Crónicas de un deporte en agonía

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El problema de fondo: no tenemos liga, tenemos un geriátrico con balón

El problema de Guatemala no es que juegue mal. Es que no tiene una liga profesional consistente, desarrollada, capaz de producir verdaderos clubes de fútbol. Los equipos carecen de infraestructura básica: sin estadios dignos, sin afición que les brinde respaldo económico, sin entrenadores que formen jugadores, sin condiciones económicas que reflejen la valía real de cada futbolista. Tenemos jugadores que ni llegan a ser atletas ni se convierten en profesionales, pero que en muchos casos ganan por encima de sus capacidades. Es el milagro guatemalteco: pagar más por menos.

La Liga Mayor y la Primera División se han convertido en una cantera de extranjeros sin talento, mientras los equipos reciclan y alargan la vida de los nacionales veteranos. No es posible que no exista un mediocampista joven que pueda sustituir a uno de los mejores jugadores cremas de las dos últimas décadas. Tyson Núñez jugó hasta pasado los 40 años sin que el equipo encontrara un sustituto joven para ese puesto. A los jugadores jóvenes les dan pocas oportunidades, y cuando llegan a las selecciones en diferentes categorías se encuentran con otros jugadores no nacidos en Guatemala, formados en ligas extranjeras, pero con vínculos de parentesco con el país. Lo que demuestra dos cosas: que nunca formamos jugadores, y que cuando los formamos, los entrenadores no les dan oportunidad. Somos expertos en importar talento porque somos buenos para delegar oportunidades en todos los ámbitos de la vida y fútbol solo refleja el fracaso de nuestra sociedad.


El Doroteo Guamuch Flores no se re- estrena. Los dirigentes sí. Se estrenan cada mes con un cheque nuevo, con un viaje nuevo, con una consultoría nueva, con una comisión nueva. El estadio se cae, pero ellos se levantan. La afición paga, pero ellos cobran. El deporte pierde, pero ellos ganan. Así funciona el fútbol guatemalteco: un negocio redondo para unos pocos, una vergüenza eterna para todos los demás. Y mientras el estadio siga esperando, los dirigentes seguirán forrándose. Con total descaro.


La selección: el mismo equipo de siempre, con los mismos años de siempre

La selección de fútbol inicia su participación oficial con el objetivo puesto en clasificarse para el próximo mundial, a celebrarse en cuatro años en España y Marruecos. Lo hará en dos partidos oficiales, clasificatorios para la Copa Oro: primero frente a El Salvador y luego contra Surinam, los dos equipos que nos ganaron y eliminaron del torneo mundialista pasado. Nada como empezar con los verdugos de la vez anterior.

De la convocatoria se puede hablar poco. Tena no tiene de dónde más escoger. La mayoría de los convocados están por encima de los 27 años y algunos pasan de los 30. Pocos van a llegar a las últimas rondas, si es que se clasifica, y menos aún al mundial, ya como veteranos. Si tuvieran las capacidades, habilidades y consistencia física requeridas para este nivel de competencia, no sería un problema. Pero por lo mostrado hasta ahora, la gran mayoría llegó a su techo y pronto iniciará su etapa de descenso de capacidades. Sin jugadores jóvenes de recambio, poco se podrá lograr. Si la actual camada de la selección fracasó en todo su recorrido, y los procesos sub-20 y sub-17 no muestran señales de renovación, entonces no estamos en nada. Estamos en el mismo lugar de siempre: esperando un milagro que nunca llega.

Ancelotti en Brasil anunció una lista con jugadores nuevos, jóvenes y locales, jugando en el Brasileirao. El nuevo entrenador de la selección argentina —que aún no se anuncia, o se mantiene la continuidad de Scaloni — deberá presentar una lista renovada. Pero ambos entrenadores tienen de dónde echar mano: sus ligas son productoras netas de jugadores, que pronto se marchan a equipos europeos sin que eso afecte la continuidad y calidad de los equipos, ni mucho menos de las selecciones nacionales. En Guatemala, los jugadores nacionales que juegan en el exterior lo logran por sus propios medios, en muchos casos porque fueron formados por equipos extranjeros. Pero casi ninguno juega en ligas importantes. Muchos de los que juegan en Estados Unidos lo hacen en segunda o tercera división. Así tampoco vamos a pasar de entretenernos con los partidos oficiales. Y mientras tanto, la liga local sigue produciendo jugadores que nunca llegan, extranjeros que nunca rinden y entrenadores que nunca renuevan.


Entre bostezo y bostezo: la novena jornada del Apertura 2026

La novena jornada del Apertura 2026 dejó un cambio en la cima de la clasificación. Antigua GFC es el nuevo líder del fútbol guatemalteco después de vencer 3-2 a Suchitepéquez en el estadio Pensativo, y llegó a 21 puntos en ocho partidos, con siete triunfos y una derrota. El conjunto colonial desplazó a Municipal, que ahora ocupa el segundo lugar con 20 puntos en nueve encuentros.

San Pedro se mantiene en el tercer lugar con 17 puntos, después de empatar sin goles. El equipo recién ascendido suma cinco victorias, dos empates y dos derrotas, mientras que Guastatoya es cuarto con 16 unidades. La quinta posición es para Mixco, que llegó a 15 puntos tras imponerse 3-2 sobre Aurora. Marquense es sexto con 13 unidades y Xelajú aparece séptimo con 11, aunque los dos equipos tienen nueve y ocho partidos disputados, respectivamente. La tabla se mueve, pero el fútbol sigue igual: predecible, lento y con la misma falta de ideas de siempre.

En la parte baja, Aurora y Malacateco están empatados con nueve puntos, pero el cuadro aurinegro ocupa el noveno lugar. Comunicaciones bajó al décimo puesto con ocho unidades después de igualar 2-2 contra Cobán Imperial. Las cremas, que alguna vez fueron grandes, hoy son un equipo que pelea por no descender.

El panorama tampoco mejora para los equipos que ocupan los últimos lugares. Cobán Imperial es undécimo con seis puntos, mientras que Suchitepéquez continúa en el sótano con cinco, tras sufrir su sexta derrota del campeonato ante Antigua. La lucha por los primeros lugares sigue abierta, mientras en la parte baja varios equipos buscan reaccionar antes de quedar más rezagados.


El cierre: un fútbol que agoniza mientras todos miramos

La liga sigue su curso, como si nada pasara. Los equipos ganan, pierden, empatan. Los entrenadores hablan de «luchar hasta el final», los jugadores prometen «dejar todo en la cancha», y los dirigentes siguen cobrando sus cheques. Mientras tanto, la selección se prepara para enfrentar a El Salvador y Surinam con la misma lista de siempre, los mismos veteranos, las mismas promesas. Y en las gradas, cada vez menos aficionados se preguntan si vale la pena seguir yendo al estadio.

El fútbol guatemalteco agoniza. Pero no de muerte súbita, sino de una agonía lenta, anunciada, que todos vemos y nadie detiene. Porque en Guatemala, hasta el fútbol se muere de viejo, de cansancio, de falta de ideas y de tanta corrupción. Y lo peor es que ya nadie se sorprende.


Nota final: Esta crónica es una mirada sarcástica y dolorida a la realidad del fútbol guatemalteco. Si no nos reímos, lloramos. Y la verdad, ya estamos cansados de llorar.

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