Crónicas del Mundial 2026: Diagnóstico terminal del «VARgentina» y otros placebos FIFAfa
Todo el mundo miente. Pero la FIFA y el VAR, ni siquiera se molestan en disimular. Simplemente reescriben el reglamento mientras tú estás mirando, y encima te cobran el derecho de admisión por seguir creyendo en el deporte rey y luego inventan una falta para anular un gol legitimo y no recurren al VAR para comprobar una falta penal.
Lamentablemente, en esta crónica no hablaremos de fútbol. El fútbol requiere once personas por bando persiguiendo un balón con un mínimo de dignidad táctica. Lo que acabamos de presenciar entre Argentina y Egipto es digno de un guion escrito por un ejército de conspiratorio y un resentimiento profundo contra la lógica.
Selección de Argentina en esta terminal.
Seamos brutalmente honestos: sin Messi, este equipo no pasa la fase de grupos. De hecho, sin él, el equipo tiene la profundidad táctica de un charco en sequía. No logran hilar dos pases consecutivos sin que el arbitro les otorgue una ventaja. Pero como la maquinaria promocional del fútbol mundial necesita que su best-seller repita título para no desplomar las acciones en Zurich, entra en juego el factor intrusivo. No, no es el VAR. El VAR es solo el títere; el titiritero es la FIFA, que administra los resultados según le convenga al mercado. Y las estadísticas, aunque los ingenuos intenten buscarles lógica, muestran una clara esclerosis institucional a favor de los albicelestes.
Por eso ha cobrado fuerza la teoría del «VARgentina». Una ayuda celestial, porque la terrenal, la del césped, claramente no les alcanza.
Enojo y frustración
Hossam Hassan, técnico de Egipto “Gracias a Dios, fuimos mejores”. Lo que nos pasó no es justo.
“No ha habido un juego limpio, no ha habido respeto. Se desestimó un penalti, que debería haber sido revisado por el VAR, el segundo gol fue anulado sorprendentemente, por algún motivo”
Mostafa Ziko tras la derrota: “El árbitro fue injusto, injusto, injusto. Estuvo contra nosotros desde el primer minuto. Desperdició el esfuerzo de todo un país. El torneo estaba dirigido hacia Argentina. Felicidades a Argentina por el Mundial.”
Mohamed Salah sobre las controvertidas decisiones arbitrales en el partido entre Egipto y Argentina, donde se favorece a Messi y Argentina: “La gente dirá que Argentina mostró la mentalidad de campeones. Bien. Pero dime esto: ¿en qué momento exacto Egipto recibió la misma protección de los árbitros? Marcamos un segundo gol. El estadio explotó. El mundo lo vio. Y de repente el VAR se convirtió en un arqueólogo, excavando entre las ruinas de la historia del fútbol para encontrar una falta de otra vida. Qué gracioso que pudieran rebobinar el partido cinco minutos para anular nuestro gol, pero cuando me derribaron en el área, todos de pronto olvidaron dónde estaba el botón de repetición. Eso es lo que duele. No la derrota. No Argentina. La inconsistencia. Una decisión se examina bajo un microscopio. Otra se entierra bajo la alfombra. Nos dijeron que el fútbol se decide en el campo. Esta noche dio la sensación de que se decidía en una sala de control. Y hablemos de esos minutos finales. Dos penales reclamados. Dos momentos que podrían haber cambiado todo. Nada. Sin revisión. Sin urgencia. Sin explicación. Luego Argentina baja al otro lado y marca el gol ganador. Eso no es un giro argumental. Es el tipo de guion que deja a millones de personas haciéndose preguntas. Egipto luchó por cada brizna de hierba. Defendimos. Creímos. Nos ganamos nuestros momentos. Pero cada vez que escalábamos la montaña, alguien movía la cima. El gol anulado. Los gritos de penal ignorados. Las tarjetas volando alrededor de nuestro banquillo porque personas que dedican sus vidas a este deporte no podían entender lo que estaban presenciando. ¿Y ahora se espera que sonriamos y digamos que ganó el fútbol? No. El fútbol gana cuando las reglas se aplican por igual. El fútbol gana cuando el VAR es un escudo para la justicia, no una espada que aparece solo cuando conviene. Porque desde donde estoy yo, Egipto no solo perdió 3-2. Egipto perdió un gol, perdió dos penales reclamados, perdió la fe en la consistencia y, al final, perdió un lugar en los cuartos de final. Tal vez Argentina merecía avanzar. Tal vez no. Eso es el fútbol. Pero lo que hará enfadar a la gente no es el resultado. Es la sensación de que un equipo se vio obligado a jugar contra once hombres, el reloj y un conjunto de decisiones que parecían cambiar de forma cada vez que el partido lo exigía. Y por eso este partido se recordará mucho después de que la cuenta final sea olvidada.”

Zlatan Ibrahimović: «No entiendo cómo Argentina siempre recibe favoritismo de la FIFA, claramente anularon un gol legal de Egipto y le dieron a Argentina 8 penales en los últimos 12 partidos de la Copa del Mundo, no entiendo por qué los otros países lo están permitiendo».
Colombia vs. Suiza: Taquicardia, pánico y amnesia en los doce pasos
Colombia empujaba, sí, pero no jugaba. Su diagnóstico táctico fue simple: tratar el balón como si fuera una enfermedad de transmisión sexual. Había que deshacerse de él capeando el vendaval suizo y lanzándolo a la grada, donde probablemente causó menos daño que en el campo.
Luego, en el complementario y el alargue, tuvieron su momento de lucidez, pero les faltaba un cerebro. Un hombre de control, un creativo, alguien que supiera que el fútbol también se juega con las neuronas y no solo con los bíceps. Al final, les faltó un buen tirador de penales. Porque si pasas noventa minutos golpeando el balón con la fuerza del pánico, tu motricidad fina colapsa cuando tienes que ponerlo en un ángulo. Suiza, con la frialdad de una plancha de hierro, los derrotó en la tanda de penales. Porque los penales no son fútbol, son ruleta rusa con balón.
Suiza: La próxima víctima del VAR
Suiza ganó su pase. El partido en los 90 minutos fue tan emocionante como una clase de anatomía un domingo por la tarde. Pocas oportunidades, alternancia de momentos de intensidad moderada, y exactamente dos remates a puerta por equipo. Un 0-0 que podría haberse usado como anestesia general.
Ahora, Suiza es el próximo rival. O mejor dicho, la próxima víctima propiciatoria de la «VArgentina». ¿Logrará el queso suizo resistir los agujeros que el guion de la FIFA intenta hacerle? ¿O el VAR volverá a sacar su cepillo de arqueólogo para limpiar el camino hacia la gloria?
Hagan sus apuestas. Pero si me preguntan a mí, yo no apuesto por el equipo que mejor juega. Apuesto por el que tiene el control remoto. Porque al final del día, el fútbol no es el deporte más hermoso del mundo. Es el negocio más hermoso del mundo. Y los negocios no se deciden en el campo, se deciden en la sala de juntas.
Ahora, si me disculpan, me voy a ver un partido de tenis. Al menos ahí, cuando la pelota va fuera, nadie necesita revisar cinco cámaras en slow-motion para fingir que fue dentro. Y si lo hacen, al menos tienen la decencia de cobrarle entrada al espectador por el privilegio de ser estafado.
