Crónicas deportivas de un país subdesarrollado
(O cómo el fútbol chapín sigue demostrando que la mediocridad es la única constante)
La Sub 20: adiós al sueño (y a la dignidad)
La selección Sub 20 perdió una ventaja y fue superada en todo sentido por Estados Unidos. Así fue la despedida de un equipo que solo ganó un partido en todo el torneo y se fue por la puerta de atrás, sin pena ni gloria. Porque, seamos honestos, ni para eso servimos, ni siquiera sabemos perder con dignidad. Si no vean el final bochornoso que tuvimos.
Estados Unidos fue el protagonista absoluto. Jugó mejor, estuvo atento a cortar toda acción ofensiva del equipo de Bini y, cuando pudo, aprovechó las oportunidades para anotar. Como debe ser. Como siempre hacen los que sí tienen proyecto, los que sí tienen jugadores, los que sí tienen vergüenza.
Al final, un bochornoso espectáculo de los jugadores guatemaltecos, especialmente de su portero Medrano, quien no solo perdió la vergüenza, sino que mostró habilidades de boxeador que tampoco le dan para mucho. Porque si ni para pelear servimos, imagínate para jugar al fútbol. La próxima vez que un jugador quiera agredir a un rival, al menos que acierte. Pero ni eso. Medrano se fue, su equipo perdió, y el fútbol guatemalteco sumó otro episodio digno del peor reality show.
Eliminados de un torneo que siempre se nos había dado
La selección intentó no naufragar, pero sucumbió frente al mejor equipo del torneo. Y esto no es consuelo, porque daba lo mismo que perdiera contra cualquiera, que de todos modos quedaría eliminado. Un equipo es grande solo cuando gana los partidos que tiene que ganar. Cuando, sin importar el rival, hace lo necesario para obtener la victoria. Pero este equipo Sub 20 no tiene arrestos, ni físicos, ni técnicos para ser grande. Además tiene un entrenador perdedor.
Es un equipo (un fútbol) que solo sabe perder, y lo hace con una rutina que ya cansa.
Una vez más nos quedamos con las ganas de celebrar. Una vez más tenemos que conformarnos con meter un gol y sufrir. Una vez más tenemos que gestionar las derrotas, porque nuestro fútbol no da para más.
Y aquí tampoco vale aquello de «se jugó como nunca y se perdió como siempre». Aquí pasamos a la siguiente ronda de carambola. Así que no, ni se jugó bien, ni se mereció esa clasificación, ni se ganó cuando era imperativo ganar.
Un resumen de esta participación nos deja un sabor amargo. No porque estuvimos a punto de clasificar y no se pudo. Simplemente porque llegamos tan lejos ganando un solo partido y perdiendo el resto de encuentros disputados. Esa es la estadística que duele: un triunfo, cuatro derrotas y una clasificación que no merecíamos. Eso no es fútbol, es una burla.
Y lo peor de todo: este equipo no tiene futuro. Lástima porque sus integrantes apenas tienen 20 años. Pero, seguramente, la estructura del fútbol actual los olvidará pronto. Como olvida a todos. Porque en Guatemala, los jugadores no se forman, se queman. Y cuando se queman, se desechan. Y cuando se desechan, se buscan extranjeros que vengan a hacer lo que los nuestros no pueden. Y lo peor es que los extranjeros tampoco son buenos. Es el ciclo eterno de la mediocridad.
Antigua: el primer eliminado (y no será el último)
El equipo antigüeño sufrió su segunda derrota en el certamen internacional y queda en el sótano de la tabla sin puntos. De local contra el Real Estelí, y no pudo ganar. Patéticos. Pero no, perdón, ellos dicen que jugaron bien. Que dominaron. Que solo les faltó meter la pelota. Que no tienen suerte. Que si es un desastre, pero lo van a intentar en el siguiente partido. Como si el fútbol se tratara de dominar y no de anotar.
La excusa del técnico Tapia es que no contaba con los jugadores de la Sub 20. Pero cuando tuvo a Marvin Ávila en su equipo, casi nunca le dio oportunidad para jugar. Más bien los subutilizó, cuando realmente no valía la pena. Es decir, el técnico no sabe lo que quiere. O sí sabe, pero no sabe cómo lograrlo. O sabe cómo lograrlo, pero no tiene los jugadores. O es un mediocre que no sabe como excusarse. O tiene los jugadores, pero no los usa. Es el síndrome del entrenador guatemalteco, siempre hay una excusa, nunca una solución.
El Real Estelí tiene entre sus filas a Diego Vázquez, un veterano argentino que juega bien a la pelota y hace las cosas que muchos de los extranjeros en el fútbol local no pueden. ¿Por qué los directivos están contratando a jugadores que no juegan nada? Esa es la pregunta del millón. Pero nadie la responde. Porque la respuesta es incómoda: los contratan porque son baratos, o porque son amigos de alguien, o porque llenan un cupo, no porque sean buenos.
