Cuando en un país son electos políticos nefastos

JAIROaLARCO

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Confieso que no me seduce el ideal de vida que defienden aquellos que piensan que el estado normal de los seres humanos es luchar por estar adelante; y que el pisotear, el empujar, el abrirse camino a codazos y el pisarse los talones, que constituyen el tipo actual de vida social, sean el destino más deseable para el género humano, no siendo otra cosa que los síntomas desagradables de una de las fases del progreso industrial…

Erich Fromm

Un pueblo que no elije consciente y consecuentemente a sus gobernantes, que se equivoca al emitir su voto, hunde al país en una crisis en la que los sectores más vulnerables son más afectados, relegándolos a condiciones de miseria; siendo, por el contrario, las élites económicas y sus testaferros políticos los más beneficiados. No obstante, la equivocación de un pueblo debe tener una causa o razón. De ahí que, cuál es la causa de tal deficiencia en el electorado y de tan magros resultados, contraproducentes para la sociedad.

Un país en el que los políticos actúan al margen de la moral y la ética, en el que logran su posicionamiento político través de servilismo y de siniestras transacciones económicas, está condenado a sufrir todo tipo de vejámenes, calamidades y retraso. Pero, ¿qué tanto daño puede causar un mal político a un país? Mucho, sin embargo, para el que usurpa el poder o lo ejerce espuriamente , eso no le importa pues su interés se centra en preservar sus privilegios.

El problema comienza, en primera instancia, a partir del ordenamiento jurídico que regula la participación política de los guatemaltecos, la ley electoral y de partidos políticos que, en el caso particular de este país, siempre ha favorecido la participación y la elección de políticos afiliados a partidos financiados por la oligarquía dominante, el CACIF. Por lo que han sido leyes hechas a su medida y a sus intereses.

De ahí que tanto partidos conservadores como los denominados socialdemócratas han sido financiados y obtenido el beneplácito de las “élites guatemaltecas”, lo que determina que la población no elija sino simplemente escoja entre los candidatos que los poderes fácticos quieren. Y, por otra parte, la mala elección de autoridades se debe, también, a la ignorancia a la que se ha sometido a la población del país, a través de un sistema educativo obsoleto, reproductor del vigente estado de cosas.

Por qué la población se mantiene al margen del conocimiento del funcionamiento administrativo de su país, por qué rechaza la política sin saber de qué se trata, rehusando entender que, desde el mismo momento en que vive en sociedad, se está sujeto a esta. Toda teoría del Estado señala que, en sociedad, las personas se someten al poder o lo ejercen. En consecuencia, bajo esas dos circunstancias, es pertinente ser conocedor de las responsabilidades que ello representa, desconocerlo o hacer mal uso de ello significa abusar del poder, o ser abusado por de éste.

En tal sentido, se confunde a la población al identificar a la política con el sectarismo político y el funcionamiento de los partidos políticos. Ejercicio que, en este país, han sido ejercido sin ningún escrúpulo, con la finalidad de la obtención de espurios objetivos, tomando por norma que el fin justifica los medios. De ahí que se piense que involucrarse en la política, significa ser deshonesto, inescrupuloso y mentiroso, pues así ha sido la trayectoria de los políticos en Guatemala.

Desconoce la población que, al interesarse en la política, al saber lo que ésta representa para un habitante de un país, tendría mejores herramientas no solo para exigir sus derechos, sino para participar activamente y con propiedad en la vida social, en la escogencia, con mejor criterio, de sus gobernantes. No obstante, en Guatemala se escoge a sus autoridades a partir de los candidatos que los partidos políticos promueven, desde luego, con el visto bueno de las élites criollas y del imperialismo estadounidense.

En el mejor de los casos, el pueblo escoge al político que su criterio considere ser el menos malo, no obstante, los menos malos han resultado ser de la peor calaña y un pueblo que se equivoca retrocede décadas en su desarrollo. Elegir a un mal gobernante puede causar retrocesos significativos en un país, manifestándose en el debilitamiento institucional, aumento de la corrupción, inseguridad y desconfianza ciudadana. Los impactos incluyen la erosión de la legitimidad democrática y retrocesos económicos. Aspectos que sin duda ha sufrido y sufre el país

Recientemente, el congreso de la república de Guatemala eligió al magistrado que le corresponde ante la corte de constitucionalidad, por lo que cien diputados lo hicieron en favor de Roberto Molina Barreto y lo hicieron, no pensando en el resguardo de un Estado de Derecho, en el bien del país y el de su población, sino en la protección de sus intereses y la de su impunidad.

De nada sirvieron las tachas evidenciadas en el hemiciclo parlamentario en contra de Molina Barreto, su filiación con oscuros sectores, pues articulados con el Pacto De Corruptos y tras recibir las órdenes del gobierno de Estados Unidos, la consigna fue elegirlo a toda costa. Esa es la forma de hacer política por parte del país del norte, es la forma en la que se manifiesta la derecha del país, esa es la forma del “libre ejercicio democrático” que practican.

