Comunicación para qué
Autor: Jairo Alarcón Rodas
La comunicación no conlleva comprensión. La información, si es bien transmitida y comprendida, conlleva inteligibilidad, primera condición necesaria para la comprensión, pero no es suficiente.
Edgar Morin
La comunicación se establece para compartir ideas, opiniones, criterios, saberes y emociones. Con la comunicación se intercambian apreciaciones sobre la realidad, se discuten puntos de vista sobre las cosas y conocimientos; en fin, se alcanzan consensos, se logran acuerdos y, a través de las palabras, en la comunicación, se interactúa dentro de la sociedad, es más, a través de esta se instruye e informa, se establecen relaciones, se puede comprender el mundo.
Pero, qué es en sí la comunicación, la comunicación es una disciplina de las ciencias sociales que se enfoca en cómo, por qué, y con qué efectos la gente usa idiomas y medios de comunicación para transmitir información. Es una herramienta que los seres humanos han desarrollado a partir de su convivencia social e intelecto.
No obstante, el enfoque que se le puede dar a la comunicación varía entre los distintos teóricos que la han hecho objeto de estudio. Por ejemplo, para Richard Rorty, la comunicación no es un proceso para descubrir una verdad fija o reflejar la realidad, sino una conversación abierta, una herramienta social y un puente solidario. Criterio que refleja la formación pragmática del filósofo que se distancia de la visión esencialista de la comunicación.
Para Jürgen Habermas, la comunicación es acción comunicativa orientada al entendimiento mutuo y al consenso racional entre sujetos capaces de lenguaje e interacción. En cambio, para Ignacio Ramonet es proceso lineal y funcional de transmisión de mensajes, diseñado principalmente para analizar el impacto de los medios masivos y la propaganda sobre una audiencia. John Austin dice que es una forma de acción y no solo un medio para describir la realidad. En palabras sencillas, la comunicación es compartir algo con alguien para que lo entienda. Pero, será que se logra entendimiento con la comunicación por sí misma o depende de otros factores.
En su teoría de los enunciados felices, Austin señala que ciertas expresiones (performativas) no son verdaderas o falsas, sino «afortunadas» (felices) o «desafortunadas» (infelices) según cumplan o no condiciones de contexto, autoridad e intención para realizar una acción. De modo que cuando se logra el objetivo deseado en una comunicación es porque los enunciados han sido felices y ello se logra a partir de que ciertos aspectos que deben ser tomados en cuenta, como la convención, el contexto, precisión de las palabras, la sinceridad, que no son aspectos estrictamente propios del acto comunicativo, pero si influyen en éste.
Es claro que, en donde existe una comunidad de personas con similares o diversas formas de pensar, intencionalidades y criterios, la comunicación está presente y dado que no siempre es efectiva, enfrenta retos que la hacen ser objeto de estudio y de reflexión, máxime en tiempos en que el desarrollo tecnológico ha creado mecanismos de comunicación más ágiles e inmediatos, no obstante, a la vez ha magnificado el grado de incertidumbre e impresión de sus mensajes, así como la autonomía irresponsable de las personas. Pudiendo ser, por lo tanto, una herramienta de transmisión y difusión de verdad o de engaño.
De ahí que, en la actualidad, la comunicación está siendo afectada por los macrodatos, big data que altera negativamente el accionar de las personas. Byung Han dice: El big data y la inteligencia artificial ponen al régimen de la información en condiciones de influir en nuestro comportamiento por debajo del umbral de la conciencia. Qué tipo de comunicaciones se podrán lograr si la autonomía de pensamiento de las personas estará cada vez más ausente, siendo reemplazada por la inteligencia artificial.
Por ejemplo, la última cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump, en el que se lograron acuerdos que, en principio, distendieron la crisis que el presidente de Estados Unidos originó a partir de la imposición de aranceles a los productos chinos, pero ¿podrá decirse que sostuvieron una comunicación exitosa? En el ámbito propiamente comunicacional, los acuerdos se alcanzaron mostrando una actitud conciliadora y de respeto por parte de los dos presidentes. Si el éxito, en este caso, se mide en función de evitar una escala mayor del conflicto, sin duda fue un éxito.
