Los docentes: la fuerza dormida que puede recuperar la USAC el 8 de abril

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Fernando Cajas

No son los docentes los responsables del atraco a la Universidad de San Carlos de Guatemala. La cooptación que hoy vivimos es el fruto de un proceso histórico complejo, de raíces sociales profundas, que convirtió una institución pensada para la libertad académica en un botín de intereses politiqueros.

La autonomía universitaria, conquistada con la Revolución de octubre de 1944, nació precisamente para proteger el conocimiento de las injerencias partidarias. El primer rector electo, el doctor Carlos Martínez Durán (1945-1950), lo dejó escrito en las paredes de Ciudad Universitaria con palabras que aún nos interpelan: “Esta ciudad te pertenece, edifica en ella tu presente, para que las generaciones futuras puedan aquí colmar su espíritu de sabiduría. Que tu vida académica sea sagrada, fecunda y hermosa. No entres a esta ciudad del espíritu sin bien probado amor a la verdad y a la libertad”. ¿Habrá leído esta sentencia Walter Mazariegos? ¿Habrá entendido?

Esa visión se vio amenazada por la polarización de la Guerra Fría. La contrarrevolución de 1954, alimentada por intereses locales y extranjeros, abrió la puerta a la penetración militar durante el conflicto armado interno. Desde entonces, una cadena de rectores —Eduardo Meyer, Jafeth Cabrera, Alfonso Fuentes Soria, Efraín Medina, Luis Leal, Estuardo Gálvez, Carlos Alvarado, Murphy Paiz y otros— fue desvirtuando poco a poco el rol académico de la USAC en favor del control político. El proceso se profundizó con Gálvez (2006-2014) y culminó en la usurpación asociada a Walter Mazariegos desde 2022.

La Facultad de Humanidades y sus extensiones se convirtieron en el modelo: plazas interinas masivas, operadores políticos disfrazados de asesores y sindicatos cooptados que hoy guardan un silencio preocupante.

En este contexto, muchos docentes nos hemos adaptado y acomodado. El miedo a procesos administrativos y legales, la precariedad de miles de interinos y la necesidad de sobrevivir en un ambiente de imposición y clientelismo nos han llevado a priorizar la estabilidad individual sobre la crítica colectiva. Hemos pasado de ser agentes de cambio a sobrevivientes aislados dentro del aula.

Sin embargo, somos la fuerza dormida que puede revertir décadas de cooptación. Tenemos presencia en todas las unidades académicas, conocimiento directo de los problemas y la legitimidad ética para exigir calidad, meritocracia y autonomía. No somos culpables del atraco, pero sí somos los llamados a ser parte de la solución.

¿Despertaremos los docentes?

Sí, es posible y cada vez más probable. El vigoroso despertar estudiantil y docente que se vive en Ciudad Universitaria, el Centro Universitario Metropolitano, CUM, y varios centros regionales en este 2026, las victorias de la oposición en la mayoría de los cuerpos electorales durante febrero y marzo, y el hartazgo acumulado demuestran que el cambio está en marcha. A solo días de la elección del rector el 8 de abril en Antigua Guatemala, el momento es decisivo. La comunidad sancarlista rechaza la continuidad de un modelo que ha desvirtuado la esencia de la universidad.

Sin embargo, el despertar no será espontáneo. La cooptación del Consejo Superior Universitario, las maniobras para excluir electores opositores y la criminalización de la disidencia siguen siendo barreras reales. Por eso es urgente pasar de la indiferencia a la acción colectiva y organizada, del temor al valor. Es la única opción de rescate que tiene nuestra universidad, Nacional y Autónoma.

Mi sugerencia es que a la brevedad se hagan asambleas de docentes en todas las Unidades Académicas, para debatir, coordinar y fiscalizar el proceso electoral del 8 de abril. Ciertamente ya vamos tarde. Debemos EXIGIR el cumplimiento estricto de la Ley Orgánica de la USAC: elecciones transparentes, meritocracia académica y fin del clientelismo en plazas. Junto a eso aun es tiempo de incorporarnos a las alianzas con estudiantes y egresados en un frente común de “Resistencia Académica y Democrática” que trascienda las divisiones. Como miembros activos de la vida académica de la USAC debemos documentar y denunciar públicamente cualquier irregularidad, represalia o violación a la autonomía, tanto en medios nacionales como en instancias judiciales e internacionales. Ya hay colegas que lo hacen, destaca el enorme trabajo de Javier Monterroso (@Monterrosojavi, abogado, Doctor de verdad, en derecho constitucional, profesor universitario) así como el de nuestros colegas de DIRE: Dignidad y Rescate, pero falta integración docente a estos movimientos.

Se trata de recuperar el ethos fundacional de la libertad de cátedra, la calidad académica y el “amor a la verdad y a la libertad” por encima de lealtades políticas. Los docentes no somos el problema. Somos la solución dormida que la USAC y el país necesitan despertar. El 8 de abril no es solo una elección más: es la oportunidad histórica de pasar de la adaptación a la acción.

Despertar no es opcional. Es nuestra responsabilidad con las generaciones futuras y con una Guatemala que merece una universidad libre, crítica y al servicio de la verdad. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.

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