El conocimiento, la epistemología y la ética

JAIROaLARCO

Autor: Jairo Alarcón Rodas

La moral es la ciencia por excelencia: el arte de vivir bien y ser dichoso.

Blaise Pascal

El conocimiento sitúa a los seres humanos dentro de la realidad, les permite comprender el mundo, saber lo que son las cosas, actuar en él, proyectarse a futuro. Es el paso del ejercicio de las funciones racionales, con el proceso intelectivo ordenado, lo que da lugar a lo que se denomina racionalidad teórica y, con esta, a la posibilidad del ejercicio de la razón práctica que da origen a la moral y a la ética.

Dentro de la concepción realista, lo concreto origina lo abstracto, existe diferencia entre el objeto de conocimiento y el sujeto que conoce, no son lo mismo, existe separación entre uno y otro. Con relación a eso, Mario Bunge dice: La primera condición, posibilidad de distinguir entre sujeto y objeto, depende de la posibilidad de separarlos, puesto que, si los términos de la interacción no son separables, es imposible saber cuál es la contribución de cada uno. Y Si son diferentes, el conocimiento es el que permite corresponder el uno del otro.

Consecuentemente, el conocimiento, más concretamente la epistemología, debería tener una correspondencia directa con la forma de obrar de las personas, con su conducta, apegada al bien. El conocimiento, con el proceso lógico de aprehensión de la realidad, se convierte en epistemología al trasladar e interpretar correctamente el material que proveniente de los sentidos hacia el intelecto humano.

Al conocer, se recoge la información de la realidad y se le interpreta en forma correcta, no es el resultado de una opinión, de una descripción antojadiza sobre la realidad, ya que en el conocimiento van incluidos toda una serie de pasos y procedimientos que se deben cumplir, que conlleva la verificabilidad de los hechos, para ser tomado como tal. El conocimiento, por lo tanto, no es un acto arbitrario ni subjetivo.

Si se les preguntara al común de las personas ¿conoce usted la realidad? pocos dirían que no la conocen, la mayoría aseguraría que saben lo que son las cosas; tal seguridad se debe a que no tienen clara la diferencia entre lo que es una creencia de lo que constituye el conocimiento y suponen por verdadero lo que dicen creer pues les ha funcionado. Pero, tal criterio dista mucho de lo que es una acción procidimental de la comprensión de un fenómeno que conduce a su verdad.

Y es que, para el común de las personas, conocer es sencillamente poder utilizar las cosas, simplemente tener una idea sobre el mundo. Y como diría Max Horkheimer, considerarían lo racional como el poder decidir qué es lo útil. Constituyendo ese un primitivo encuentro con las cosas. De ahí que, a la mayoría de las personas poco les interesa la relación existente entre el saber y los actos morales. Mucho más claro lo tenía Theodor Adorno al señalar que la inteligencia es una categoría moral. Y como categoría moral no debería tener simplemente un carácter instrumental, subjetivo.

La intención de conocer la realidad es para orientarse, accionar y desenvolverse apropiadamente en ella, de modo que el conocimiento debe llevar a la acción, es en la unión de la teoría y la práctica en donde todas las potencialidades humanas se hacen patentes y la realidad cobra verdadero sentido para el ser humano

Richar Rorty, subraya que el conocimiento de la realidad tiene un fin eminentemente práctico, entendiendo ese término como lo útil en un momento histórico y contexto cultural determinado,  de modo que la búsqueda de la verdad, para él, no tiene sentido ya que pretende encontrar una objetividad en las cosas es una tarea inalcanzable.

Pero, en ese caso, el termino útil es un concepto subjetivo, ya que cada individuo determina lo que le es útil de acuerdo con sus requerimientos, deseos y apetencias, lo que problematiza la convivencia en sociedad, a pesar de que teóricamente se postulen los acuerdos intersubjetivos que, en la práctica, resultan inalcanzables, debido a las contradicciones antagónicas entre los estratos sociales.

Rorty postula el término ironista liberal, que es un sujeto que combina el compromiso pragmático contra la crueldad con la plena conciencia de que sus propios valores son contingentes y no poseen fundamentos universales. Sin embargo, en la realidad, será posible esa calidad de persona, en donde se unen criterios pragmáticos y sentido humano, la historia dice todo lo contrario.

Para un millonario, dueño de empresas y fábricas, lo que le es útil es hacer dinero, acumular riqueza, tener privilegios y para lograrlo no escatimará esfuerzo alguno, reduciendo a sus empleados a mercancías, vulnerando sus derechos. El trabajador, en cambio,  encontrará útil lo que corresponda a satisfacer sus necesidades. Cómo entonces hacer que coincidan esos dos criterios de utilidad sin afectar, en este caso, al más vulnerable, al trabajador. La contradicción antagónica que visibilizó Karl Marx entre el explotador y explotado es real y vigente.

Consecuentemente prevalece en el mundo la actitud pragmático-utilitaria que simplemente sitúa a las personas en el mundo, pero no les permite comprender en donde están. Es por lo que Karel Kosik decía, el mundo del traficar y manipular, es decir, de la praxis fetichizada de los hombre que no coincide con la praxis crítica y revolucionaria de la humanidad, es el que prevalece en el sistema cotidiano del capitalismo, ya que una cosa es la interpretación utilitaria de la realidad y otra el examen crítico sobre esta.

De modo que no es la actitud pragmática la que devela el verdadero sentido de las cosas. Es en la actitud reflexiva, de la racionalidad objetiva, empleada por la ciencia, sin perderse en el reduccionismo, en donde se logra. Es por lo que cabe la distinción entre una actitud crítica y reflexiva propia del conocimiento científico y el proceder común de las personas, cuyo afán es simplemente obtener provecho.