El equipo nicaragüense tuvo mejores lapsos de juego, buscó hacer daño sobre el arco defendido por el seleccionado Luis Morán, que ojalá Tena lo excluya de la selección porque cometió cada error en ambos goles que así es imposible ganar. Pero no, Morán seguirá siendo convocado. Porque en Guatemala, los errores no se castigan, se premian con otra convocatoria.
Vergüenza ajena
En el plano de la Copa Centroamericana, el equipo panza verde se fue de bruces y perdió hasta la decencia. En un partido que también tenía que ganar, fue superado en todo momento por el Real Estelí nicaragüense. Esta es la crónica de una muerte anunciada. Se vio que las incorporaciones al equipo verde no funcionan. El esquema del entrenador Tapia ha caducado. Los jugadores de Antigua están fenomenales para jugar en una liga de cuarta división o de veteranos. O para jugar en la liga de los que ya no juegan. Que es, básicamente, la liga guatemalteca.
Por mucho que sus jugadores manifiesten que van a luchar hasta el final, hay que dejar claro que están fuera del torneo. También es falso lo que han dicho en las declaraciones al final del partido, en el sentido de que jugaron mejor que el rival, que tanto contra Alianza como ahora contra los nicas dominaron el encuentro y solo les falta meter la pelota en la portería. Cosa más falsa no existe. Si el partido hubiera durado tres horas más, seguro Real Estelí los hubiera goleado. Antigua ha sido incapaz de anotar en todo el encuentro, así que su dominio es estéril, y sus excusas son inoportunas.
Dominar sin anotar no es dominar. Es hacer el ridículo. Y el ridículo, en el fútbol guatemalteco, se ha convertido en una especialidad.
El fútbol guatemalteco en trapos de cucaracha
Por más que existan patrocinios y las empresas que rodean el fútbol y estén aportando dinero, mientras continúe esa estructura de mediocridad en los equipos, la dirigencia y los entrenadores, de este bendito fútbol chapín no saldrá nada positivo. El dinero no es el problema. El problema es la cabeza que lo maneja. Y la cabeza, en el fútbol guatemalteco, es un desfile de incompetentes.
Mientras los dirigentes sigan viendo el fútbol como un negocio personal, mientras los técnicos sigan siendo los mismos de siempre, mientras los jugadores sigan siendo improvisados, el fútbol guatemalteco seguirá siendo lo que es: un chiste mal contado.
¿Será el Pescado el salvador del fútbol nacional?
El máximo goleador de Guatemala cuestionó a la actual dirigencia de la Federación y dejó abierta la posibilidad de postularse como presidente cuando finalice el actual período. Su pronunciamiento llegó apenas horas después de la eliminación de la Selección Sub-20. Y no sé si esa es oportunismo o fue oportuno.
Lo cierto es que la federación merece un over hall completo. Y no se si el Pescado es el mejor mecánico. El Pescado, que fue un gran jugador, pero tendrá que demostrar que también sabe dirigir. Y también que sabe como ganarle al actual presidente que ya anunció que quiere continuar, hasta que la selección clasifique a un mundial, y vistas las cosas, estará por el resto de la eternidad.
Ana Lucía Morales lo dijo claro: el fútbol no es negocio
Bueno, en realidad dijo que la Federación de Fútbol no es un negocio, porque el fútbol, según Infantino, sí es —más que un deporte, es puro bisnes. Pero en Guatemala, el fútbol es todo menos que un deporte. Si es un negocio. También, es un pasatiempo de millonarios, un refugio de mediocres y un desfile de incompetentes. El fútbol es un negocio redondo, pues con tantas derrotas acumuladas, aun no ha quebrado. Sigue vivo. Como un zombie. Como una enfermedad crónica.
Cierre: el fútbol chapín, un ciclo infinito de fracasos
La Sub 20 se fue, Antigua se fue, y el fútbol guatemalteco sigue aquí. Como una mala costumbre. Como un mal olor que no se va. Las derrotas se acumulan, las excusas se repiten, los dirigentes se perpetúan, y los aficionados sufren. Porque eso es lo único que nos queda: sufrir.
Pero bueno, al menos tenemos al Pescadito Ruiz para soñar. Aunque sea un sueño. Aunque sea una ilusión. Porque en el fútbol guatemalteco, hasta los sueños son efímeros.
Nota final: Esta crónica es un grito de desesperación, un llamado a la indignación y un reconocimiento de que el fútbol guatemalteco está en terapia intensiva. Y el médico de cabecera, como siempre, no aparece. Ojalá algún día, alguien decida tomar el toro por los cuernos. Mientras tanto, seguiremos viendo cómo el fútbol chapín se desangra lentamente.