No obstante, los antecedentes en cuanto al comportamiento del presidente estadounidense dirán que hay que esperar si tal encuentro fue exitoso pues, con Trump, es usual que no cumpla su palabra, por lo que la confianza que pueda inspirar está sumamente erosionada, sin embargo, el solo hecho de distender la crisis de las relaciones entre esos dos países resultó ser un logro.
Por tal razón, es mejor lograr algún tipo de comunicación que estar incomunicados. Por consiguiente, los alcances y resultados que se obtengan de tal acción podrán ser objeto de análisis por parte de múltiples enfoques y disciplinas, aunque puede efectuarse un examen del discurso propiamente dicho que mantuvieron ambos mandatarios durante su encuentro, un estudio detallado de cómo interactuaron comunicacionalmente en la reunión que se efectúo el día 14 de mayo del presente año, en Beijing.
Pero, en un contexto en donde reina la desconfianza y la hipocresía, qué comunicación puede haber. En el campo estrictamente comunicativo, deberá existir un emisor, un receptor, el mensaje, el canal, el código y el contexto, sin embargo, la calidad de ese acto comunicativo estará plagado de mentiras, deshonestidad, desconfianza e imprecisión, en el caso de que los participantes sean inescrupulosos, como es el caso de Donald Trump.
Es común, dentro de grupos de trabajo en donde reina la competitividad, que la confianza esté ausente y, en cambio, la hipocresía campee a sus anchas. Mentiras, falsedades, hacen que la acción comunicativa sea un fiasco, a pesar de ello las personas se comunican. Pero de qué depende que la comunicación sea efectiva, asertiva, confiable, sin duda que, en gran parte, depende de la honorabilidad de las personas que la establezcan, que haya confianza en lo que dicen.
Se estima que una comunicación es exitosa cuando el receptor comprende el mensaje tal como el emisor lo emitió, logrando el objetivo deseado sin confusiones. Pero, qué sucede cuando las comprensión de los mensajes que se dieron, en el acto comunicativo, no obtiene los resultados deseados, la buena comunicación necesariamente tendría que establecer acciones deseadas o ese ya no es el campo que le corresponde.
Cabe insistir que los logros que se puedan alcanzar con la comunicación, sus efectos e impacto en la sociedad, no necesariamente corresponde al estricto campo de la comunicación, no representa en sí lo que esta es, ya que su ámbito está plenamente definido, el que abarca el estudio y la práctica de cómo intercambiamos información, significados e ideas. De manera que el emisor, en el acto de comunicar un mensaje, requiere de un canal, de un medio, de un código, de un contexto, para lograr su objetivo, que es el de llegar a un receptor, lo demás, sus efectos, los resultados le corresponde a otras disciplinas realizar su evaluación y crítica.
En consecuencia, la calidad de lo que diga, su grado de veracidad, su incidencia, ya no es objeto de la comunicación en sí, tal efecto les incumbe a otros campos del saber, como lo son la teoría del conocimiento, la psicología, la lingüística, la semiología, la sociología, la ética, la mercadotecnia, por ejemplo. No obstante, todos esos aspectos, pueden constituirse en ruidos de la comunicación, que el estudioso de dicha disciplina debe señalar para lograr la efectividad del acto comunicativo.
Pudiendo ser ruidos de tipo físico, semántico, psicológico, fisiológico que, junto a los aspectos éticos, tanto del emisor como del receptor, constituyen barreras que afecta la comunicación. De modo que, por lo regular, las comunicaciones que se dan cotidianamente no cumplen con los requisitos que debe poseer una comunicación efectiva, ello obedece a distintos aspectos que afectan a los involucrados, como a la circunstancia en la que se desarrolle el acto comunicativo, en donde, sin ser reduccionistas, las condiciones materiales de vida de las personas influyen directamente en la comunicación.
