A treinta años de la firma de la Paz, sigue la violencia política
Miguel Angel Sandoval
El asesinato de Juan Francisco Solorzano Foppa en estos días, es algo que todo guatemalteco debe rechazar. Pero no solo merece un rechazo: urge de una solución pronta, eficaz, clara, categórica. En este sentido comparto lo que señala Prensa Libre tanto en su editorial, “Pesquisa debe ser íntegra, moderna, eficaz y rápida” como en la columna de Mario Antonio Sandoval, cuando dice que es un asesinato para causar terror.
Pero hay algo mucho mas grave en lo que señala Mario Antonio Sandoval.: “El asesinato de Juan Francisco Solórzano Foppa es advertencia para el reinicio de la guerra interna 1960- 1996”. Y esto es precisamente algo que debemos evitar por todos los medios a nuestro alcance.
Y es por eso que ahora se debe esperar que, desde las instituciones correspondientes, se tomen las medidas indispensables para el esclarecimiento de este alevoso crimen, que tiene en su base la idea de que se puede cometer atropellos, desfalcar al estado, corromper a los tribunales, cooptar a los medios de información, sembrar terror y todo para el uso y disfrute del pacto de corruptos ligado al crimen internacional organizado.
Ahora se está en un proceso de “conmemoración” de la firma de la paz. A esto le agrego que hace falta que toda la sociedad respalde el cumplimiento de los compromisos adquiridos para la construcción de la paz. Uno de los temas centrales fue el acuerdo de respetar los derechos humanos, incluidos el de la libre expresión, sin recortes, sin censura, sin asesinatos por hacerlo.
Y junto con ello, reformas que no pueden dejar de implementarse pues son centrales para que pueda existir un país justo, con estado de derecho, con respeto por el bien común como reza la constitución política de nuestro país. Por esa razón, no comparto la idea de “conmemorar la firma de la paz” pues al día de hoy, salvo el fin de la guerra, no hay nada o mucho que conmemorar.
Si hablamos de la firma de la paz, debemos exigir el cumplimiento de la Agenda de la Paz. Y ello tiene en primer lugar un conjunto de reformas estructurales comprometidas por las partes en la negociación, con supervisión de las Naciones Unidas. Con una visión pragmática, en diversos artículos he definido al menos cinco reformas básicas, que todas se caen de maduras: reformas judicial, educativa, política, fiscal, de seguridad. Todas están en la agenda de la paz y todas son ley del país por la vía del decreto legislativo 52-2005. Y todas pendientes.
A treinta años de la firma de la paz, el clima no es de paz, concordia, respeto por la vida. Hay un clima perverso y violento, de inseguridad y exclusión, de racismo cotidiano, y complementando lo que señala en sus editoriales Prensa Libre, se puede agregar que, incluso por menos, se inició la guerra en nuestro país. Y un recordatorio para nunca se olvide, fue tanta la impudicia de muchas instituciones, de tanta intervención, de tanto negocio sucio, de tanto abuso, que incluso desde los cuarteles se dio inicio a la guerra que nos devastó durante más de 30 años.
Esto, si como sociedad nos lo imponemos como una tarea de salvación nacional, es ahora que podemos hacerlo. El país no soportaría un nuevo enfrentamiento armado, el país no podría soportar una sangría como la de una guerra. No sigamos por el camino de la impunidad, de la intolerancia, de la falta de respeto por los derechos elementales de las personas.
El asesinato de Foppa es lo que nos recuerda y pone sobre la mesa nacional. Debemos exigir justicia pronta, como bien lo señala Prensa Libre. Pero al mismo tiempo tenemos la tarea de exigir el cumplimiento de la agenda de la paz, si queremos vivir de verdad en paz y con derechos. De lo contrario, días horribles nos esperan.
