El asesinato de Foppa, ¿vuelve el terror militar?
Carlos Figueroa Ibarra.
Me enteré del asesinato de Juan Francisco Solórzano Foppa mientras desayunaba con Jorge H. Aguilera, director del diario Liberación de Puebla. Desde Guatemala, recibí una llamada de un querido amigo y colega comunicándome que una hora antes ese sábado 17 de octubre el querido y admirado Juan Francisco había sido abatido a tiros mientras jugaba futbol en el Campo Marte de la ciudad de Guatemala. La noticia que hoy enluta a la decencia en Guatemala, a mí me afecta personalmente, porque considero un mentor a su abuelo Alfonso Sólorzano, figura prominente de la época de la Revolución guatemalteca. Hace unos meses mientras teníamos una reunión vía zoom, convenimos que cuando viajara a Guatemala le platicaría mis recuerdos sobre Alfonso Solórzano. Eso ya no sucederá.
La familia Solórzano Foppa ha sido una familia particularmente golpeada por la represión de parte del orden establecido en Guatemala desde 1954. En junio de 1980, Juan Pablo Solórzano Foppa, el menor de los hijos del matrimonio de Alfonso y Alaíde Foppa, cayó en combate en Nebaj (departamento de Quiché) y su cadáver nunca fue encontrado. Dos meses después, un atribulado Alfonso murió arrollado por un vehículo en la avenida Insurgentes de la ciudad de México. El 19 de diciembre de 1980, Alaíde fue secuestrada en Guatemala por el ejército mientras visitaba a su madre. Al año siguiente, otro de los hermanos Solórzano Foppa, Mario, murió en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad guatemaltecas. Ahora, la zaga trágica de la familia tiene otro doloroso acontecimiento con el asesinato de Juan Francisco.
Además de doloroso e indignante, resulta preocupante este asesinato. Tiene todos los visos del retorno del terror tal como lo practicaba la dictadura militar. Quien tenga la edad suficiente recordará cómo los aparatos de inteligencia y las policías planeaban y ejecutaban el asesinato y la desaparición de miles de personas. Uno de los métodos utilizados fue el asesinato de personas notables como el abogado laboralista Mario López Larrave, el dirigente universitario Manuel Andrade Roca o los dirigentes socialdemócratas Alberto Fuentes Mohr y Manuel Colom Argueta. Los asesinatos de notables y sus repercusiones nacionales potencializaban el terror que buscaban infundir en la población. El asesinato de Juan Francisco recuerda el perverso procedimiento.
También revela que ha vuelto el terror por asesinato que es diferente al objetivo del terror judicial: el asesinato civil que por medio de la Lawfare ha practicado en los últimos años la dictadura del Pacto de Corruptos. Parecería que una vez disminuido en alguna medida el terror judicial con la salida de la Fiscalía General de Consuelo Porras, el terror por asesinato podría estar siendo de nuevo considerado por quienes ven sus intereses afectados por denuncias como las que hacía Juan Francisco. Fue el Pacto de Corruptos el principal blanco de sus valientes denuncias: la entonces fiscal general Consuelo Porras; el entonces presidente Alejandro Gianmattei; Sandra Torres y su partido Unión Nacional de la Esperanza (UNE); el exministro de Gobernación Francisco Jiménez; el juez Freddy Orellana y Rafael Curruchiche ex titular de la Fiscal Especial Contra la Impunidad (FECI). El 15 de octubre, dos días antes de su asesinato, Juan Francisco denunció la participación de la CIA y el Ejército de Guatemala en la masacre de ocho personas en Huite (departamento de Zacapa) el 27 de septiembre de 2026.
En estos últimos años el terror judicial se cebó en figuras como la del periodista José Rubén Zamora quien víctima de procesos judiciales amañados permaneció tres años y medio en prisión. Hoy el terror por asesinato cobra la vida de Juan Francisco Solórzano Foppa. Terror judicial y ahora terror por asesinato fueron obra de la continuidad del infame orden establecido en 1954. La alianza delincuencial que hoy pretende seguir gobernando a Guatemala debe ser enfrentada con la unidad de todas las fuerzas de distinta índole política e ideológica que crean que el Estado de derecho debe ser establecido en Guatemala. Este es el llamado que ha hecho el Frente Amplio por la Democracia. El asesinato de Juan Francisco Solórzano Foppa nos recuerda de manera dolorosa la urgencia de la unidad.
Tomado del Muro de Facebook
