Crónicas del Mundial United 2026: El Mundial del B(V)AR

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(O cómo la FIFA decide quién sigue y quién no, con la ayuda de unos cuantos píxeles de más)


Croacia-Portugal: el VAR define, la FIFA sonríe y Modric se jubila

Intenso e impredecible, así fue el Croacia-Portugal, hasta que el VAR definió el partido. Porque en este Mundial, los partidos no los terminan los jugadores, los terminan los señores de la sala de video, esos que, sentados cómodamente frente a una pantalla, deciden el destino de aficiones enteras con un solo clic.

Luka Modric se ha despedido de la manera más injusta posible. El mítico jugador dijo adiós por una decisión administrativa y no deportiva. La derrota de su equipo, en tiempo extra, contra Portugal, le permitió a Cristiano Ronaldo continuar en el torneo. Es decir, el fútbol perdió, el marketing ganó.

Más que reseñar uno de los partidos más intensos del torneo, es necesario remarcar que acciones al margen del fútbol determinaron el resultado final. En este encuentro se anularon tres goles —uno al propio Cristiano Ronaldo, y dos de Croacia, uno de ellos en el tiempo de compensación que habría mandado el duelo a los penales. Tres goles anulados. En un solo partido. ¿Casualidad? ¿Mala suerte? ¿O simple y llana manipulación?

El arbitraje favoreció a Portugal con un penal exagerado y el VAR cobró un offside tecnológico —de esos que solo se ven con lupa y paciencia de burócrata. Así que el partido se convirtió en un proceso viciado.

No sé si podremos decir esto, y si nuestro enviado especial podrá ingresar a los partidos de cuartos de final, pero consideramos desde aquí, que debemos decir siempre la verdad. La FIFA está utilizando el VAR para eliminar a los indeseados y preservar a sus favoritos. El VAR, ese invento que iba a traer justicia, se ha convertido en el brazo ejecutor de los intereses de la FIFA. Algo así como el pacto de corruptos utilizó a la Consuelo.


El VAR: el nuevo Ministerio Público de Consuelo Porras

El VAR está promoviendo estrellas, equipos y eliminando indeseados. Empezó con Irán, siguió con Senegal, y ahora fue contra Croacia. Parece el Ministerio Público de Consuelo Porras: a sus amiguetes les dejan pasar todo, mientras que al resto les aplican otro barómetro para medir. Legal, sí. Injusto, también.

Para el equipo croata, el arbitraje les tendió una trampa. El diario croata Sportske Novosti lo expresó con claridad:

«Nos dispararon en el pie y el arbitraje nos tendió una trampa. Todo se decidió en nuestra contra. Este partido será recordado, pero por las razones equivocadas.»

Se puede decir que Luka Modric tiene más talento que Cristiano Ronaldo y más historia que muchos otros futbolistas. Pero en el tema del marketing y el negocio, el portugués tiene el respaldo mayor. Cristiano vende camisetas, genera titulares y mueve masas. Modric, en cambio, solo juega bien al fútbol. Y en el mundo de la FIFA, eso no es suficiente.


El Mundial geriátrico: la tercera edad también juega

Luka Modric recibió la autorización del IGSS sobre su jubilación. Ese podría ser el titular, si no existiera el VAR

Pero, ese bicho raro llamado VAR lo hizo de la peor manera posible: con un gol anulado, por esos que se pasan decidiendo quién sigue y quién no a última hora. El genial mediocampista croata, a su edad, tendrá que aceptar la jubilación que le propone el tiempo en su participación en un Mundial. Y claro, fue la peor despedida que a los de FIFA se les pudo ocurrir.

El otro señor de la tercera edad que seguirá en competición es Cristiano Ronaldo. Porque en el fútbol moderno, la edad solo importa cuando el marketing lo decide. Si eres mediático, eres eterno. Si eres talentoso pero discreto, eres viejo.


El Mundial de los veteranos: la experiencia no siempre es un grado

Este Mundial no está descubriendo jugadores jóvenes; más bien, reivindica a jugadores consagrados, ya veteranos. Cristiano Ronaldo es el más veterano, tiene 41 años. Con 40 están el portero mexicano Guillermo Ochoa, el centrocampista croata Luka Modrić, el delantero bosnio Edin Džeko, el portero alemán Manuel Neuer y el portero caboverdiano Vozinha. Le sigue Messi, que con 38 ya parece un adolescente al lado de estos señores.

El fútbol moderno, señores, es un deporte de veteranos. Los jóvenes están en el banquillo, esperando que los veteranos se jubilen. Pero los veteranos no se jubilan porque la FIFA necesita nombres que vendan. Y los nombres que venden son los que tienen trayectoria, no los que tienen futuro.


España encontró otro Yamal (y ya lo están inflando)

Ahora ya no se habla de Lamine Yamal. Ahora es Mikel Oyarzabal, a quien la prensa española ha elevado a estrella y goleadora del equipo rojo. Como si España necesitara un nuevo mesías cada dos partidos.

Contra Austria jugaron el mejor partido de esta Copa. Pero era Austria. El partido fue de dominio completo de los españoles. Pero, siempre hay un pero cuando se trata de una candidata a ganar la Copa del Mundo. Y este pero sigue siendo el mismo: con esas mejoras en el juego, ¿le alcanzará a España para derrotar a equipos más fuertes y consistentes en este Mundial?

El mismo Luis de la Fuente utiliza el pero como precaución, quizás como conocedor de lo que vendrá de aquí en adelante.

«Hicimos un grandísimo partido, casi la perfección, pero hay que seguir mejorando. En cada partido va a ser más complicado, más exigente. Ya solo van a quedar 16 equipos, y nuestra mentalidad siempre es mejorar. Este equipo lo demanda, es la grandeza de estos jugadores, que siempre quieren más y más.»

España avanza, pero como todo equipo español, lo hace con la duda de si será suficiente. Porque en el fútbol, como en la vida, nunca se sabe si el pero es una precaución o una profecía.


Cierre: el fútbol como espejo del poder

Croacia se va. Modric se jubila. Portugal sigue. El VAR decide. La FIFA sonríe. Y nosotros, como siempre, mirando desde la tribuna (si nos dejan entrar)

El fútbol moderno no es un deporte. Es un negocio. Y en los negocios, como en el fútbol, no importa el talento, importa el rendimiento. Y el rendimiento, en este Mundial, lo define el VAR.


Nota final: Esta crónica es una mirada irónica al Mundial, sus contradicciones y sus miserias. Si el fútbol es el espejo de la sociedad, este Mundial refleja un mundo donde el dinero, el poder y la hipocresía deciden el juego. Y los sueños, como los balones, a veces entran, a veces no. Pero siempre hay alguien dispuesto a cobrar por el espectáculo. Y, en el caso del VAR, alguien dispuesto a decidir quién se queda y quién se va.

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