Crónicas de un fútbol en decadencia
Despidiéndose sin honores
Municipal ganó experiencia… la de siempre
Los mimados de la afición volvieron a hacer el ridículo. Sin aprender nada del torneo anterior, sin gestionar la experiencia ganada, volvieron a quedar eliminados del torneo centroamericano. Son patéticos. Pero no se preocupen, que en la liga local seguro vuelven a sentirse gigantes. Porque en Guatemala, ser grande es fácil cuando los rivales son igual de mediocres.
Municipal jugó como lo viene haciendo en la liga local: sin trascender, sin concretar, sin ninguna idea clara de lo que quiere hacer en la cancha. Así quedó eliminado de la Copa Centroamericana nuevamente. Motagua fue mejor, física y mentalmente. Y eso que Motagua no es el Real Madrid, pero al menos sí sabe lo que es un partido de verdad.
Cuando el equipo de Municipal necesitaba ganar, empató. Como lo hizo en la edición pasada, como lo viene haciendo en los distintos torneos internacionales. Con un juego intrascendente y unos delanteros que son incapaces de acertar a la portería rival. Porque en el fútbol guatemalteco, la puntería es un lujo que no todos pueden permitirse.
Con la eliminación, Municipal debe reiniciarse. El proyecto de Mario Acevedo llegó a su fin. No puede un equipo como Municipal conformarse con competir solamente en el torneo local. O quizás sí. Porque en Guatemala, los equipos se han acostumbrado a ser grandes solo en casa, y cuando salen, se encogen como si el frío centroamericano les calara hasta los huesos, cuando en realidad el calor es la constante en toda la región.
Las preguntas que nadie responde
¿Por qué no se aprende de eliminatorias pasadas? ¿Por qué se perdieron los puntos al inicio del torneo que condicionaron toda la participación futura? ¿Por qué fue incapaz de golear al equipo más débil del torneo? Pues es simple: los rojos no tienen consistencia. Consiguieron lo único que podrían lograr, por sus capacidades, por sus jugadores y por sus técnicos. No hay que pedirle peras al olmo.
Municipal hace bien en concentrarse en el torneo local. Así evita la vergüenza que genera a nivel internacional. Porque en el extranjero, los equipos guatemaltecos no son más que un sparring de lujo, un rival que todos quieren enfrentar para sumar goles y confianza. En Centroamérica, competir contra equipos de Guatemala ya es sinónimo de puntos fáciles.
Un repise de la eliminación pasada (y de todas las anteriores)
Incapaz de concretar, incapaz de ganar. Así se puede definir la participación roja en la Copa Centroamericana. Fue Motagua quien se puso arriba en el marcador con un gol que desnudó a la defensa escarlata. Acevedo buscó adelantar a su equipo e hizo ingresar a Pedro Altán, Rudy Barrientos, Jefry Bantes y Rudy Muñoz para tener mayor presencia ofensiva. Y no paso nada. Continuó el mismo esquema de siempre: centros al área, pases intrascendentes y casi ningún tiro al arco. Es como si los entrenadores guatemaltecos tuvieran un solo libro de tácticas y ese libro se hubiera escrito en los años 60, repitiendo que los futbolistas chapines solo tienen técnica y habilidad, les falta físico, y quizás así era en el siglo pasado, pero ahora, no tienen ni condición física, ni técnica y mucho menos condiciones de futbolistas. No son más que pobres infelices que nos hacen la vida más infeliz.
Pero a pesar de esa inconsistencia, se llegó al empate. Y se logró en el mismo esquema: centro del caballo Morales, despeje de la defensa hondureña y remate de Mena que encontró una pelota suelta. Puro fútbol de rebote. Pura casualidad. Porque en el fútbol guatemalteco, los goles no se construyen, se regalan.
Podrá Xelajú salvar el honor (o al menos intentarlo)
El equipo de Quetzaltenango debe ganar al Luis Ángel Firpo con una diferencia de 4 goles para poder clasificar a la siguiente ronda. Pero no está claro que tenga las herramientas para lograr semejante hazaña. Porque en el fútbol guatemalteco, las hazañas son para los demás. Nosotros nos conformamos con participar.
Llega comprometido, no solo por su juego, sino por los problemas internos que tiene. Su entrenador decidió apartar de la convocatoria al portero Minor Álvarez debido a ciertas diferencias. Roberto Hernández, en conferencia de prensa, se refirió a dicha situación: «Lo de Minor es solo una decisión técnica. Así como cambiamos a un jugador en la formación, también lo cambiamos de la convocatoria. Hoy decidimos que lo mejor para el grupo era eso porque mi intención siempre es el grupo por encima de cualquier jugador». Claro, el grupo está por encima de todo, excepto del buen desempeño, porque de eso no se habla.
Mientras Xelajú se desangra en problemas internos, Firpo se frota las manos. La tarea es casi imposible, pero no imposible. Porque en el fútbol, todo puede pasar. Lo que pasa es que en el fútbol guatemalteco, todo pasa para mal.
El cierre: fútbol chapín, un ciclo infinito de fracasos
Municipal eliminado, Xelajú al borde del abismo, Antigua desaparecida, Mixco goleado. El fútbol guatemalteco es el hazmerreír de Centroamérica. Mientras otros países crecen, nosotros nos estancamos. Mientras otros se desarrollan, nosotros nos conformamos.
Los equipos guatemaltecos ya no son visitantes temidos. Son invitados de piedra que llegan a los torneos internacionales a cumplir el expediente. Y mientras los dirigentes sigan creyendo que el problema es la cancha, el árbitro o el clima, el fútbol chapín seguirá siendo lo que es: un recuerdo de lo que nunca fuimos.
Nota final: Esta crónica es un grito de desesperación, un llamado a la indignación y un reconocimiento de que el fútbol guatemalteco está en terapia intensiva. Y el médico de cabecera, como siempre, no aparece. Mientras tanto, seguiremos viendo cómo el fútbol chapín se desangra lentamente.