Por aparte, es importante destacar que la comunicación tiene distintos propósitos o funciones que van desde la función informativa, la persuasiva, la expresiva, la apelativa, la fática, a la metalingüística. En cada una de sus funciones existe una intención como lo es la de intercambiar información, convencer, mostrar estados de ánimo, demandar una respuesta, mantener una relación comunicativa, aclarar o reflexionar sobre el propio idioma y sus reglas. De modo que el objetivo de la comunicación es diverso.
De ahí que la comunicación se auxilia de otras disciplinas para ser efectiva y, en igual forma, otras ciencias y técnicas, relaciones, requieren de la comunicación para desarrollarse y lograr sus objetivos. Empero, es de resaltar que, en todo ámbito humano, la comunicación necesariamente está presente.
Y es así como, por ejemplo, dos personas ignorantes, estúpidas o mitómanas se pueden comunicar, pero la relación que se establece entre ellas resulta ser errática, desde el punto de vista de una persona que no lo sea y juzgue aspectos informativos en esta, dada la serie de tonterías e incongruencias con las que interactúan tales personas. Y dado que, desde la perspectiva de una comunicación asertiva, la calidad de lo que se diga depende del criterio de las personas que establecen el vínculo, de su integridad y de la claridad con la que se expresen, ese tipo de comunicación está lejos de serlo, desde la perspectiva referencial.
Por ello, en cada uno de los casos mencionados, son los mensajes, su calidad, contenido y propósito, lo que hará la diferencia entre lo que es una asertiva comunicación de la que no lo es. Por lo que, ¿será acaso que la comunicación es simplemente una herramienta que tiene por función esencial poner en contacto a las personas para lograr un objetivo determinado? Quizás sea simplemente una herramienta, pero es la más esencial dentro de la existencia humana, que puede ser tan efectiva como ineficaz, siendo esa su importancia y, desde luego, objeto de estudio y reflexión.
Partiendo de que toda comunicación es una acción social, que surge en los seres humanos para establecer vínculos con otros miembros de su especie y con otras especies cercanas, desde los inicios de la consolidación del homo sapiens, con la aparición del pensamiento abstracto y de los símbolos, el habla se hizo presente y, con este, la comunicación. Adam Schaff señalaba que las palabras constituyen el vehículo exterior del pensamiento, de ahí que sirven, dentro de la comunicación, para mostrar lo que las personas piensan, sin embargo, también puede ocultarlo lo que son, sus intenciones.
Por ende, es importante insistir que la comunicación puede ser efectiva o ineficaz, mejor dicho, comunicar puede consistir en establecer un vínculo entre emisor y receptor de forma asertiva o bien, crearlo a partir de mentiras y engaños. A pesar de ello, la comunicación establece vínculos entre las personas, esa su función principal, es decir, transmitir y recibir mensajes, por lo que la calidad y el valor de verdad de los mensajes que se transmitan a través de esta, dependerá en alto grado su efectividad.
De ahí que si la comunicación, no necesariamente es efectiva, consistiría simplemente en vincular a dos o más personas a través de un código y un medio determinado. Pero, en consecuencia, ¿cuándo una comunicación es efectiva? Para fines prácticos, cuando logra su objetivo, es decir, cuando el mensaje que se envía alcanza el resultado que se pretende. Pero, si se pretende algo más en la comunicación, tendría que contemplar aspectos que Habermas señaló que debería contemplar toda acción comunicativa: inteligibilidad, verdad, rectitud y veracidad.
Qué sucede, por ejemplo, con los mensajes que transmite la publicidad, en la que se establece una comunicación persuasiva, estratégica e intencional con el objetivo de informar, influir y modificar las actitudes o comportamientos de un público objetivo hacia un producto, servicio, marca o idea. En ella existe una intencionalidad que es la de colocar una marca, productos o servicios en la mente del grupo objetivo al que vaya dirigida la campaña con la finalidad de consumir.
Pero entonces, el publicista que, a partir de la persuasión, que a través de un mensaje publicitario logra situar una marca en el mercado, ¿conseguirá con ello una comunicación efectiva? Dado que la publicidad comercial persigue un fin utilitario y le interesa poco estar al margen de las mentiras y de los engaños, por lo que, si es exitosa la campaña publicitaria, desde luego que lo es.
