Un país sin presidente, sin congreso y sin gente valiente: El ocaso de la pobre democracia
Fernando Cajas
Yo voté por Bernardo Arévalo. Creí, como muchos, que su llegada representaba un cambio en la historia reciente del país, un poco por su padre y un poco por los corruptos contra los que competía. Pero no sabíamos que el señor era un cobarde y que quizás era capaz de vender su alma al diablo. Eso no lo sabíamos. Nadie nos dijo nada al respecto. No parecía.
Él tenía la posibilidad real de desmontar, aunque fuera parcialmente, el entramado de incapacidad y corrupción que ha capturado al Estado, pero no quiso. No es que no pudo. No es que los corruptos no lo dejaron. No. Simplemente no quiso. Quizá como me dijeron siempre: Es cobarde.
Pero la esperanza no se destruye únicamente con malas intenciones. También se destruye —y quizá con mayor eficacia— con la incapacidad y la cobardía. Y como escribí ya hace un par de años, este gobierno tiene por enemigo mayor a este gobierno. Ellos, presidente, ministros, viceministros, asesores y todo lo que huele a semilla o a raíces y allegados son enemigos del gobierno de Arévalo. Son enemigos de si mismos.
Cuando el Ministerio Publico, jugando de Tribunal Supremo Electoral, intentó impedir su toma de posesión, el presidente no se defendió. Se comportó como lo ha hecho siempre utilizando la metáfora de la aritmética posicional: Cero a la izquierda. Fue, es y será un cero a la izquierda Arévalo. ¿Quiénes defendieron el triunfo de Arévalo? Fue la gente, la gente de las colonias, de los pueblos, de los barrios, de todos lados. No le faltó apoyo. Pero los cobardes requieren algo más que apoyo. Si, eso es lo que requieren, pero no lo puedo escribir aquí. Todos defendieron la institucionalidad… menos quien estaba llamado a encabezar esa defensa.
Ese patrón se repite. Arévalo no defendió a su partido, Semilla, frente a la embestida. No. No defendió a quienes fueron criminalizados por protestar en su favor, muchos de los cuales siguen enfrentando consecuencias legales. No enfrentó a la fiscal general, quien ha impuesto su agenda con total comodidad mientras el Ejecutivo observa. La consecuencia es evidente: el poder no ocupado por el presidente es ocupado por otros.
En la gestión pública, la historia no es distinta. El Ministerio de Comunicaciones sigue siendo un símbolo de abandono. Las carreteras continúan deteriorándose —la ruta Cito-Zarco, el kilómetro 189, son ejemplos que llevan años sin solución efectiva— y no hay señales de una política seria de infraestructura. Los puertos mantienen retrasos estructurales, a pesar de acuerdos internacionales que, en la práctica, no han producido resultados tangibles. El mismo Emilio Matta ha reportado en decenas de columnas ese triste escenario donde el presidente no lee, no entiende, no percibe cuál es su función con la infraestructura. Se la ha pasado especializándose en escoger malos ministros de comunicación.
En política exterior, el país carece de rumbo. Guatemala reacciona, no actúa. Y en ese vacío, actores externos e internos colocan piezas sin resistencia, léase como ejemplo dramático la imposición de Barreto por Barret ante la inacción del presidente en un congreso cooptado por corruptos o inútiles que fueron capaces de decir que sus nuevas cortes eran «balanceadas». ¡Vaya balance!
Mientras tanto, los programas sociales, aunque bien intencionados, son pequeños frente a la magnitud de problemas como la desnutrición crónica infantil. No está mal hacer caminos rurales y poner piso de cemento en los hogares rurales, pero eso es muy poco. Realmente, no se trata de hacer poco; se trata de que lo poco no cambia nada. Y eso en todos lados, en gobernación, en cultura, en medio ambiente, en educación, en finanzas, en todo. En gobernación los problemas esenciales siguen, no hay programa estratégico para reducir la violencia. En cultura, recién sacaron a la ministra y nadie dijo por qué. En medio ambiente, los basureros proliferan, los alcaldes no hacen sistemas de tratamiento, ni de basura ni de agua, nada. Tienen una ley de aguas que producirá mas problemas que soluciones. En educación sigue el abandono de lo importante: Los niños no aprenden matemática, tampoco saben leer. Y junto a eso, sepultaron a la educación técnica. No les interesa y no entienden porque es importante la mejora sustantiva de la educación técnica. Es un fracaso en todo.
Quizá uno de los ejemplos más claros de esta ausencia de liderazgo es la Universidad de San Carlos de Guatemala. El Ejecutivo ha optado por la indiferencia ante una crisis profunda de legitimidad institucional. Pero en campaña el candidato Bernardo Arévalo sí que dio un discurso encendido de la cooptación de la USAC departe de Mazariegos adentro del campus. Nada que ver con su silencio mortal ahora que Mazariegos se hizo nuevamente de la San Carlos a macho y trecho. Es el robo más descarado que hemos vivido los guatemaltecos. Nos roban en nuestras narices, manipulando todo y de todo, con total descaro a la única universidad pública del país. Se malgastan su presupuesto, o sea, nuestros impuestos. Hacen lo que les da la gana y Arévalo más callado que monaguillo en misa. No se trata de intervenir por capricho, sino de asumir que el deterioro de la única universidad pública del país es también un problema de Estado.
El resultado de todo esto no es simplemente un gobierno débil. Es un gobierno que ha cedido espacios clave sin dar la batalla ni siquiera en lo que parecía fuerte: Diplomacia. En política exterior, no hay política exterior. Es un gobierno que realmente nunca tuvo rumbo y que no se quien le escribió el Plan de Trabajo, tan lindo como inoperante.
Hoy, ante decisiones cruciales como la elección de fiscal general, la pregunta ya no es qué hará el presidente. La pregunta es si, finalmente, hará algo.
Porque la historia no suele ser benévola con los gobiernos que tuvieron la oportunidad de cambiar el rumbo y eligieron no hacerlo. Si Arévalo sigue su trayectoria usual, entregará el MP a los corruptos como parece que entregó la USAC a Mazariegos. Eso no lo soportará el Pueblo. Ojalá que Arévalo conozca el artículo 5 de nuestra Constitución que establece que nadie está obligado a acatar órdenes que no estén basadas en ley y con ello nos da la base legal y moral del derecho de resistencia a la opresión.
El Pacto de Corruptos y su hija putativa la Alianza Criminal quieren ponernos de rodillas mientras cooptan totalmente al Estado de Guatemala para ponerlo al servicio de los corruptos y dejarnos a nosotros como sus esclavos, sin derecho alguno. No permitamos eso guatemaltecos. Unámonos para defender la poca democracia que aun nos queda. Presidente, haga algo por este país. Despierte de una vez por todas porque si no, usted también será victima de su propia inacción e indiferencia.
