JAIROaLARCO

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Vive cada día como si fuera el último, porque uno de estos días, lo será.

Muhammad Ali

En la biología de la naturaleza humana, al igual que en todo ser vivo, el hecho de nacer incluye también la muerte. De ahí que el tiempo, correspondiente a la duración de la vida, no se detiene, por lo que cada día que transcurre constituye un paso más cercano al fin de la existencia. El lapso entre el momento de nacer y el de morir es una trayectoria relativamente corta, comparada con la inmensidad del tiempo.

En un ser existente, el antes y el después constituye la nada. Qué fue de un personaje tan ilustre como Karl Marx antes de su nacimiento y qué es de él después de su muerte. La data de su vida comenzó a correr desde el momento que su madre dio a luz y concluyó con el fin de su vida. Lo valioso del personaje histórico es su legado, su influencia, sus obras. Pero también vivió una existencia personal con los seres más cercanos.

De ahí que, para su descendencia, en el caso de Marx, a pesar de sufrir trágicos momentos, según sus biógrafos, fueron de respeto y de amor a su esposa Jenny von Westphalen y a sus hijos, al igual que con su entrañable amigo Federico Engels y, desde luego, a la humanidad, pero esos recuerdos, esos detalles son los que envejecen con mayor rapidez y con el tiempo mueren.

En el existencialismo kierkegeaano, tomar conciencia de la muerte causa angustia, desesperación, no obstante, el solo hecho de tener vida es una oportunidad para vivir. Y así, el hombre sabe que su ser es existir y sabe, además, que este existir es temor y temblor, desesperación y angustia. Saber que en algún momento ya no se será, le causa vértigo, abandono existencial, dolor y miedo. Pero también es una oportunidad de posibilidades que se abren al infinito, con sorpresas, alegrías, gozos, deleites y felicidad.

Así, dentro del pesimismo existencial ¿qué sentido tiene nacer si un día se ha de morir? ¿Podrá el ser encontrar consuelo a su inevitable final, conformarse con los recuerdos a partir de los momentos vividos, de las experiencias adquiridas, de los instantes agradables, lúcidos, a través de las alegrías, con los retos, los triunfos y por qué no decir, con las derrotas? Quizás lo logre con los buenos recuerdos que construyó, con aquellos que dejó a los que se quedan.

Cada día que pasa, para los seres humanos, trae consigo un nuevo amanecer, un despertar. De ahí que llegará el momento en el que un nuevo amanecer se convierta en ganancia para unos y en desgracia para otros. El hecho de no despertar trae, para los seres que se quedan, la lacerante y definitiva ausencia de los que se han ido.

Puede que en algunos esté basada la esperanza de un reencuentro más allá de la vida, pero solo es eso, una esperanza. Y qué es la esperanza, decía Francis Bacon, es un buen desayuno, pero una mala cena. Y en el caso de la muerte, no es simplemente un misterio, es la disolución total del ser en la nada, el fin de lo que se es. Se espera y quizás ese sea el “placebo” que algunos encuentran ante el fatal final.

El tiempo no se detiene y, cada día que pasa, el cuerpo envejece y la posibilidad de no despertar aumenta y, con ello, el temor de dejar el mundo y, sobre todo, el de abandonar para siempre a los seres queridos, la imposibilidad del reencuentro con las personas que se aman.

Sin embargo, como decía Epicuro, la muerte no es pues mientras nosotros somos, la muerte no está presente y cuando la muerte está presente, entonces nosotros no somos. Sencillo pero poderoso razonamiento lógico que enfatiza la importancia de la conciencia, ya que es esta la que determina los estados de ánimo de las personas, de modo que cuando no se es, la conciencia del todo desaparece.

De ahí que ser conscientes de la muerte no debería ser morir la vida sino, por el contrario, vivirla a plenitud con sus triunfos y derrotas, alegrías y tristezas. Contrario a las posturas nihilistas, la vida para los seres humanos tiene un propósito y es, no solo continuar siendo la conciencia del universo, sino la posibilidad de contribuir a la armonía de la vida y su desarrollo en el planeta, lamentablemente no todas las personas lo sabes y asumen.

Es en la depuración de la conciencia humana, en el crecimiento integral, en la confianza en la evolución de la especie, en la construcción del nuevo ser humano, como el que buscaba tantos filósofos, hombres de ciencia, humanistas y pensadores, en donde la humanidad puede alcanzar su liberación y propósito. Una humanidad libre de ignorancia, perversiones, mitos y religiones. Una humanidad emancipada de herencias banas, contraproducentes.

Dormir es esencial para la vida de todo ser humano, se estima que cada persona pasa un tercio de su vida durmiendo, ya que al dormir se relaja y descansa el cuerpo, el cerebro reposa, en fin, la conciencia y el organismo se renueva. En fin, dormir es necesario para obtener una vida mejor.

De ahí que el sueño sea un estado de seminconsciencia, que permite que las funciones físicas y cognitivas se recuperen para seguir funcionando. Durante el descanso se consolidan memorias, se eliminan toxinas cerebrales, se regulan hormonas clave (como las del crecimiento y el apetito), se fortalece el sistema inmunológico y se repara el tejido muscula. Es por eso la necesidad de dormir y su importancia para despertar de nuevo y seguir viviendo.

Y aunque hay un despertar a las cotidianidades de la vida y, también, un despertar a la luz, se puede despertar de nuevo a la existencia. Pero sumidos en un mundo de tinieblas y perversiones, algunos consideran que es mejor evadir la realidad, existir bajo los efectos evasores, alterar la conciencia. Pero cómo actúan, interfieren en la forma en que las neuronas envían, reciben y procesan las señales que transmiten los neurotransmisores, propiciando euforia, generando sensaciones intensas de placer, desinhibición y locuacidad. De modo que su existencia resulta poco placentera sin dichos evasores.

El contacto con la realidad crea toda una serie de sensaciones, que activa la corteza cerebral, propiciando conceptos, ideas y pensamientos. Pero no solo eso provocan, también causan gozo, alegría, bienestar, al igual que angustia, aflicción, dolor, sensaciones de todo tipo que determinan el estar vivo.

Consecuentemente, el hecho de existir constituye un reto que amerita estar dispuesto a aprender y es que se educa también para vivir. Aunque haya personas que se sientan sin la capacidad para enfrentar la vida, para ellos, la vida es un martirio y ponerle fin es su liberación.

En nota póstuma, la actriz Josefina Yolanda Pellicer escribió: Seres como yo deberían tener la libertad de morir en el momento en que la tristeza empezara a invadirlos, porque los seres como yo somos seres débiles, incapaces de decirle no a la tristeza, no a la vida, nos dejamos llevar, nos dejamos vivir, nos dejamos morir por la tristeza.  La vida requiere de fortaleza y sabiduría, ya que vivir no es simplemente pasar por la vida, como ocurre en muchas personas.

He ahí la función de la educación, la de instruir, que consiste en conducir, guiar, orientar, siendo un proceso integral de formación del ser humano, como lo señalaba la Paideía griega, tanto en el orden académico, ético y espiritual. Es aprender a actuar con mayor propiedad y con mejores herramientas frente a los avatares que se presentan en la vida. La doble función de despertar un día más no solo significa seguir respirando, sino, también lograr ascender en la escala del desarrollo integral del ser humano.

Qué significa, por lo tanto, no despertar más, el no despertar de nuevo es algo definitivo y para siempre. Decía Erich Fromm, vivir es nacer a cada instante, pero el nacer es algo mucho más relevante que abrir nuevamente los ojos, pues llegará el momento que no se abrirán más.

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