Con el apoyo de los estrategas del marketing, quienes estudian las flaquezas, dolores o necesidades insatisfechas (conocidos en marketing como pain points) del grupo objetivo para posicionar una marca o producto. Esta estrategia busca conectar emocionalmente y ofrecer una solución tangible que alivie un problema específico del consumidor. Los mensajes comunicativos de la publicidad valoran el impacto positivo, traducido en compraventa, más que su veracidad y los aspectos éticos de la misma.
Por lo que, para la publicidad comercial, lo importante es que una marca se venda y, con ello, que el empresario gane más dinero a partir del consumo de su producto. Por eso, para el capitalismo, es esencial crear el mayor número de necesidades, para que se produzcan los productos que las satisfagan, artículos que venden para obtener mayores utilidades.
En la comunicación que se establece a partir de los anuncios, en este caso, no le interesa el grado de certeza ni de concepción estética del mensaje, mucho menos la honestidad de lo que se anuncia, por el contrario, lo que le importa es la efectividad persuasiva que se pueda lograr para que la empresa obtenga beneficios económicos, que se traducen en utilidad.
Si, por el contrario, dentro de otra función de la comunicación, se requiere establecer relaciones precisas de entendimiento, consenso, las palabras, las señales, los criterios, deberían de reflejar con propiedad los hechos, las intenciones, lo que se pretende transmitir con claridad y honestidad, de la forma en que Jürgen Habermas planteara que debería ser, de conformidad con la acción comunicativa, es decir, el entendimiento mutuo, en donde la razón cobra singular importancia y, desde luego, la integridad de las personas que establecen el acto comunicativo. En ese caso, la comunicación no podría surgir al margen de una epistemología y de una ética.
Sin embargo, dentro de los alcances de la comunicación cotidiana, tales criterios son irrelevantes o quizás escapan al análisis propiamente de la comunicación ni le compete establecer comportamientos morales, juicios críticos que se den dentro del acto comunicativo propiamente dicho, por lo que cobra sentido la función pragmática de la comunicación. De modo que la comunicación simple y sencillamente establece relaciones entre un emisor y un receptor, que incluye todos los componentes de ese proceso, visibilizando los ruidos que puedan surgir.
De ahí que las personas se comunican, pero no todo lo que dicen corresponde a la realidad y contiene el grado de certeza, claridad y confiabilidad que se amerita en una comunicación asertiva pues, por una parte, las palabras muestran, pero también ocultan las intenciones del hablante y, por otra, la lectura que tenga el emisor sobre las cosas, que traduce en ideas y pensamientos, no necesariamente es la correcta al expresarla dentro de la comunicación, por lo que también surge una barrera de conocimiento que da lugar a confusiones e incomprensión y desacuerdos, lo que se denomina, dentro de la comunicación, ruido semántico.
Dentro de las relaciones interpersonales, se espera que en la comunicación se establezca una relación efectiva, no obstante, en muchos encuentros comunicativos no es así. Qué decir de dos personas que hablen sobre deidades celestiales o mundos de fantasía. ¿Podrá existir entre ellos una comunicación efectiva, si de lo que hablan escapa al campo de la realidad? Por lo que, en este caso, el contexto es importante y dentro de este no sería importante si de lo que se está comunicando son fantasías, lo que importa es que logren entendimiento en lo que se dicen.
Por lo que la calidad del contenido de lo que se comunica, el mensaje en sí, no es objeto de la comunicación, ya que ésta se hace efectiva, indistintamente a la calidad de lo que se diga, siempre y cuando cumpla con los requerimientos técnicos y funcionales que demanda la comunicación, es decir, intercambiarse palabras, mensajes a través de un código establecido, por un medio determinado, entre dos o más personas sería, en este caso, comunicarse.
