Crónicas del Mundial: Marrulleros, sicarios y la falsa garra sudamericana

HMa46Y1W0AA1QkT

Ecos de la derrota y eliminación de Paraguay


Paraguay: y de su conciencia

El entrenador de Paraguay, Alfaro, en conferencia de prensa, justificó el juego de su equipo apelando a la historia de vida de sus jugadores. Dijo que muchos de ellos no han cobrado, que su portero tuvo que vender sus pertenencias por la enfermedad de su hijo, que otros no conocieron a sus padres hasta después de mucho tiempo. Mal por el técnico. No porque esas historias no sean ciertas —son historias de nuestra América colonizada, nuestra América indígena subyugada, explotada y marginada—. Pero reivindicar la lucha de millones de latinoamericanos para salir de la pobreza y la explotación colonial capitalista no justifica que sus jugadores hagan un juego brusco que muchas veces raya en violencia.

El fútbol es político, pero haciendo esas justificaciones se desvirtúa la verdadera lucha. Las pobres luchan para cambiar las condiciones materiales de vida, destruyendo el sistema que oprime, no se resuelven actuando mal contra compañeros de trabajo, contra colegas que se ganan la vida igual que nosotros. Alfaro, el enemigo no es el equipo contrario, ni los jugadores que ganan botines de oro y cobran millones. Ellos también han sido explotados, tienen las mismas historias y los mismos sentimientos. Así que no vengas con excusas tontas. Tu como entrenador ordenaste que actuaran así, que jugaran como marrulleros. Te diste cuenta que después de la derrota inicial contra Estados Unidos, tus jugadores no tenían opciones de nada, si no defendía, sino destruían el juego y de paso si no destruían a los jugadores que enfrentaban.

Tampoco se vale decir que «así se juega en Sudamérica», según el portero paraguayo. Él es un excelente jugador, un extraordinario portero y un pilar presente y a futuro del fútbol mundial. Pero que así jueguen no significa que tengamos que aguantarlos. No pasa por ahí la cosa.


Galarza, el sicario paraguayo (o cómo arruinar una carrera en 90 minutos)

Por donde se vea, el jugador paraguayo Galarza debió recibir por lo menos una tarjeta amarilla y dos rojas. Golpeó sin balón a dos jugadores, justo enfrente del árbitro, pero en ninguna acción se pitó falta ni se amonestó al jugador. Así que, ¿quién puede contratar a un tipo así de ahora en adelante? Porque si quiero, como entrenador, tener un volante de contención que frene el avance adversario pero que tenga la habilidad de correr y diseñar jugadas ofensivas, seguramente no contrataría a Galarza. Pero si quiero tener a un sicario, seguro sería una buena opción.

Galarza juega en Estados Unidos, pero el Atlanta United prescindió de él. Ahora tendría que regresar a River Plate de Argentina, porque ellos poseen la ficha del jugador. Sin embargo, Galarza no entra entre los planes de Coudet. Según el sitio BolaVip, Matías Galarza Fonda no mostró un buen nivel en River y lo dio en préstamo a Atlanta United. En otras palabras, este jugador tuvo todo para ser considerado en los mejores clubes del mundo. Podría haberse mostrado adecuadamente, jugar al fútbol simplemente, pero prefirió ser un marrullero más. Quizás por indicaciones de su técnico, pero al final hay un límite hasta dónde quieras llegar. Y lo que hizo no eran faltas, fueron agresiones directas. Así que, en lugar de mostrar la calidad de futbolista que se supone es, prefirió mostrar su lado más oscuro de asesino serial de contrarios y colegas futbolistas.


La prensa internacional no se anda con rodeos

The Athletic, la sección deportiva del diario The New York Times, dijo sobre Alfaro que llegó enfrentándose a Francia buscando lo peor. Provocaciones, intimidaciones, simulaciones… ponle el nombre que quieras: Paraguay fue culpable de todo. Excepto en los ojos del árbitro, que parece haber olvidado que su principal trabajo es hacer prevalecer las leyes del juego. Pero fue más allá y centró su crítica en Matías, el matón Galarza, que «hizo amonestar a Michael Olise por una dramática actuación en el segundo tiempo, tirándose al piso, sosteniéndose la cara y girando en el pasto como un pescado sofocándose en un barco». Y cerró diciendo: «Paraguay no tuvo vergüenza alguna, quiso ganar a toda costa y terminó perdiendo a toda costa».

El diario español Marca fue más incisivo. Advirtió que comenzó con «codazo, otra vez sin balón de por medio, a Koundé, otro recado a Mbappé en el córner y encontronazo con Olise que acabó con ‘flopping’ de un Galarza y amarilla para el francés». Y terminaron con «esta pequeña ‘enajenación’ mental de Galarza ni siquiera acabó con el pitido final. Ya que, al terminar el choque, se fue a buscar a los jugadores franceses que festejaban el triunfo y el pase a los cuartos de final».

La prensa internacional, al menos, tiene claro lo que pasó. El árbitro, en cambio, parece que estaba viendo otro partido. O quizás estaba distraído pensando en el VAR.


Uruguay y Paraguay: la misma historia, el mismo final

Lo mismo sucedió con Uruguay. Canobbio, el recordado matador uruguayo, que sí vio la tarjeta roja porque su falta fue tan obvia como las agresiones que cometió Galarza. Pero ambos equipos perdieron. Fueron eliminados porque tuvieron argumentos para tener un mejor Mundial y prefirieron recurrir a las armas más socorridas del fútbol marrullero, aferrándose al relato sobre la garra guaraní y el así se juega en Sudamérica.

El problema no es la garra. La garra es coraje, es lucha, es no rendirse. El problema es cuando la garra se convierte en violencia, en trampa, en antijuego. Y entonces, la garra deja de ser garra y se convierte en excusa. La excusa de los que no tienen talento para ganar limpiamente.


Ventaja de los jugadores chapines (si algún día clasifican)

Si alguna vez en esta vida la selección de Guatemala clasifica a un Mundial y se juega con las temperaturas que se están disputando los partidos en esta Copa del Mundo, tendríamos una ventaja muy grande, dado que nuestros jugadores están acostumbrados a esos calores. O no me van a decir que en Zacapa, Reu, Suchi, La Mesilla y otros lugares calientes de nuestro país se juega a las 11 de la mañana.

Claro, falta que clasifiquemos. Y que no nos eliminen en la fase de grupos. Y que no nos toque un árbitro ciego. Y que el VAR no se invente un fuera de juego. Pero, si todo eso pasa, los chapines tendremos nuestra venganza climática. El calor, al menos, no tendrá compasión con los europeos.


Cierre: el fútbol como espejo de la hipocresía (otra vez)

Paraguay se fue con su juego sucio y su falsa garra. Uruguay se fue con su violencia y su relato vacío. Ambos equipos tuvieron la oportunidad de hacer historia y prefirieron hacer escándalo. El fútbol, como la vida, no perdona a los que confunden la lucha con la trampa.

Mientras tanto, Francia sigue adelante. Marruecos ya espera en cuartos. Y nosotros, los chapines, soñamos con un Mundial donde el calor nos dé la ventaja que el talento aún no nos ha dado.

Facebook comentarios