Maestros de La Libertad
Miguel Angel Sandoval
De manera totalmente casual, la segunda semana de febrero tuve una reunión, en verdad amena, con maestros de unas 7 u 8 escuelas del municipio de la libertad, en El Peten. Lo fortuito es debido a que el micro bus paso por las escuelas a la hora de salida de los maestros y uno a uno o de dos en dos, subieron al colectivo. De ahí en adelante, una conversación intensa durante una hora y media de transporte.
En total, unos 7/8 maestros de la Libertad, quizás un poco mas, de escuelas con un promedio de 15 maestros, para atención primaria y en casos parvulitos. Animados por su trabajo aunque con quejas de diverso tipo. Unos mas críticos que otros, pero nadie sin ocultar sus propios malestares, sus criticas, sus observaciones.
Nada que no pueda comentarse, pero si algo o todo, que en su desarrollo podría tirar una sombra de duda sobre la cartera que quizás este haciendo el mejor trabajo en este gobierno. Cuadernos escasos, mobiliario que falta, y alimentación escolar que podría ser mejorada. Y otros temas mas puntuales. Aquí una critica curiosa: les han recomendado no escribir o trabajar sobre los textos dados por el ministerio, con la idea de que sirvan para el año que viene y cosas así.
De lo más criticado es la falta de arreglos en las escuelas. Razones diversas, pero si con una visión general: los arreglos los vemos solo en las fotos o la tele. Aqui algo de absoluto interés. La información que circula por medios electrónicos suple con creces la falta de información que sale desde la cartera. Es probable que sea una generación de maestros con mas información y por ello, mas exigentes. Es algo a tomar en cuenta.
En mi escuela decía un maestro, nos hemos dedicado en arreglar o reparar escritorios. Una maestra agregaba, de nuestra bolsa hemos pagado esto o aquello. Todo para los niños estén bien o lo mejor que se pueda en la escuela. Sin embargo, falta mobiliario, puertas, techos, cocinas, baños, pizarrones, etc. Lo realmente importante, es la actitud de estos maestros. Proactiva, con esperanza.
Con la alimentación escolar hay una buena opinión, aunque si hay la demanda de ampliar el presupuesto para mejorar en algo la dieta de los niños, que de acuerdo con los maestros, disfrutan de los alimentos que se les proporcionan. No se me escapa el dato que las clases iniciaron este ciclo escolar en esa localidad el 2 de febrero. Mientras los maestros lo habían hecho una semana antes.
Como dato de los que se desconocen, en la libertad hay un diplomado de keqchi para maestros que no hablan el idioma. Es un paso importante en la idea de educar con pertinencia cultural. O mejor, ir dando cumplimiento a la idea de la educación bilingüe e intercultural y honrar la ley de idiomas de hace unos 20 años. En un paso fugaz por el Mineduc, hace algunos años, pude apreciar el esfuerzo por hacer textos en varios idiomas mayas, por fortalecer el uso de los idiomas en la educación, y este diplomado en idioma keqchi, se inscribe en este esfuerzo.
Uno de los casos emblemáticos es el de la escuelita en Pozo Azul, es la falta de acuerdo del Conap que no permite arreglos en áreas protegidas, y esto es algo de lo que los niños no son responsables como para medidas absurdas como esta. De origen esta escuela tiene el respaldo de Pro-Petén, una fundación que cuenta con diversos programas, entre los cuales la defensa de la Biosfera Maya, cuenta con padrinazgos de unos 60 niños pero que viene a menos. El tema es que esta escuela, por estar en área protegida, no puede hacer arreglos, si el Conap no autoriza.
Es algo, así como todos los asuntos planeados en esta columna, que la dirección departamental podría gestionar y con ello se ahorraría tiempo y malestares. De manera señalada se encuentra entre los maestros, al menos en este grupo de ocasión, una opinión mesurada sobre el gobierno. Ni muy muy, ni tan tan. Se puede rectificar. Y no parece que haya muchas razones para no incluir en las reparaciones, envío de textos, mejora de la alimentación, apostar a la estabilidad laboral para los maestros en las escuelas de La Libertad. Los maestros, los niños y los padres, esperan y observan.