En conclusión, una comunicación referencial eficiente debe partir de que tanto el emisor como el receptor tengan un grado de honorabilidad y de juicio crítico, que permita que la fluidez del dialogo transmita confianza y seguridad y lo que se hable tenga un sustento real y debatible. Dialogar para alcanzar acuerdos, sin un grado de confianza entre los participantes, resulta ser un sin sentido que, curiosamente, sucede a menudo en muchas relaciones interpersonales y es por eso el fracaso de los diálogos.
En fin, la comunicación es el proceso de intercambio de información, ideas, emociones o pensamientos entre dos o más individuos, que actúa como puente fundamental para la interacción humana y la convivencia. De modo que puede ser efectiva o ineficiente, dependiendo de las fallas que puedan ocurrir en los elementos que la componen. Tanto el emisor como el receptor, el mensaje, el código, el canal, el contexto, el ruido y la retroalimentación deberían ser analizados para encontrar los errores en dicho acto y proceder a corregirlos.
Por lo que, tanto el emisor como el receptor, deberían emplear el uso de la razón para establecer un diálogo convincente, pues no existe otro medio que permita establecer consenso si no es por medio del entendimiento, de la argumentación y contrargumentación racional, a pesar de que ello pueda suscitar más de una objeción. Es cierto que los seres humanos son algo más que seres racionales, que también poseen instintos, emociones, intuiciones, pero es la razón la que posibilita el entendimiento, la que permite exponer ideas con claridad y lograr acuerdos.
Muchos diálogos fracasan porque en ellos surgen ruidos producto de opiniones que corresponden a criterios emotivos, juicios de valor, cargados de mensajes ideológicos y de mentiras, aspectos que se pretenden imponer como argumentos válidos en la comunicación. Un ejemplo claro es el utilizado por los políticos, cuando pretende imponer sus ideas a toda costa, recurriendo a aspectos psicológicos, emocionales, subliminales para seducir a la población.
Para la pragmática, la comunicación debe lograr el objetivo que pretenda el emisor, desde la perspectiva de su utilidad. De ahí que, en un diálogo entre un diputado deshonesto y un representante de la comunidad, por el que fue electo, si el político lograr convencer al delegado a partir de mentiras y de un lenguaje elocuente sobre un proyecto que impulsará, aunque él tenga la plena seguridad que no cumplirá con lo prometido, la comunicación será efectiva si logra el electo deseado.
Ocurre un tanto distinto cuando los intereses de dos naciones están en juego pues, en tal diálogo, el discurso político entre los encartados debe tender a una mediación en la que ninguno de los dos salga perjudicado, al menos no sean perjudicados, de lo contrario será un fracaso. Pero, cómo lograrlo si los intereses económicos prevalecen sobre los de cualquier tipo y el más poderoso se querrá aprovechar del débil como lo ha sido por mucho tiempo.
La comunicación puede ser verbal, no verbal, visual y escrita, no se limita a una sola forma para hacerse presente, por lo que la combinación entre verbal y no verbal son las más vitales para expresar ideas con claridad, evitar conflictos y conectar de forma real con otras personas. No obstante, los seres humanos, como animales parlantes, simbólicos, que estructuran un lenguaje articulado, expresan lo que piensan a través de las palabras.
Sintaxis, semántica y pragmática son tres dimensiones esenciales del estudio del lenguaje y de la semiótica que permiten analizar si la función comunicativa del lenguaje se realiza eficazmente. Juntas sirven para construir mensajes claros, coherentes, evitar malentendidos y asegurar que la intención del emisor sea comprendida por el receptor. Por lo que, si se pretende que la comunicación sea efectiva, tanto el emisor como el receptor deberían tener un dominio de esas disciplinas o de un pensamiento crítico.
En la comunicación referencial se pretende que los diálogos giren sobre aspectos que correspondan a la realidad, por lo que el conocimiento debería de subyacer en ese tipo de comunicación. Por lo que la comunicación que se establece sobre la base de los supuestos, de creencias e ideologías, no producen resultados satisfactorios sino datos oscuros e imprecisos, que dan lugar a la confusión y errores en el entendimiento.
