La novela de terror llamada Postuladora: Capítulo intermedio
Fernando Cajas
Como en toda novela de terror, justo cuando el público cree que el monstruo ha sido derrotado, la cámara se acerca lentamente a la mano que se mueve entre las sombras. Así avanza esta postuladora. Parece que terminó, pero no termina sin hasta que termina.
El viernes pasado, en mi columna “Una novela de terror llamada Postuladora”, advertí que la comisión se movía como una película de horror: lenta, inexorable, presionando al país para que el Ministerio Público siguiera en manos de los mismos corruptos de siempre. Este lunes 20 de abril, la postuladora entregó su nómina de seis perfiles al presidente Bernardo Arévalo. Y el Drácula de esta historia —Consuelo Porras— no aparece en la lista final… pero sus colmillos siguen brillando en la oscuridad.
Recordemos: como lo denuncié en “En el país de las formas” (25 de marzo), el proceso exige expedientes kilométricos, pruebas psicológicas, planes de trabajo, certificaciones interminables. Todo es forma. Pero cuando se trata de Porras, la forma se convierte en farsa. Obtuvo la nota más alta (92.33 puntos), ignorando el plagio de su doctorado, su persecución sistemática contra José Rubén Zamora, los líderes de los 48 Cantones y todo aquel que osa defender la democracia, así como su permanente protección a corruptos, especialmente a Giammattei y Martínez. Y, sin embargo, solo seis comisionados —decano de la Universidad Regional, decano de la Universidad de Occidente, la presidenta de la Corte Suprema, el decano de la Universidad de San Carlos y otros dos— le dieron sus votos una y otra vez.
Seis votos fieles a la corrupción que deben quedar grabados en la memoria de los guatemaltecos honestos. Grabemos a esos seis corruptos como seis sirvientes del conde Drácula que no dejan morir a su amo. El resto de la comisión, afortunadamente, resistió. Porras quedó fuera. Pero el vampiro no muere tan fácil.
Ahora la novela entra en su clímax. La nómina de los seis es esta: Beyla Adaly Xiomara Estrada Barrientos (la única que entró en primera ronda con 13 votos), César Augusto Ávila Aparicio, Julio César Rivera Clavería, Gabriel Estuardo García Luna, Zoila Tatiana Morales Valdizón y Néctor Guilebaldo de León. Algunos con calificaciones justas, otros incorporados tras rebajar la línea de corte. Ninguno es Porras, pero varios provienen del mismo ecosistema que ella ha cultivado durante ocho años: el de la impunidad disfrazada de legalidad.
Los escenarios son varios y con los pocos datos más que escenarios pueden ser especulaciones:
Escenario 1: el presidente Arévalo, se arma de valor y escoge al perfil más limpio, más independiente, aquel que reconstruya el MP destruido por la captura. Sería el final feliz que Guatemala merece después de tanta injusticia si acaso nos sale uno de esos seis.
Escenario 2: las presiones, las llamadas a medianoche, los amagos de los jefes de los decanos que defendieron a Porras, terminan inclinando la balanza hacia un perfil “seguro”, es decir, manejable. Entonces el Drácula no regresa, pero deja a su descendiente en el trono. El MP seguiría siendo el instrumento de persecución selectiva y protección a los intocables.
Escenario 3: el más perverso: los amparos que ya flotan como murciélagos en la noche. Hay amparos para obligar a incluir de nuevo a Porras en la nómina. Hay denuncias penales de la Fundaterror que, como siempre, buscan intimidar a los comisionados honestos. Cualquiera de estos amparos puede paralizar todo, devolvernos al punto de partida y prolongar la agonía. Como en “Entre elección y elección: De trampa en trampa” (6 de marzo), la trampa no termina nunca; solo se reinventa.
Escenario 4: empecemos de nuevo. El presidente Arévalo no acepta la lista e iniciamos de nuevo el proceso o los corruptos le exigen que acepte a uno. La antesala de la ingobernabilidad o nuestra revolución.
Si el MP sigue capturado —aunque sea por un sucesor de Porras—, la captura del Estado será total. Las universidades, cooptadas como están, habrán cumplido su papel de fábrica de impunidad, como denuncié. Los pesos y contrapesos que los fundadores de toda república digna imaginaron se convertirán en meros adornos. Y Guatemala, tierra de autoritarismos prolongados, volverá a confirmar que la democracia aquí es solo una palabra bonita para encubrir el mismo viejo terror.
Presidente Arévalo: la pelota está en su cancha. Escoja con la cabeza y con la conciencia. No obedezca puntajes. Elija a quien reconstruya la justicia, no a quien la continúe enterrando. ¡Ah! y no espere a última hora como suele hacer. No escuche a sus asesores actuales, búsquese otros. Porque si falla, el Drácula de esta historia no habrá muerto. Solo habrá cambiado de ataúd, pero estará vivo.