La compra de voluntades ha sido el mecanismo por excelencia de los articuladores de la corrupción en Guatemala, pues saben que la mayor parte de políticos del país tienen un precio. De ahí que, el que tiene suficiente dinero tiene garantizado que más de algún político será electo para su beneficio, pues puede comprar su voluntad. Así, el que tiene el capital para comprar voluntades, tiene el poder político para asumir el control del país, esa es la triste realidad de Guatemala.

Ya desde hace mucho tiempo, en el Siglo de Oro de las letras, Francisco de Quevedo expresó en su poema, Poderoso Caballero es don Dinero, el poder que representa éste, por lo que en unos de sus versos dice: Madre, yo al oro me humillo; él es mi amante y mi amado, pues, de puro enamorado, de continuo anda amarillo; que pues, doblón o sencillo, hace todo cuanto quiero. Poema en el que satíricamente crítica la corrupción, la pérdida de valores y la excesiva influencia del dinero en la sociedad. Ya han pasado casi 4 siglos de eso y las cosas siguen igual o peor en sociedades donde impera el dinero.

Voltaire decía: Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero y con éste compran un lugar en el cielo, actúan sin escrúpulos, corrompen voluntades, se venden al mejor postor, destruyen su dignidad, se deshumanizan. La derecha tiene dentro de sus características y valores que la identifican, criterios deshumanizantes, ya que promueve el individualismo y, con éste, el egoísmo, la desigualdad natural, para justificar la presencia de ricos y pobres, entre otros. Y qué mejor forma de hacerlo si no es defendiendo el conservadurismo religioso y valores hipócritas de la familia que muchos están lejos de cumplir.

Ya que dentro de un sistema en donde prevalecen el lucro y valores consumistas: el individualismo, la competitividad, el egoísmo y la deslealtad se hacen presentes. Por lo que la construcción del nuevo ser humano, que planteaba Karl Marx, no parte de aquel individuo que ha desarrollado una naturaleza perversa. Por el contrario, es en aquellos en los que puede cimentar valores solidarios, fraternos, que lo impulsen para su desarrollo, en compañía de los demás miembros de su especie, sin distinción de ningún tipo, que se puede lograr su transformación.

Marx planteaba un ser humano libre de la alienación capitalista, solidario, fraterno, capaz de enriquecer su propia esencia. Un ser humano libre de las cadenas religiosas, de dioses y mitos. En La ideología alemana, Marx y Engels señalaban: Enseñémosles a sustituir estas quimeras por pensamientos que correspondan a la esencia del hombre, dice uno; a adoptar ante ellos una actitud crítica, dice otro; a quitárselos de la cabeza, dice el tercero, y la realidad existente se derrumbará. Y a partir de eso, la condición de tontos útiles irá desapareciendo.

Decía Herbert Marcuse, el «hombre nuevo» implica una ruptura con las necesidades falsas, una conciencia crítica y la liberación de los instintos, buscando una existencia no reprimida, solidaria y libre. Lo que está lejos del comportamiento de los políticos guatemaltecos y de muchas personas, cuyo interés se centra en acumular riqueza y privilegios, sin importar los medios para lograrlo.

De la misma forma en la que el poder no pervierte, sino evidencia las verdaderas intenciones del que lo ejerce, la perversión de las personas se muestra a través del ejercicio del poder. De ahí que permitir que eso suceda, o continúe sucediendo, es una irresponsabilidad imperdonable. Por eso es necesario elegir con criterio a las personas que dirigirán el destino de un país, equivocarse significa un desastre a todas luces reprochable.

Muchos gobernantes han pasado, demostrando su ineptitud en el manejo del Estado, lo que debería de servir de referencia para no volver a equivocarse, no obstante, un pueblo sin cultura política, con necesidades existenciales por resolver, poco puede hacer para cambiar tal situación, lo que no significa que se justifique su proceder.

La misma necesidad los llevará a tener un momento de lucidez, que les permita tomar conciencia de su situación y reparen en lo importante de su participación política y de elegir con mejor criterio a sus autoridades. Por lo que, hacérselos ver, evidenciándoles el escenario político en el que se desenvuelven y la importancia del criterio humano para cualquier tipo de decisión podría ser el comienzo.

Ya que como señaló Lewis Mumford: Las potencialidades del hombre son aún más importantes, infinitamente más importantes, que todos sus logros actuales, por lo que confiar en que alcanzará mejores condiciones para su vida no es una utopía. En ello está en juego su subsistencia en el planeta, el dilema es desarrollarse plenamente en armonía o la extinción de su especie…

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