Y así, cabe reiterar, la comunicación tiene un amplio espectro de formas que la hacen patente, siendo las principales la verbal (oral/escrita) y la no verbal (gestos/imágenes). Otras clasificaciones incluyen la comunicación interpersonal (entre personas), intrapersonal (con uno mismo), masiva (medios), digital, directa o indirecta. En total, se pueden identificar decenas de subcategorías según el canal, contexto o participantes. Pero lo que la hace ser lo que es, es que establece vínculos entre dos o más personas para un determinado fin.
En la comunicación se comparten mensajes, señales que, dentro de la comunicación verbal, se estructuran de palabras, ideas, argumentos que pueden tener un contenido real o ficticio. De ahí, que suelen establecerse procesos comunicativos a partir de opiniones, que no necesariamente corresponden a los hechos ni requieren de criterios de certeza y de veracidad, pudiendo ser una comunicación informal, que consiste en el intercambio espontáneo y no oficial de información que ocurre fuera de los canales estructurados, comúnmente en el ámbito laboral o social. Hay veces que la comunicación adolece de imprecisiones, de supuestos y opiniones.
Por lo que se puede establecer una comunicación a partir de mentiras e ideas ficticias, elucubradas por la mente, que no correspondan a ningún referente existencial, en el que tanto el emisor como el receptor estén al tanto de ello o no se den cuenta de eso. Pudiendo ser una comunicación lúdica, expresiva, directiva, que no requiera de las rigurosas reglas gramaticales ni semánticas para efectuarse ni de una teoría del conocimiento que refleje con precisión lo que es la realidad.
La comunicación no moldea comportamientos humanos, no es esa su función, su finalidad es establecer el intercambio de información, ideas, emociones y significados para conectar con otros, influir en su comportamiento, expresar la propia interioridad y facilitar la convivencia social. Busca generar comprensión, resolver conflictos, persuadir, informar, motivar o entretener. Siendo la forma más usual la que se efectúa a través de las palabras, sin embargo, estas no necesariamente reflejan las intenciones ni el pensamiento de los participantes. Por lo que ocurre cuando el proceso comunicativo se establece entre personas íntegras, que saben de lo que están hablando y lo expresan con claridad, lo que en política, lejos está de ser realidad.
En la era de la cibernética y de la inteligencia artificial, cada vez más la comunicación se establece ente personas y las máquinas, bots, robots, programas informáticos diseñados para realizar tareas automáticas y repetitivas a través de Internet, simulando el comportamiento humano. Qué tipo de comunicación se estará consolidando entre los seres humanos y las máquinas, qué retroalimentación; desde luego será un intercambio de palabras con la intención de adquirir información que poseen las matrices cibernéticas que, aunque faciliten la información, puede no ser la más correcta.
Los llamados chats bots ahora pueden intercambiar palabras con las personas, mantener una conversación, lograr un tipo de comunicación que hace unos años era impensable. Conversaciones que igual pueden distraer, entretener y engañar a través de los discursos que se empleen o precisar una conversación eficiente. La comunicación ha trascendido los límites de lo humano para convertirse en la comunicación humano-robot.
A través de la comunicación se puede lograr el proceso dialéctico en el que se construyen significados a través de la relación entre el sujeto y la realidad, pero será que lo que se logra con la comunicación es la comunicación en sí, le corresponde esos alcances al campo estrictamente comunicativo.
Joh Austin sostiene que la comunicación no es solo describir la realidad, sino una forma de actuar sobre ella. Propuso la teoría de los actos de habla, donde el lenguaje realiza acciones en contextos adecuados. Señala que el lenguaje sirve en la comunicación para accionar sobre la realidad, argumenta que al hablar realizamos acciones como prometer, ordenar, bautizar o declarar.
Se afirma que la comunicación implica negociación de significados, interpretación de contextos y expresión de sentimientos, ayuda a construir ideas, conceptos y a establecer vínculos creativos. En fin, es la base de las relaciones humanas y la convivencia, permitiendo la interacción y la formación de comunidades, pero todos esos aspectos no tienen sentido, si no existe un contexto social, sin la acción humana y su complejidad, dentro de ese proceso; aspectos que no competen estrictamente al campo de la comunicación, aunque incidan directamente en esta, siendo precisamente eso lo que la engrandece o limita.