Karl Popper es claro al indicar que, en la búsqueda de conocimiento, tratamos de hallar teorías verdaderas o, al menos, teorías que estén más cerca de la verdad que otras, que correspondan mejor a los hechos; mientras que en la búsqueda de teorías que sean meramente instrumentos para ciertos propósitos, en muchos casos nos sirven muy bien teorías de las que sabemos que son falsas. Todo dependerá del propósito que tenga el individuo dentro de la realidad y su grado de honestidad.

Manipular y traficar objetos no necesariamente requiere adquirir el conocimiento sobre estos, más bien de adiestramientos básicos e instrumentales. En Guatemala, muchas personas obtienen su licencia de conducir sin contar con el conocimiento mínimo y la responsabilidad que eso conlleva. Puede que sepan desenvolverse mecánicamente dentro del tráfico, que puedan acelerar, frenar, cruzar, pero no tienen ni la más mínima idea de lo que constituye una conducta vial. Puede, en igual forma, que tengan una idea del reglamento de tránsito, que sepan lo que dice, pero desconozcan lo que es conducir con responsabilidad.

De ahí que tanto conductores de automóviles ostentosos, como los de vehículos más humildes, motoristas, ciclistas, incluso peatones, no tienen ni idea de lo que representa transitar en una ciudad, lo desconocen o simplemente no les interesa saber, su mentalidad unidimensional no les permite comprender más allá de sus intereses. Su racionalidad subjetiva se impone, indicándoles que lo relevante es llegar a su objetivo lo más pronto posible y por ello no les importa cumplir las normas viales, ya que sus intereses personales pesan más y se anteponen a los de la colectividad.

Algunos saben que su desempeño vial puede causar un impacto negativo, sin embargo, continúan conduciendo como cafres, poniendo en peligro la seguridad de otros conductores y, esencialmente, la de los peatones. Obtener una licencia no solo requiere certificar que la persona que la obtiene comprenda el funcionamiento del vehículo, sino saber lo que eso representa dentro de una ciudad, conducir con respeto a los demás, hacerlo con responsabilidad.

El conocimiento cobra relevancia cuando se introyecta, es el saber que logra unirse con otros saberes, para un desempeño más adecuado dentro de la realidad, el que es importante. No se trata de que, a través del conocimiento, simplemente se contemple al mundo o se obtenga una utilidad inmediata de este, se trata de que, a partir de comprender el escenario en el que se desenvuelve un sujeto, lo pueda transformar racionalmente, a través del conocimiento, para el bien propio, el de la sociedad, incluso, el de la humanidad.

El conocimiento, en este caso, va más allá del mero saber instrumental inmediato, en el que se ponen en juego los medios más convenientes y eficientes para obtener objetivos específicos por parte de cada sujeto; ya que contempla, además, el escenario, la circunstancia, los medios y el impacto de lo que resulta del acto de comprender los objetos, el escenario en donde se manifiestan, y proceder a la acción.

El ejercicio de la racionalidad teórica a la práctica comienza con la comprensión de los fenómenos que acaecen en la realidad, a partir de los hechos, mismos que se evidencian más allá de la conciencia de un sujeto y los que éste debe captar a través de una lectura adecuada para poder comprenderlos. No puede ser el resultado de una lectura antojadiza de las cosas que relativice la realidad convirtiéndola en una opinión incierta.

Por eso, al hacer referencia a un comportamiento socialmente adecuado, no podemos estar indignados moralmente ante una manera de proceder, señala Ernest Tugendhat, si no suponemos que lo estamos justificadamente y esto significa que tenemos un fundamento para hacerlo. Negar, por ejemplo, el genocidio israelí en contra del pueblo palestino, suponer que es una apreciación errónea producto del antisemitismo, resulta ser un acto criminal ante las evidencias objetivas de tales hechos.

Consecuentemente, la epistemología no es simplemente una teoría del conocimiento, sino que está intrínsecamente ligada a la ética. Marcuse considera que la forma en que conocemos el mundo refleja y reproduce las relaciones sociales y de poder existentes, por lo que van unidas y es ese su verdadero valor y sentido humano. Realizar acciones de acuerdo con la naturaleza social humana requiere de un conocimiento preciso de la circunstancia, de lo que son los seres humanos, su bienestar y su papel en la preservación de la vida, de la existencia humana y del planeta.

Comportarse correctamente en una sociedad no es una acción arbitraria y, consecuentemente subjetiva, que obedece a criterios personales, prácticos, utilitarios, por el contrario, requiere del ejercicio de la racionalidad normativa, a la que Jürgen Habermas considera necesaria para la existencia y cohesión social. Siendo la capacidad de los individuos para evaluar y justificar normas y valores a través de la comunicación y el diálogo, buscando el entendimiento mutuo y el consenso. No se trata de una racionalidad puramente individual o subjetiva, sino de una racionalidad que emerge de la interacción social y la argumentación. En donde es imprescindible el ejercicio de la racionalidad, el lenguaje y la verdad.

De tal modo que, ejercitando la razón a partir del don de la palabra, la convivencia social y el conocimiento, la verdad emerge, no en un sentido absoluto y permanente, sino dialéctico, ampliando los detalles y la riqueza de las cosas y, con ese criterio, permite a los seres humanos accionar de la forma más adecuada y con propiedad, dentro de los múltiples escenarios que se le presenten. Y es que, reafirmando las palabras de Marcuse: La epistemología es en sí misma ética.

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