lo despliega en sus dimensiones materiales: producción, infraestructura financiera, redes de intercambio. Es el paso de la forma a la sustancia, del «qué» al «cómo».
- La Parte III («Crítica, limitaciones y proyección para la periferia») ejecuta la crítica y la síntesis. Confronta el concepto con sus contradicciones reales y proyecta el análisis hacia el caso particular —Guatemala— sin perder la generalidad de la teoría. Es el retorno al concreto, pero ahora como «concreto pensado», en el sentido de Marx.
Cada parte puede leerse de manera autónoma, pero solo la secuencia completa reproduce el movimiento dialéctico que el objeto —la transición del petrodólar al Tecnoyuan— exige.
[2] Imposición de dicha política monetaria por los Estados Unidos de América del Norte, en contubernio obligado con los países árabes productores de petróleo.
[3] Esta afirmación constituye una hipótesis de trabajo del autor, derivada del análisis de la secuencia de crisis financieras posteriores a 1974 y su impacto asimétrico en las periferias.
[4] Un gemelo digital industrial es una réplica virtual exacta de un activo, proceso o sistema físico real, que funciona en la nube en tiempo real. Se alimenta de datos de sensores y permite simular escenarios, predecir fallos y optimizar el rendimiento sin afectar las operaciones reales. Google/Gemini.