¿Cambia, con la comunicación, el comportamiento humano? Indudablemente que sí, ya que gran parte del aprendizaje se da a través del intercambio de símbolos que convierten las ideas en palabras, dentro del proceso educativo, pero todo dependerá del contenido de lo que se comunique y se asimile.
Siendo la educación el proceso en el que se establece una comunicación entre el docente y uno o más alumnos, con el fin de lograr el desarrollo integral del ser humano, fomentando sus capacidades cognitivas, emocionales, sociales y éticas para participar activamente en la sociedad. En este caso la comunicación es la que establece el vínculo entre el emisor y el receptor de la información.
A pesar de lo esencial que es la formación que pueda obtener una persona por medio de la educación, los alcances y logros que se puedan precisar en dicho proceso dependerán de otros factores, como el modelo educativo, el contenido de lo que se enseña, el lenguaje, así como la motivación, la inteligencia y los conocimientos previos del educando. Haberes, saberes que anclan su importancia en la calidad del contenido de la información, en la certeza de sus postulados y en aspectos que le atañen a cada individuo para su formación y utilidad, en función de su desarrollo y de su convivencia en sociedad.
La educación, por lo tanto, es el vehículo por el cual se transmite cultura, en el que la comunicación es imprescindible. Tanto la educación como la comunicación constituyen herramientas que le sirven a los seres humanos para desarrollarse y, al ser herramientas, medios para alcanzar determinados fines, dependerán del uso que se les dé y de la calidad de los aspectos que intervengan en ellas.
Dentro de la comunicación, las semiótica, al ser la disciplina que estudia los signos y cómo estos producen, transmiten e interpretan significados en la sociedad, puede llevar a entender la comunicación a un nivel más profundo, se dice que revela la intención real de un mensaje al decodificar los signos, símbolos y códigos culturales que lo componen, pero eso no es tan así, pues una persona conocedora de los signos también puede disfrazar las intenciones de un mensaje confundiendo su análisis e interpretación. El semiólogo Umberto Eco afirmaba que la semiótica es también la disciplina del engaño, ya que los signos pueden usarse para mentir.
De modo que siempre serán las acciones las que revelarán lo que son las personas, la calidad de sus mensajes. Por lo que el valor de lo que digan, a través de las palabras, en la comunicación, cobra sentido a partir del cumplimiento de su palabra, en la práctica social. De ahí que un individuo, a partir de su trayectoria, revelará el grado de confianza que pueda lograr dentro de los demás, lo que, a su vez, se alcanza en él por medio del aprendizaje de conocimientos y valores sociales.
Pero, que una persona por lo regular cumpla su palabra, que se haya manifestado con honestidad, con integridad a lo largo de su vida, no es razón suficiente para tener la certeza de que así lo hará por siempre, el grado de confianza que inspirará su palabra tendrá un porcentaje alto, pero puede ser que la próxima vez actúe, lo haga contrario a lo expresado.
De modo que una palabra sea incumplida puede ocurrir, aunque la posibilidad sea mínima, tal es el legado que dejó David Hume, el cual invita a juzgar a partir de la experiencia de los hechos concretos, es decir, a posteriori. Por aparte, los seres humanos no son infalibles, no son máquinas que responden a determinados estímulos y respuestas, a modo de que siempre a una expresión A le siga necesariamente una B.
La comunicación no se agota en el acto comunicativo, pero los aspectos que se involucran dentro de tal proceso responden a aspectos que les corresponden a otras disciplinas abordar, por eso la importancia de la multidisciplinariedad en la comunicación, que hace de ésta, algo más que una herramienta, en donde la filosofía se convierte en un esencial aliado, ya que como dijo Ludwig Wittgenstein: La filosofía es una batalla contra el embrujo que el lenguaje ejerce sobre nuestra inteligencia.
